Actualizado el lunes 22/MAY/17

La infancia espiritual

Corazón tierno 

Una de las cosas que más aprecia Dios en los niños y en los que son como ellos, es la ternura de su corazón. Entonces, si queremos agradar a Dios, tengamos un corazón de carne y no de piedra, capaz de compadecerse del hermano que sufre y de tenderle una mano. Porque el niño que ve sufrir a alguien, enseguida quiere ayudarlo y a veces hasta se pone a llorar por el mal del otro. Nosotros también debemos compadecernos del mal ajeno, y en lo posible tratar de ayudar. ¡Qué maravillosos son los niños buenos, que no miden cuando dan y no esperan nada a cambio! ¡Qué corazón dulce y tierno tienen los niños!, son la delicia de Dios. Tengamos también nosotros un corazón semejante a ellos. ¿Que el mundo se burlará de nosotros? No importa, basta que Dios esté feliz de descansar en nuestro corazón. ¿Que los hombres pisotearán nuestra bondad? Es posible, pero la obra o el acto que realicemos tendrá recompensa de Dios, y el Cielo será nuestra morada para siempre, y recordemos que a ese lugar solo entran los niños y los que son como niños, y nadie más. Tratemos de recordar el buen corazón que teníamos cuando éramos niños y actuemos ahora de la misma forma con los hermanos y con Dios.

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En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños." (Mt 11, 25)

En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: "Yo les aseguro: si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos." (Mt 18, 1-4)

Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orara; pero los discípulos les reprendían. Mas Jesús les dijo: "Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos." (Mt 19, 13-14)


Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

24 de julio de 1974

Mi triunfo y el de mis hijos.

“Camina en la simplicidad. Yo te llevo de la mano y tú sígueme siempre. Déjate conducir por Mí; déjate alimentar por Mí, déjate mecer por Mí: como un niñito en mis brazos.

Puesto que Satanás hoy ha engañado a la mayor parte de la humanidad con la soberbia, con el espíritu de rebelión a Dios, ahora sólo con la humildad y con la pequeñez es posible encontrar y ver al Señor.

Causada por la rebelión contra Dios, por este orgullo que sólo proviene de Satanás, es la oleada de la negación de Dios, del ateísmo que amenaza verdaderamente con seducir a gran parte de la humanidad.

Este espíritu de soberbia y de rebelión ha contaminado también a una parte de mi Iglesia. Engañados y seducidos por Satanás, aun aquellos que deberían ser luz para los demás, ahora no son más que sombras que caminan en la obscuridad de la duda, de la incertidumbre, de la falta de fe.

Ya dudan de todo. ¡Pobres hijos míos, cuanto más ustedes busquen solos y con sus propias fuerzas la luz, tanto más caerán en la obscuridad!

Hoy es necesario volver a la simplicidad, a la humildad, a la confianza de los pequeños, para ver a Dios. Para lo cual Yo misma me estoy preparando este escuadrón: mis Sacerdotes, a quienes haré cada vez más pequeños para que puedan ser colmados de la luz y del amor de Dios.

Humildes, pequeños, abandonados y confiados, todos se dejarán conducir por Mí. Su débil voz tendrá un día el clamor de un huracán, y uniéndose al grito de victoria de los Ángeles, hará resonar en todo el mundo el potente grito: “¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios?”

Será entonces la definitiva derrota de los soberbios y el triunfo mío y de mis pequeños hijos.”