Actualizado el viernes 21/SEP/18

Conociendo a Jesucristo

Jesús, el que llama. 

Jesús es el que llama. Primero de todo nos ha llamado a la existencia, porque de la nada ha querido sacarnos a nosotros y crearnos con un alma inmortal, y desde el momento en que fuimos creados por el Verbo de Dios, Jesucristo, ya no dejaremos de existir por los siglos de los siglos.

También Jesús nos ha llamado a la vida cristiana a través del bautismo. Por el bautismo hemos entrado como por una puerta en el corral de las ovejas, es decir, en la Iglesia Católica. Y si estamos en la Iglesia es porque Cristo nos ha llamado a Ella.

Jesús también llama a seguirlo en una forma u otra, ya sea a la vida consagrada, al sacerdocio, al matrimonio o a la vocación propia de cada uno, según el Señor dispuso desde toda eternidad.

Pero Jesucristo sigue llamándonos constantemente, en cada acción, a cada momento de nuestra vida seguimos oyendo la voz del Maestro que nos llama. En cada obra del día tenemos que elegir el bien o el mal, seguir la voz de Jesús que nos llama o, por el contrario, ir tras el Seductor, el demonio, que quiere nuestra perdición eterna.

Y Jesús nos llamará a su presencia el último día de nuestra vida, cuando nos llegue la muerte, y compareceremos ante Él para ser juzgados según haya sido nuestro obrar.

Cristo Rey nos llamará, por fin, el último día. En el Juicio Final oiremos la voz de Jesús que nos llama a la resurrección de los cuerpos para ser juzgados ante todo el universo.

Y ojalá oigamos el último llamado de Jesús cuando nos diga: “Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc.”. Entonces nuestra alegría será perfecta y seremos felices por los siglos de los siglos junto a Jesús en el Cielo.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!