Actualizado el lunes 14/AGO/17

Enseñanzas del Papa

PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo 6 de agosto de 2017

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo, la liturgia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. La página evangélica de hoy cuenta que los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron testigos de este suceso extraordinario. Jesús les tomó consigo «y los lleva aparte, a un monte alto» (Mateo 17, 1) y, mientras rezaba, su rostro cambió de aspecto, brillando como el sol, y sus ropas se convirtieron en cándidas como la luz. Aparecieron entonces Moisés y Elías, y empezaron a hablar con Él. En ese momento, Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es que estemos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías» (v. 4). Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió.

El evento de la Transfiguración del Señor nos ofrece un mensaje de esperanza —así seremos nosotros, con Él—: nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de los hermanos.

La ascensión de los discípulos al monte Tabor nos induce a reflexionar sobre la importancia de separarse de las cosas mundanas, para cumplir un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Se trata de ponernos a la escucha atenta y orante del Cristo, el Hijo amado del Padre, buscando momentos de oración que permiten la acogida dócil y alegre de la Palabra de Dios. En esta ascensión espiritual, en esta separación de las cosas mundanas, estamos llamados a redescubrir el silencio pacificador y regenerador de la meditación del Evangelio, de la lectura de la Biblia, que conduce hacia una meta rica de belleza, de esplendor y de alegría. Y cuando nosotros nos ponemos así, con la Biblia en la mano, en silencio, comenzamos a escuchar esta belleza interior, esta alegría que genera la Palabra de Dios en nosotros. En esta perspectiva, el tiempo estivo es momento providencial para acrecentar nuestro esfuerzo de búsqueda y de encuentro con el Señor. En este periodo, los estudiantes están libres de compromisos escolares y muchas familias se van de vacaciones; es importante que en el periodo de descanso y desconexión de las ocupaciones cotidianas, se puedan restaurar las fuerzas del cuerpo y del espíritu, profundizando el camino espiritual.

Al finalizar la experiencia maravillosa de la Transfiguración, los discípulos bajaron del monte (cf v. 9) con ojos y corazón transfigurados por el encuentro con el Señor. Es el recorrido que podemos hacer también nosotros. El redescubrimiento cada vez más vivo de Jesús no es fin en sí mismo, pero nos lleva a «bajar del monte», cargados con la fuerza del Espíritu divino, para decidir nuevos pasos de conversión y para testimoniar constantemente la caridad, como ley de vida cotidiana. Transformados por la presencia de Cristo y del ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quien sufre, para los que se encuentran en soledad y abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en distintas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia. En la Transfiguración se oye la voz del Padre celeste que dice: «Este es mi hijo amado, ¡escuchadle!» (v. 5). Miremos a María, la Virgen de la escucha, siempre preparada a acoger y custodiar en el corazón cada palabra del Hijo divino (cf. Lucas 1, 51). Quiera nuestra Madre y Madre de Dios ayudarnos a entrar en sintonía con la Palabra de Dios, para que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida. A Ella encomendamos las vacaciones de todos, para que sean serenas y provechosas, pero sobre todo el verano de los que no pueden tener vacaciones porque se lo impide la edad, por motivos de salud o de trabajo, las limitaciones económicas u otros problemas, para que aun así sea un tiempo de distensión, animado por las amistades y momentos felices.

 

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Palabras de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

"Vendrá pronto un tiempo en el que sólo el que esté con el Papa logrará permanecer en la fe de mi Hijo y salvarse de la gran apostasía que se habrá esparcido por doquier". (1 de noviembre de 1973)

"Hoy, cuando la oscuridad desciende sobre todas las cosas y el error se propaga cada vez más en la Iglesia, debéis orientar a todos a la fuente de la que Jesús hace brotar sus palabras de verdad: el Evangelio confiado a la Iglesia jerárquica, a saber, al Papa y a los Obispos a Él unidos.

No a cada Sacerdote aisladamente, no a cada Obispo aisladamente; sino sólo a los Sacerdotes y a los Obispos unidos con el Papa.

Hoy hiere mucho y aflige a mi Corazón de Madre de la Iglesia el escándalo, aún de los Obispos, que no obedecen al Vicario de mi Hijo y arrastran a un gran número de mis pobres hijos por el camino del error.

Por eso hoy debéis proclamar a todos con vuestra palabra que Jesús sólo a Pedro ha constituido fundamento de su Iglesia y custodio infalible de la Verdad.

Hoy el que no está con el Papa no logrará permanecer en la Verdad.

Las seducciones del Maligno han llegado a ser tan insidiosas y peligrosas, que logran engañar a cualquiera.

Pueden caer incluso los buenos.

