Actualizado el sábado 5/AGO/17

Formación católica

Sabio o erudito.

Erudito es el que sabe muchas cosas. En cambio el sabio es el que sabe las cosas necesarias para vivir de acuerdo a lo que Dios quiere.

En nuestra formación debemos buscar la sabiduría, recordando que Dios es simple, y los sencillos son quienes mejor entienden a Dios y sus cosas.

También tenemos que ser puros, porque la impureza obnubila la mente y esconde las verdades espirituales.

Recordemos a quiénes se manifestó el Señor en Belén, a unos simples y sencillos pastores. Y siempre el Señor se manifiesta con predilección a los sencillos y a veces a los menos dotados de inteligencia.

Porque muchas veces la inteligencia puede jugarnos una mala pasada. Recordemos que el más inteligente de los ángeles, se convirtió en demonio horripilante por soberbia, por creerse superior a Dios.

El mucho saber hincha. Por eso tenemos que aprender cosas, pero llevándolas a la práctica y no despegarnos de los pies del Sagrario, en donde reside el Rey del Cielo, que nos sabe dosificar nuestros saberes para que los vivamos y practiquemos.

Y pidamos a María, Madre de la Sabiduría, que nos explique las verdades eternas. Y esto lo conseguiremos si rezamos todos los días el Rosario, que es una escuela que nos enseña muchas cosas, pero a los sencillos, porque a los soberbios, que no lo rezan o lo desprecian, no les puede enseñar nada.

 

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.