Actualizados el jueves 6/SEP/18

CATECISMO PARA NIÑOS

Hablar del Cielo y del Infierno a los niños. 

Si la Santísima Virgen de Fátima mostró el Infierno a los tres pastorcitos, que eran solo unos niños, entonces nosotros, como catequistas y formadores de los niños, debemos también hablar de ello.

Y no creamos que los niños no nos van a entender, sino todo lo contrario.

Si Dios promete premios si somos buenos, y castigos si somos malos; entonces nosotros también debemos proceder así con los niños y hablarles de que hay un premio para los niños buenos, y un castigo para los malos. Que siempre hay tiempo para arrepentirse del mal que se hace y volverse buenos, para ir al Cielo y evitar el Infierno.

Tenemos que decirles a los niños que su oración es escuchada especialmente por el Señor, que ama tanto a los niños, e invitarlos a que recen, y rezar con ellos, prometiéndoles que con sus oraciones ayudarán a salvar a otros niños, a sus familiares y a los que ellos más quieren.

También hay que formar en los pequeños el espíritu de sacrificio, porque si se les dan todos los gustos desde chicos, después tendremos hombres delincuentes o drogadictos, que no saben negarse a sí mismos ni vencer un deseo.

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."