Actualizado el sábado 10/MAR/18

Formación católica

El Rosario nos forma.

Un medio excelente de formación cristiana es el rezo diario del Santo Rosario. Porque el Rosario nos va formando en la escuela de Jesucristo y de María, y vamos aprendiendo de Ellos cómo vivir nuestra propia vida, y cómo hacer frente a cada situación de nuestro vivir cotidiano.

Por algo la Santísima Virgen nos pide, en cada aparición, que recemos el Rosario todos los días, e incluso que recemos varios Rosarios por día, pues Ella bien sabe que esta oración celestial nos forma espiritualmente y hasta intelectualmente, pues a través de ella la Sabiduría de Dios fluye a nuestra alma, y el Espíritu Santo nos va enseñando a saborear las verdades eternas.

No podremos llegar nunca a sabios si despreciamos el rezo del Rosario. Seremos eruditos, pero nunca sabios, porque la Sabiduría de Dios gusta comunicarse a los sencillos, y nada nos da más sencillez que el rezo frecuente del Santo Rosario.

Siempre que aprendamos cosas nuevas de nuestra fe, que ello no nos sirva para envanecernos sino para aprovecharlo en nuestro trato con Dios, porque si lo conocemos más, tanto mejor le amaremos y lo daremos mejor a conocer a otros.

El Rosario es el medio que el Cielo nos da para que seamos doctores en el conocimiento de Dios.

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.