Actualizado el sábado 11/AGO/18

Interpretación del Apocalipsis

Rubbio (Vicenza), 8 de diciembre de 1987

Fiesta de la Inmaculada Concepción

No os dejéis engañar

“Mi candor de cielo desciende hoy sobre vosotros y quiere envolver el mundo entero.

Caminad en mi Luz si queréis alcanzar la paz.

La luz de la gracia divina, de la pureza, de la santidad, de la oración, de una cada vez más perfecta caridad, debe penetrar en vuestra existencia, hijos consagrados a mi Corazón Inmaculado.

Vivís los tiempos dolorosos del castigo.

Vivís la tenebrosa hora de la victoria de mi Adversario, que es el Príncipe de la noche.

Vivís los momentos más difíciles de la purificación.

Os invito, pues, a refugiaros dentro de la segura morada de mi Corazón Inmaculado y a dejaros envolver por el manto celeste de mi purísima Luz.

Caminad por la senda, que en estos años os he trazado, para convertiros hoy en los instrumentos de mi paz.

No os dejéis engañar.

La paz no vendrá al mundo por los encuentros de los que vosotros llamáis “los grandes” de la tierra, ni de sus recíprocos pactos.

La paz sólo puede llegar a vosotros por el retorno de la humanidad a su Dios, por medio de la conversión, a la cual en este día de mi fiesta, os llamo de nuevo por medio de la oración, del ayuno y de la penitencia.

De lo contrario, en el momento en que se grite por todos paz y seguridad, caerá repentinamente sobre vosotros el cataclismo.

Por esto os pido que secundéis mis urgentes llamadas a caminar por la senda del bien, del amor, de la oración, de la mortificación de los sentidos, del desprecio del mundo y de vosotros mismos.

Hoy acojo con gozo vuestro homenaje de amor, lo asocio al canto de gloria del Paraíso, a las invocaciones de las almas que se purifican, al coro de alabanza de la Iglesia militante y peregrina, os invito a vivir en la confianza y en una gran esperanza de mi cercana y extraordinaria intervención.” 

Comentario: 

Y aquí es bueno traer a la memoria una frase de San Juan Bosco, que dice: “Quien no vive en paz con Dios, no puede tener paz consigo mismo ni con los demás.” Porque efectivamente la paz nace de un corazón en gracia de Dios. Si una persona vive en pecado mortal, entonces no tendrá paz en su interior, y será causa de discordia en su derredor.

También las Naciones que se han alejado de Dios, no pueden tener paz, y por eso serán causa de guerras y revoluciones sangrientas en el mundo.

Si queremos trabajar por la paz, tenemos que trabajar por la conversión de la humanidad, comenzando a convertirnos nosotros mismos, porque no podemos invitar a los demás a que sean buenos y que cumplan los Diez Mandamientos, si nosotros mismos no los cumplimos.

La guerra es un mal que hay que evitar. Pero ello no se hará con las reuniones de presidentes y gobernantes, que por un lado hablan de paz, pero por el otro lado fabrican enormes cantidades de armas de destrucción masiva.

La paz sólo puede venir al mundo por medio de la vuelta a Dios de la humanidad. Y es aquí el momento de recordar aquellas palabras amorosas de Nuestro Señor Jesucristo que fueron dirigidas a Santa Faustina Kowalska, para lograr la paz mundial y personal:

"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia." (Diario #300)

"Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz." (Diario #1074)

"Hija Mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado.  A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan.  Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz." (Diario #1541)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.