Actualizado el jueves 30/MAR/17

Dios es bueno y nos ama

Perdón. 

Si Dios Padre ha enviado a su Hijo Único a la cruz para perdonarnos y así salvarnos, no podemos ahora dudar de su amor y su perdón hacia nosotros, puesto que Dios es Dios y no cambia.

Dios, cuando más demuestra su divinidad, es justamente en el perdón de los pecados, pues sólo Él puede perdonarlos.

Entonces si cometemos un pecado, no estemos lamentándonos y entristeciéndonos, sino arrojemos todas nuestras miserias al horno ardiente de la Misericordia de Dios, para obtener el Perdón y vivir felices, sabiendo que Dios destruye el pecado cuando le pedimos perdón con arrepentimiento.

¡Qué bueno que es Dios! Pero el demonio, envidioso de nosotros y con odio a Dios, nos pone en la mente la idea de que Dios es malo y castigador, siendo que Dios sólo castiga cuando se ve obligado a ello, y que siempre sus castigos no son por maldad sino movidos por bondad y amor, y para el bien de la criatura, pues es mejor ser reprendidos en este mundo, que serlo para siempre en el Infierno.

Es lógico que cuando pecamos, enseguida venga el demonio y nos diga: “¡Mira lo que hiciste!”, “¡Siempre igual, no cambias nunca, eres un desagradecido!”, etc., todas ideas que tratarán de llevarnos al desaliento y a la desconfianza en el amor de Dios y en su perdón.

No le demos el gusto al diablo y en lugar de lamentarnos, arrojémonos a los brazos de Dios con un acto de sincero amor, como el niño que confía en que su padre es bueno y no lo castigará por sus travesuras que ha cometido y de las cuales está arrepentido sinceramente.

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En esta sección creada el 11 de Julio de 2011, memoria de San Benito abad, iremos meditando sobre la bondad de Dios y el amor que Él tiene hacia nosotros. Porque no hay nada que ayude más en la vida espiritual que el sabernos amados por Dios en todas las circunstancias, confiando en que Él es la Bondad infinita y que de Él no puede venirnos nunca ningún mal.