Actualizado el lunes 4/DIC/17

De pecadores a santos

Preservados. 

Jesús ha venido a la tierra por los pecadores. ¿Entonces los que no cometieron pecados graves durante su vida, están excluidos del amor de Jesús? Nada de eso. Todo lo contrario. Pues quien en la vida no ha cometido pecados graves, se lo debe a Jesús, que no ha permitido que los cometiera, puesto que nadie puede permanecer sin pecar, sin una especial ayuda de lo alto.

Así que la perseverancia en el bien es una clara demostración del amor de Dios al hombre. Porque si bien Dios demuestra amor cuando levanta a un pecador del fango en que ha caído; mucho más amor demuestra cuando impide que caiga en el fango.

Así amó la Santísima Virgen a Dios, puesto que Ella no tuvo pecado, porque Dios la preservó y la salvó antes de que Ella pudiera pecar.

Así que, tanto que seamos pecadores o que seamos justos, debemos estar agradecidos a Dios, porque nos ama, y nos ha salvado, antes o después, por su infinito amor.

Es lógico que nosotros demostremos amor a quien nos ha amado primero, a Dios, y en realidad todo se reduce al amor. Porque la santidad no es otra cosa que amar con todas las fuerzas a Dios en Sí mismo y en el prójimo.

Hagamos todo con amor, porque Dios espera sólo eso de nosotros. Y ya sea que hayamos pecado o que seamos puros, demos gracias a Dios porque todo es don suyo, regalo de su amor por nosotros.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.