Actualizado el viernes 10/NOV/17

Imitación de Cristo

Tomás de Kempis

LIBRO CUARTO 

Amonestaciones para recibir la sagrada Comunión del cuerpo de Jesucristo nuestro Señor 

CAPÍTULO VIII 

Del ofrecimiento de Cristo en la cruz, y de la propia renunciación 

Así como yo me ofrecía  mí mismo por tus pecados a Dios Padre, de mi voluntad, extendidas las manos en la cruz, desnudo el cuerpo, en tanto que no me quedaba cosa que todo no pasase en sacrificio para aplacar al Padre, así debes tú, cuanto más entrañablemente puedas ofrecerte a ti mismo de toda voluntad a mí en sacrificio puro y santo cada día en la misa con todas tus fuerzas y deseos.

¿Qué otra cosa quiero de ti, sino que estudies de renunciarte del todo en mí? Cualquiera cosa que me das sin ti, no me curo de ello, porque no quiero tu don, sino a ti.

Así como no te bastarían a ti todas las cosas sin mí, así no me puede agradar a mí cuanto me ofreces sin ti. Ofrécete a mí y date todo por mí y será muy acepto tu sacrificio. Ya ves cómo yo me ofrecí todo al Padre por ti, y también di todo mi cuerpo y sangre en manjar por ser todo tuyo y que tú quedases todo mío; mas si te estás en ti mismo y no te ofreces muy de gana a mi voluntad, no es cumplida ofrenda, ni será entre nosotros entera unión.

Por eso, ante todas tus obras, haz ofrecimiento voluntario de ti mismo en mis manos si quieres alcanzar libertad y gracia. Por eso hay tan pocos alumbrados y libres de dentro, porque no saben negarse del todo a sí mismos.

Ésta es mi firme sentencia, que no puede ser mi discípulo el que no renunciare todas las cosas. Por eso, si tú deseas ser mi discípulo, ofrécete a ti mismo con todos tus deseos.

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