Actualizado el sábado 22/ABR/17

Conociendo a Jesucristo

El Corazón de Jesús 

Cuando un hombre es bueno decimos: “¡Qué hombre de buen corazón que es!”.

Y entonces ¿qué podemos decir de Jesucristo, que es la Bondad infinita?, ¿qué podemos decir de su Corazón?

Si como nos ha dicho el Señor en el Evangelio: “De la abundancia del corazón habla la boca”, podemos comprender la bondad del Corazón de Jesús por las bellísimas palabras que pronunció, por el poder que salía de ellas.

También nos ha dicho Jesús en su Evangelio que las obras salen del corazón, como también los deseos, tanto en el mal como en el bien. Y si vemos cuáles son las obras y deseos que salieron y salen del Corazón de Jesús, entonces comprobaremos el abismo de bondad que hay en ese Corazón.

El Corazón de Jesucristo es el Tesoro más grande del universo, porque en Él está Dios mismo reconciliando al mundo consigo.

¡Qué milagro sería si pudiéramos ver ese divino Corazón, si pudiéramos estudiarlo y conocerlo! Pues bien, podemos hacer esto y mucho más, podemos comer el Corazón de Jesús, porque ese divino Corazón está en la Eucaristía, es la Eucaristía. Por lo tanto no conoceremos bien a Jesús si no comulgamos. Y lo conoceremos cada vez mejor, cuantas más veces comulguemos debidamente.

Pensemos en estas cosas y no dejemos ni un solo día sin recibir la Sagrada Comunión, porque es el Corazón de Jesús que se nos entrega para que lo adoremos y lo conozcamos y nos salvemos, puesto que la Vida eterna es conocer a Dios Padre y a su Enviado Jesucristo.

¡Alabado sea Jesucristo!

Si desea recibir estos textos por correo electrónico, por favor SUSCRÍBASE AQUÍ.

Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!