Actualizado el miércoles 14/MAR/18

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 85.

 

El experto y bravo capitán, D. Juan de Lazaga, se sentía gozoso después de seis días de deshecha borrasca, viendo desaparecer en derredor suyo buques menos afortunados, mientras él capeaba los vientos y se defendía como se defienden los héroes de los mares aguantándose hasta perder la vida asidos a la última astilla de la nave. Pero aún le quedaba un recurso, aún tenía alientos para respirar, para exhalar un tierno y profundo suspiro y articular con él el dulcísimo nombre de María:

“¡Madre mía del Carmen, valednos!”

Con ese suspiro y ese nombre fue envuelto un voto que llegó hasta el cielo. Lo acogió María e inflamó en un instante los corazones de todos sus compañeros, de aquellos hombres curtidos por las brisas de todos los mares que, adivinando el pensamiento, gritaron todos a una:

“¡Virgen bendita del Carmen, salvadnos que perecemos!”

Esto sucedía durante los días del 6 al 12 de septiembre de 1854. Más de quinientas personas sufrieron el horroroso temporal y huracán de seis días a bordo de un navío que contaba los cien años de surcar los mares. Treinta y un días más tardaron en arribar o tomar puerto, casi anegados y en riesgo inminente de ser absorbidos a cada instante por las olas.

Se salvó el buque y se salvaron todos los hombres, sin que faltara uno solo.

– “Fue la Virgen bendita del Carmen, nuestra Reina Marinera, quien nos salvó en aquel inminente peligro en que estuvimos a punto de perecer”.

Así proclamaba, llorando como un niño, el capitán y todos sus marineros, cuando ante el santo Obispo Antonio María Claret, fueron a rendir fervientes acciones de gracias a la Madre bendita del Carmen, en la iglesia Metropolitana de Santiago de Cuba, el día 26 de octubre de 1854, ante un público enardecido por la emoción, que no cesaba de aclamar y bendecir a la Virgen del Carmen.

 

Ejemplo 86.

 

En su larga carrera apostólica el P. Milleriot se halló con un alma terriblemente amargada por los reveses de la vida. Falta de aliento y de valor, esta desgraciada mujer llegó al borde de la desesperación. Viéndola sin aliento ni consuelo, el P. Milleriot le impuso el santo Escapulario; pero ella, como no llegara de pronto el consuelo que esperaba, intentó suicidarse. Súpolo el Padre, y saliéndole al encuentro, le suplicó le prometiera que no se quitaría el santo Escapulario. Y como ella se lo jurara, dijo el Padre, lleno de satisfacción:

–“Ya te he tomado. Podrás intentar matarte; pero no te morirás”.

Así fue, porque dos veces se arrojó al Sena y, con no saber nadar, no se hundió ninguna de ellas. Convirtióse después, porque su vida empecatada le traía aquella desesperación, y al fin murió cristianamente.

 

Ejemplo 87.

 

Un joven marinero, natural de Salamanca y domiciliado en la calle de Fontana número seis, fue el agraciado con la protección misericordiosa de la Virgen Santísima del Carmen, manifestada a través de su Santo Escapulario.

En 1948 se impuso el santo Escapulario en el Carmen de Abajo, de Salamanca. El P. Manuel Ibáñez, al imponérselo, le dijo:

-“Sé siempre muy devoto de la Santísima Virgen del Carmen. Ya sabes que es patrona especial de los marineros. Si te pasara algo, procura asirte con todo fervor a este áncora del Escapulario, e invoca con gran fe a nuestra Madre del Carmen, que Ella te salvará”.

Y así fue. A los cinco días ya estaba nuestro marino en aguas de Cádiz y a bordo del “Artabro”. La mar estaba revuelta y con fuerte marejada. Era, además, de noche y noche cerrada. El joven marinero tiene la desgracia de caer desde cubierta al agua, en uno de los fuertes vaivenes de la embarcación.

Lucha con denuedo contra el oleaje embravecido. Forcejea por hacerse ver u oír del resto de la dotación. Todo en vano. En medio de su angustioso y mortal peligro, sólo una cosa le infunde confianza en su salvación: el Escapulario que ha pocos días que lleva.

Aclama insistentemente a la Virgen y besa con encendida y esperanzada fe su Escapulario, que de vez en vez lleva el oleaje y el viento hasta sus labios. Lleva diez horas luchando con el mar.

Por fin, tras una lucha más que titánica contra los elementos, logra arribar a tierra, lanzado por una ola gigante, que él diría la impulsaba y dirigía la diestra de la Virgen Santísima para salvarle.

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