(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el domingo 23/SEP/18

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,
"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario

Soportar todo por Jesús.   

87 Cuando iba con las alumnas [67] de la huerta a cenar, eran las seis menos diez, vi. al Señor Jesús encima de nuestra capilla bajo la misma apariencia que tenía cuando lo había visto por primera vez.  Tal y como está pintado en esta imagen.  Esos dos rayos que salían del Corazón de Jesús, envolvieron nuestra capilla y la enfermería y después toda la ciudad y se extendieron sobre el mundo entero.  Eso duro quizás unos cuatro minutos y desapareció.  Una de las jovencitas que estaba junto a mí, un poco detrás de las otras, también vio esos rayos, pero no vio a Jesús ni vio de donde esos rayos salían.  Quedo muy impresionada y [lo] contó a otras muchachas.  Las muchachas empezaron a reírse de ella, [diciendo] que fue una alucinación o tal vez la luz de un aeroplano, pero ella se obstinaba fuertemente en su opinión y decía que nunca en su vida había visto tales rayos.  Cuando las jovencitas le reprochaban que a lo mejor era un reflector, ella contesto que conocía la luz del reflector.  Rayos como aquellos nunca los había visto.  Después de la cena esa muchacha se dirigió a mí y me dijo que esos rayos la habían impresionado tanto que no conseguía calmarse; habría hablado continuamente de ello, sin embargo no vio al Señor Jesús.  Y me recordaba esos rayos sin cesar poniéndome así en cierta dificultad, dado que no le podía decir que había visto al Señor Jesús.  Oré por esa querida alma pidiendo que el Señor le concediera las gracias que ella tanto necesitaba.  Mi corazón se alegró porque Jesús Mismo se hace conocer en su obra.  Aunque por ese motivo tuve grandes disgustos, no obstante por Jesús se puede soportar todo. 

Comentario: 

Quedémonos con la siguiente afirmación de Sor Faustina: “Por Jesús se puede soportar todo”. Y he aquí el secreto de la santidad y de los Santos: el amor a Jesús. Ellos hacían todo por amor a Dios y el amor los movilizaba para hacer cualquier obra, desde la más grande, como fundar congregaciones, hasta las más sencillas acciones de todos los días. Y nosotros debemos seguir su ejemplo, ya que el amor a Jesús y a María nos debe motivar para hacer todo. ¿Qué no hace una madre por sus hijos? ¿Por qué? Porque los ama. Así que el amor es el gran motor que nos llevará a las cumbres de la santidad. Y cuando más lo poseamos, más poseeremos a Dios, pues Dios es Amor y Misericordia.

Jesús, en Vos confío.

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