Actualizado el viernes 29/DIC/17

Imitación de Cristo

Tomás de Kempis

LIBRO CUARTO 

Amonestaciones para recibir la sagrada Comunión del cuerpo de Jesucristo nuestro Señor 

CAPÍTULO IX 

Que debemos ofrecernos a Dios con todas nuestras cosas y rogarle por todos 

Señor, tuyo es todo lo que está en el cielo y en la tierra, y yo deseo ofrecerme a ti de mi voluntad y quedar tuyo para siempre. Señor, con sencillo corazón me ofrezco hoy a ti por siervo perpetuo en servicio y sacrificio de perpetuo loor. Recíbeme con este santo sacrificio de tu preciosísimo cuerpo que te ofrezco hoy en presencia de los ángeles que están presentes invisiblemente. Y ruégote, Señor, que sea para salud mía y de todo el pueblo.

Señor, ofrézcote todos mis pecados y delitos, cuantos yo cometí delante de ti y de tus ángeles desde el día que comencé a pecar hasta hoy; todos los pongo sobre tu altar, que amansa tu ira, para que tú, Señor, los enciendas todos juntamente, y los quemes con el fuego de tu caridad, y quites todas las mancillas de mis pecados, y alimpies mi conciencia de todo pecado, y me restituyas la gracia que yo perdí pecando, perdonándome plenariamente y levantándome por tu bondad al beso santo de la paz.

¿Qué puedo hacer por mis pecados, sino confesarlos humildemente, llorando y rogando a tu misericordia sin cesar? Ruégote que me oigas con misericordia aquí donde estoy delante de ti. Todos mis pecados me descontentan muy mucho, y no quiero más cometerlos; pésame de ellos, y cuanto yo viviere me pesará, aparejado a hacer penitencia y satisfacción con todo mi poder. ¡Oh Dios!, perdona, perdona mis pecados por tu santo nombre, salva mi ánima que redimiste por tu sangre preciosa. Vesme aquí, Señor, yo me pongo en tu misericordia, yo me renuncio en tus manos: haz conmigo según tu bondad y no según mi malicia.

También te ofrezco, Señor, todos mis bienes, aunque son muy pocos e imperfectos, para que tú los enmiendes y santifiques, y los hagas agradables a ti y aceptes, y traigas siempre a perfección, y a mí, hombrecillo inútil y perezoso, lleves a bienaventurado y loable fin.

Y también te ofrezco todos los santos deseos de los devotos y todas las necesidades de mis padres y hermanos, amigos y parientes, y de todos mis conocidos, y de todos cuantos han hecho bien a mí y a otros por tu amor, y de todos los que desearon y pidieron que yo orase, o dijese misa por ellos y por todos los suyos, vivos o difuntos, porque todos sientan el favor de tu gracia y de tu consolación y defensión; y, librados de todo mal, sean muy alegres y te den por todo altísimas gracias.

También te ofrezco estas oraciones y sacrificios agradables, especialmente por los que en algo me han dañado, enojado, o vituperado, y por todos los que yo alguna vez enojé, turbé, agravié y escandalicé por obra, o de palabra, por ignorancia, o a sabiendas.

Porque tú, Señor, nos perdones a todos juntamente nuestros pecados y las ofensas que hacemos unos a otros. Aparta, Señor, de nuestros corazones toda sospecha, todo deseo de venganza, ira y contienda, y toda cosa que pueda estorbar la caridad y disminuir el amor del prójimo.

Señor, ten misericordia y piedad de los que te la demandan. Da tu gracia a los necesitados, y haz que seamos tales que seamos dignos de gozar de tu gracia y que aprovechemos para la vida eterna.

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