Pueden caer también los maestros y sabios.

Pueden caer los Sacerdotes y hasta los Obispos.

No caerán jamás los que estén siempre con el Papa.

He ahí por qué quiero hacer de vosotros un ejército ordenado, atento, obediente y dócil también a los deseos de este mi primer hijo predilecto, del Vicario de mi Hijo Jesús".  (7 de agosto de 1976)

 

"Soy vuestra Capitana. Por eso vosotros, hijos míos predilectos, debéis escuchar mi Voz, volveos dóciles a mis enseñanzas; sobre todo, debéis estar prontos y obedientes a mis órdenes.

Quiero hacer de vosotros hijos que quieran y que sepan obedecer siempre.

La obediencia y la docilidad: he aquí la divisa con la que quiero revestiros.

Mis órdenes las daré a través de la voz de aquél a quien mi Hijo puso para regir su Iglesia: el Papa con la Jerarquía a Él unida.

¡Cuán herido y dolorido se siente hoy mi Corazón de Madre al ver que Sacerdotes y hasta Obispos no obedecen ya las órdenes del Vicario de mi Hijo Jesús!

Todo reino en sí dividido está destinado a la derrota y la ruina.

Estos pobres hijos míos que no obedecen, que se rebelan, son ya víctimas de la forma más sutil e insidiosa de la soberbia y caminan hacia la muerte.

¡De qué manera Satanás, mi adversario desde el principio, logra ya engañaros y seduciros!

Os hace sentiros custodios de la tradición y defensores de la fe, mientras vosotros mismos sois los primeros a quienes hace naufragar en la fe y os lleva inadvertidamente al error.

Os insinúa el que el Papa traiciona la Verdad y así Satanás destruye el fundamento sobre el que la Iglesia se sostiene y por el que la Verdad se mantiene íntegra a través de los siglos.

Os hace incluso pensar que Yo misma no comparto su modo de actuar, y, así, en mi nombre, se propagan críticas acerbas contra la persona y la obra del Santo Padre.

Sacerdotes, hijos de mi maternal predilección: sed prudentes, estad atentos, vivid iluminados, porque las tinieblas están invadiéndolo todo.

¿Cómo la Madre puede criticar públicamente las decisiones del Santo Padre, cuando Él Solo tiene la gracia especial para el ejercicio de este excelso ministerio?

Fui silencio a la Voz de mi Hijo; fui silencio a la Voz de los Apóstoles. Soy ahora amoroso silencio a la Voz del Papa: para que ésta se propague cada vez más, para que sea por todos escuchada, para que sea siempre acogida por las almas.

Por eso estoy siempre cerca de la persona de este mi primer hijo predilecto, del Vicario de mi Hijo Jesús.

Con mi silencio le ayudo a hablar.

Con mi silencio doy fuerza a su misma palabra.

¡Volved, volved, hijos míos Sacerdotes, al amor, a la obediencia, a la comunión con el Papa!

Sólo así podréis pertenecer a mi ejército del que soy Reina y Capitana.

Sólo así podréis escuchar mis órdenes, que Yo daré con la misma voz del Papa.

Sólo así podréis combatir Conmigo para la victoria segura; de lo contrario, vais ya por el camino de la derrota.

Si vosotros, hijos predilectos, os consagráis a mi Corazón Inmaculado y os entregáis completamente a Mí, Yo os recubriré con mi misma luz y seréis siempre iluminados.

Os revestiré con mi misma docilidad interior y seréis siempre obedientes; os haré así instrumentos aptos para mi batalla y veréis al final mi real victoria.” (22 de agosto de 1976).

 

"La interior división se manifiesta también en el modo con que se tiende a dejar solo, casi en el abandono, al mismo Vicario de Jesús, al Papa, que es el hijo particularmente amado e iluminado por Mí.

Mi Corazón de Madre es herido cuando ve cómo frecuentemente el silencio y el vacío de mis hijos rodean la palabra y la acción del Santo Padre, mientras es atacado y obstaculizado cada vez más por sus adversarios.

A causa de esta división interior su mismo ministerio no está lo suficientemente sostenido y propagado por toda la Iglesia, que Jesús ha querido unida en torno al Sucesor de Pedro.

Mi Corazón maternal sufre cuando ve que incluso algunos Pastores rehúsan dejarse guiar por su palabra luminosa y segura.

El primer modo de separarse del Papa es el de la rebelión abierta. Pero hay también otro modo más encubierto y más peligroso. Es proclamarse exteriormente unidos a Él, pero disintiendo interiormente de Él, dejando caer en el vacío su magisterio y haciendo, en la práctica, lo contrario de cuanto Él indica". (11 de febrero de 1979)

 

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