Actualizado el sábado 22/ABR/17

De pecadores a santos

Grandes pecadores. 

Así como quien está llamado a un destino elevado, si cae, cae muy bajo. Así también quien está muy bajo, en el fondo del abismo del pecado, si quiere puede subir a lo más alto de la santidad, abriéndose a la Misericordia de Dios, y llegar así a ser un grandísimo santo.

Por eso no hay que despreciar a nadie por pecador que sea, porque se puede convertir y nos puede dejar atrás en el camino de la perfección.

Como dice el Apóstol San Pablo: “El que esté de pie, cuide de no caer”. Porque a veces ya vivimos sin cometer pecados graves y más o menos santamente, y acostumbrados a esta gracia nos parece que es por mérito propio, sin recordar que este estado es también una gracia de la Misericordia divina, que si nos dejara de su mano, caeríamos en los más graves desórdenes y pecados.

Así es que el Señor nos manda no juzgar a nadie, porque no sabemos cuántos auxilios ha recibido ese que vemos muy pecador, y que si hubiera recibido todos los dones, gracias y auxilios que recibimos nosotros en nuestra vida, seguramente sería mucho más santo que nosotros ahora.

Ninguno se considere perdido hasta que no esté ya en el Infierno, porque la Misericordia de Dios es infinita, y cuanta mayor miseria encuentra para quemar en un alma, tanto más obra prodigios de gracias; y de un montón de podredumbre, puede hacer un santo que será la admiración del Cielo y de la tierra.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.