Actualizados el sábado 10/MAR/18

CATECISMO PARA NIÑOS

El mal no viene de Dios. 

Hay una cuestión clave que se le debe explicar a los niños y también a los adultos, y es que el mal, todo el Mal, no viene de Dios. Porque Dios es el Bien, es la Bondad infinita, y nada malo puede venir de Él. Todo el mal que hay en el mundo, viene del demonio, viene de Satanás, causa de todo el mal.

Expliquémosles a los niños que las cosas malas que suceden en el mundo no las quiere Dios, pero a veces las permite porque Él, que es Todopoderoso, sabe sacar un bien de todo el mal que hace el diablo.

Hagamos que los pequeños confíen en el Padre del Cielo, diciéndoles que Él es todo bondad y que no quiere que nos pase nada malo, y que para que el diablo no nos haga daño, tenemos que rezarle mucho a Dios y decirle con nuestras palabras que lo amamos, y entonces Dios cuidará mucho de nosotros, y estaremos a salvo del Maligno.

Es bueno que de esta verdad estemos primero convencidos los adultos, ya que a veces creemos que es de Dios que nos vienen los males, siendo que Dios no puede querer el mal ni hacer el mal.

 

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."