Actualizado el domingo 25/MAR/18

Imitación de Cristo

Tomás de Kempis

LIBRO CUARTO 

Amonestaciones para recibir la sagrada Comunión del cuerpo de Jesucristo nuestro Señor 

CAPÍTULO X 

Que no se debe dejar ligeramente la sagrada comunión 

Muy a menudo debes recurrir a la fuente de la gracia y de la divina misericordia, a la fuente de la bondad y de toda limpieza; porque puede ser curado de tus pasiones y vicios, y merezcas ser hecho más fuerte y más despierto contra todas las tentaciones y engaños del diablo.

El enemigo, sabiendo el grandísimo fruto y remedio que está en la sagrada comunión, trabaja por todas las vías que él puede de estorbarla a los fieles y devotos cristianos; porque luego que algunos se disponen a la sagrada comunión, padecen peores tentaciones de Satanás, que antes; porque el espíritu maligno (según se escribe en Job) viene entre los hijos de Dios para turbarlos con su acostumbrada malicia, o para hacerlos muy temerosos y dudosos, porque así disminuya su afecto, o acosándolos les quita la confianza, para que, de esta manera, o dejen del todo la comunión, o lleguen a ella tibios y sin fervor.

Mas no debemos curar de sus astucias y fantasías, por más torpes y espantosas que sean; mas quebrarlas todas en su cabeza y procurar de despreciar al desventurado y burlar de él; no se debe dejar la sagrada comunión por todas las malicias y turbaciones que levantare.

Muchas veces también estorba para alcanzar devoción la demasiada ansia de tenerla y la gran congoja de confesarse. Por eso haz en esto lo que aconsejan los sabios, y deja el ansia y escrúpulo, porque estas cosas impiden la gracia de Dios y destruyen la devoción del ánima.

No dejes la sagrada comunión por alguna pequeña tribulación o pesadumbre, mas confiésate luego y perdona de buena voluntad las ofensas que te han hecho; y si tú has ofendido a alguno, pídele perdón con humildad, y así Dios te perdonará.

¿Qué aprovecha dilatar mucho la confesión o la sagrada comunión? Alímpiate en el principio, escupe presto la ponzoña, toma de presto el remedio y hallarte has mejor que si mucho tiempo dilatares.

Si hoy lo dejas por alguna ocasión, mañana te puede acaecer otra mayor, y así te estorbarás mucho tiempo y estarás más inhábil. Por eso, lo más presto que pudieres sacude la pereza y pesadumbre: que no hace al caso estar largo tiempo con cuidado envuelto en turbaciones y, por los estorbos cotidianos, apartarse de las cosas divinas.

Antes daña mucho dilatar la comunión largo tiempo: porque es causa de estarse el hombre ocupado en grave torpeza. ¡Ay dolor de algunos tibios y desordenados, que dilatan muy de grado la confesión y desean alargar la sagrada comunión por no ser obligados a guardarse con mayor cuidado! ¡Oh cuán poca caridad, oh cuán flaca devoción tienen los que tan fácilmente dejan la sagrada comunión!

¡Cuán bienaventurado es y cuán agradable a Dios el que vive tan bien, y con tanta puridad guarda su conciencia, que cada día está aparejado a comulgar, deseoso de hacerlo si así le conviniese y no fuese notado! Si alguno se abstiene algunas veces por humildad, o por alguna causa legítima, de loar es por la reverencia; mas si poco a poco le entrare la tibieza, debe despertarse y hacer lo que en sí es, y nuestro Señor ayudará a su deseo por la buena voluntad, la cual él mira especialmente.

Mas cuando fuere legítimamente impedido, tenga siempre buena voluntad y devota intención de comulgar, y así no carecerá del fruto del sacramento. Porque todo hombre devoto puede comulgar cada día y cada hora espiritualmente; mas en ciertos días, en el tiempo ordenado, debe recibir el sacramento del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo con amorosa reverencia.

Y más se debe mover a ello por loor y honra de Dios que por buscar su propia consolación. Porque tantas veces comulga secretamente y es recreado invisiblemente cuantas se acuerda devotamente del misterio de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo y de su preciosísima pasión, y se enciende en su amor. Mas el que no se apareja en otro tiempo sino para la fiesta, o cuando lo fuerza la costumbre, muchas veces se hallará mal aparejado.

Bienaventurado el que se ofrece a Dios en entero sacrificio cuantas veces celebra o comulga. No seas muy prolijo ni acelerado en celebrar, mas guarda una buena manera y confórmate con los de tu conversación; no los enojes, mas sigue la vida común según la orden de los mayores; y más debes mirar el aprovechamiento de los otros que tu propia devoción y deseo.

Lea o descargue el libro completo en Word