Actualizado el martes 17/OCT/17

Formación católica

Evangelio y vida.

Con el Santo Evangelio y la vida que vivimos, ya tenemos una gran riqueza para llegar a ser sabios, porque en el Evangelio hay respuestas para todo, ya que es Palabra de Dios, inspirada por Dios, para todos los tiempos, razas y lenguas.

Quien desprecia el Evangelio, desprecia a Dios mismo. Por eso en nuestra formación católica debemos poner en primer lugar el Evangelio, porque a través de Él el Verbo de Dios nos habla, nos habla Dios mismo. Y cada vez que lo leamos encontraremos nuevas aplicaciones a nuestra vida y a las circunstancias que nos toquen vivir a nosotros y a nuestros seres queridos, como también a los acontecimientos que vive el mundo.

Dios es simple y por eso ha querido darnos como guía el Evangelio que es simple y a la vez de una riqueza infinita, que sólo siendo Dios podremos comprender completamente. Pero en la medida en que dejemos al Espíritu Santo que nos lo explique, y recibamos dócilmente las enseñanzas que nos transmite la Iglesia católica para su interpretación sana, entonces iremos creciendo en sabiduría y tendremos respuestas para todo, y nuestros enemigos no tendrán forma de rebatirnos, porque Satanás odia la Palabra de Dios, y con Ella podemos enfrentar cualquier enemigo, visible o invisible.

Tengamos amor por el Santo Evangelio y leámoslo de corrido, cada día al menos un capítulo o más, y veremos muy pronto los admirables frutos de esta práctica, porque en cada hecho de nuestra vida encontraremos la enseñanza justa para nosotros y para los demás.

 

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.