(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el sábado 13/MAY/17

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,
"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario

Dios nos da gusto.  

74 Desde el momento cuando una fuerza misteriosa empezó a apremiarme a que solicitara aquella Fiesta y a que fuera pintada la imagen, no puedo lograr la paz.  Algo me satura por completo y, sin embargo, me invade el temor de si solo es una ilusión.  Estas dudas siempre venían de fuera, porque en el fondo de mi alma sentía que era el Señor quien traspasaba mi alma.  El confesor con quien me confesaba entonces me decía que existían casos de ilusiones, y yo sentía que aquel confesor parecía tener miedo de confesarme.  Era para mí un tormento.  Al haberme dado cuenta de que tenía poco apoyo por parte de los hombres, me refugie aun más en el Señor Jesús, en el mejor Maestro.  En algún momento, cuando me invadió la duda de si la voz que oía era del Señor, me dirigí a Jesús en un coloquio interior, sin pronunciar una palabra.  De repente alguna fuerza penetro mi alma, dije:  Si Tu eres verdaderamente mi Dios que estas en comunión conmigo y me hablas, Te pido, Señor, que esa alumna [64] se confiese hoy mismo y esa señal me fortalecerá.  En ese mismo instante aquella muchacha pidió la confesión. 

75 La Madre de la clase, sorprendida de su cambio repentino, no tardó en buscar a un sacerdote y esa persona se confeso muy arrepentida.  De inmediato oí en mi alma la siguiente voz:  ¿Me crees ahora?  Otra vez una fuerza extraña llenó mi alma, me reforzó y me fortaleció hasta tal punto que yo misma me asombré de haber podido dudar por un momento.  Sin embargo estas dudas siempre venían de fuera y eso me llevó a encerrarme aun más en mi misma.  Al sentir durante la confesión la incertidumbre del confesor, no descubro mi alma a fondo sino que solamente me acuso de mis pecados.  Si el sacerdote mismo no tiene serenidad, no la da a otras almas. 

Oh sacerdotes, cirios encendidos que alumbran las almas, que su claridad no oscurezca jamás.  Comprendí que no era la voluntad de Dios que descubriera entonces el fondo de mi alma.  Dios me concedió esta gracia mas tarde. 

Comentario: 

Sor Faustina le pide una prueba al Señor de que era Él el que le hablaba, y el Señor no tarda en cumplirle el pedido: esa alumna pide la confesión. Y Dios es Bueno y nos da gusto en todo lo que Él ve que será un adelantamiento para nuestra alma. Muchas veces tendremos que pasar por períodos de oscuridades y de perplejidades, pero en el momento oportuno recibiremos alguna luz de lo alto o una tregua que nos dará ánimos para seguir en el combate. A veces estamos tan felices que creemos que ya no vendrán sobre nosotros más tribulaciones. Pero un tiempo después, tal vez al poco rato, ya estamos sufriendo otra vez alguna tribulación. Por eso ¡paciencia! y ¡confianza en Jesús y en María! y ¡adelante, que el Cielo nos espera y vale la pena!

Jesús, en Vos confío.

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