Actualizado el jueves 17/MAY/18

Formación católica

La añadidura.

El Señor ya nos ha dicho que primero busquemos el Reino de Dios y su justicia, y que todo lo demás se nos dará por añadidura.

Por eso el católico bien formado no es un ser que piense solamente en el Cielo y se desentienda del orden temporal, sino que pensando en el Cielo y trabajando por la salvación de las almas, también interviene en la vida social y temporal del mundo, para hacer de ella una antesala del Paraíso.

Así que un católico es el mejor hombre para todas las cosas, tanto para lo sobrenatural, como para lo terrenal, porque entiende bien que ambos estados se complementan y trabajar por lo material y temporal, ayuda a alcanzar los bienes espirituales.

Porque Cristo debe reinar también en las sociedades y en todas las actividades de los católicos. ¡Ay del católico que es católico sólo en su vida privada, pero que en la vida pública piensa y actúa como un pagano!

Claro que debemos saber que si en este mundo queremos ser fieles a Cristo en todo, tendremos enemigos y persecuciones, porque el mundo es de Satanás y él no quiere que Cristo reine en la tierra, y por eso suscitará toda clase de contratiempos y adversidades contra nosotros. Pero ¡qué más da! ¿No ha dicho Cristo que quien quiera salvar su vida en este mundo, perderá la vida eterna? ¿Y qué esperamos para lanzarnos a la batalla, sin respetos humanos y diciendo la verdad a todos y en todas partes?

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.