Actualizado el lunes 21/MAY/18

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 88.

 

Daniel de la Virgen María (+1678), nos refiere que en el lugar llamado Roberto, a tres millas de Trento, el río Lenno creció tantísimo por efecto de las lluvias torrenciales, que venía desbordado y haciendo muchísimos estragos, que era una espantosa ruina para toda la comarca.

Viendo los vecinos ser insuficientes todos los medios naturales para conjurar tamaño peligro y precaverse de aquella inevitable ruina, acudieron al Señor, haciendo constantes rogativas, mas no por eso decrecían las aguas ni cesaba el  caudal del río de hacer cada vez más estragos; no acertando con el medio por el cual Dios Nuestro Señor deseaba darles la paz y el consuelo.

Mas he aquí que, acudiendo con reiteradas súplicas a la oración los religiosos del convento carmelita de Roberto, dignóse la Virgen inspirárselo.

El Prior de dicho convento, P. Jerónimo de Dóminis, tomó el Escapulario, lo bendijo solemnemente en la iglesia en presencia de todo el pueblo y, seguidamente, marchó en procesión con toda la comunidad a las márgenes del río.

Allí, seguido de una inmensa multitud de fieles, hizo una fervorosa oración a Dios y a su bendita Madre, pidiéndole se dignase manifestar en tan inminente peligro su valiosísima protección, ya que había dicho a su siervo San Simón “ser su bendito Escapulario señal de salud en los peligros”, y que por su virtud se sirviera refrenar las corrientes impetuosas de aquel río desbordado.

Dicho esto, con vivísima fe, arrojó al agua el bendito Escapulario. Y, ¡oh prodigio!, apenas tocó el agua el celestial vestido de María, notóse al punto que las enfrenó y las puso a raya, pues todos advirtieron con estupor y asombro que se fueron sensible y paulatinamente recogiendo y estrechando hasta quedar reducidas al cauce normal y natural del río.

 

Ejemplo 89.

 

El sacerdote Don Vicente Vela, Vicario coronel castrense de la Marina, testigo presencial, relata este suceso: Era el año 1943. Con otros buques de la Escuadra Española se hallaba fondeado en El Ferrol uno de los destructores tipo “Alsedo”. El comandante del destructor supo que el maquinista suboficial del buque se encontraba en el Hospital de Marina en gravísimo estado, y sin pérdida de tiempo, voló al hospital para visitarle y consolarle.

El comandante pregunta a la religiosa sobre el estado espiritual del doliente:

–“A juzgar por la imagen de la Virgen de la Caridad que se cuelga sobre su pecho –responde la Hermana- parece creyente, pero... se negó rotundamente a confesar”.

El comandante -creyente a machamartillo y, por añadidura, portador del Santo Escapulario desde su infancia-, llevado de celo cristiano ejemplar, le dio a besar el crucifijo, que el enfermo besó más por acatamiento y respeto a su jefe que por veneración y afecto a Cristo Crucificado.

Le invitó a que se reconciliara con Dios, oponiéndose rotundamente. Le insistió con alientos paternales, pero todo fue inútil.

Desvanecida toda esperanza, y ante la fatigosa respiración del enfermo, el comandante, atribulado, se retiró a orar por él, no sin dejarle puesto un Escapulario del Carmen sobre su pecho.

Minutos después volvió el comandante, temiendo el desenlace fatal, y al largarle el último cabo ante el náufrago que se avecinaba, el maquinista impenitente pidió confesión.

El Santo Escapulario le dio alientos para las postreras palabras; terminada su Confesión, con profundas muestras de sincero arrepentimiento, murió plácidamente, mientras el Padre capellán le encomendaba el alma.

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