Actualizado el lunes 24/JUL/17

Interpretación del Apocalipsis

Detroit (Illinois), U.S.A., 7 de junio de 1987

Pentecostés: Inicio solemne del Año Mariano

¡Ven, Señor Jesús!

“Mis predilectos e hijos a Mí consagrados, hoy venís todos al seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Éste es el Cenáculo que la Madre ha preparado en estos tiempos para la Iglesia, su hija predilecta.

Toda la Iglesia debe entrar ahora en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado: deben entrar todos los Obispos, los Sacerdotes, los Religiosos y los Fieles.

En el Cenáculo de Jerusalén, sobre los Apóstoles, reunidos en oración Conmigo, descendió el Espíritu Santo, y se obró el milagro del primer Pentecostés.

Así, en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado, cuando toda la Iglesia haya entrado en él, acontecerá el gran prodigio del segundo Pentecostés.

Será un fuego divino de purificación y de santificación, que renovará toda la faz de la tierra.

Mis tiempos han llegado.

Por esto, el Papa, mi primer hijo predilecto, abre hoy un Año Mariano Extraordinario en mi honor.

Pido que toda la Iglesia se recoja en oración Conmigo, Madre de la intercesión y de la reparación.

Quiero que todos los adheridos a mi Movimiento crezcan en el compromiso personal de consagración, porque mi Corazón Inmaculado debe ser cada vez más glorificado por vosotros.

Por esto os pido que multipliquéis por doquier vuestros Cenáculos de oración y de fraternidad, y conduzcáis al mayor número posible de mis hijos a la consagración a mi Corazón Inmaculado.

En este año se iniciarán ya algunos de los acontecimientos que os he predicho, como signo de mi cercano triunfo.

Preparaos con espíritu de humildad, de confianza y de gran esperanza.

Abrid las puertas de vuestros corazones para recibir el gran Don que el Padre y el Hijo harán descender sobre vosotros.

El Espíritu del Señor llenará la tierra y cambiará el mundo.

El Espíritu del Señor renovará con su fuego divino a toda la Iglesia y la conducirá a la perfección de la santidad y de su esplendor.

El Espíritu del Señor transformará los corazones y las almas de los hombres, y les hará valientes testigos de su Amor divino. El Espíritu del Señor preparará la humanidad a recibir el Reino glorioso de Cristo, para que el Padre sea amado y glorificado por todos.

Por esto hoy, os invito a comenzar, con amor y en oración, este año extraordinario dedicado a vuestra Madre Celeste.

Yo os obtengo el Don del Espíritu Santo.

Yo os conduzco por el camino de la piedad y del amor.

Yo os recojo en el Cenáculo de mi Corazón, en un acto de oración incesante.

Os reúne de todas las partes del mundo porque ha llegado la hora de mi triunfo.

Ha llegado la hora que desde hace ya tantos años os he predicho. Por esto, mi acción se hará, de ahora en adelante más fuerte, y más extraordinaria y mayormente advertida por todos.

Recogeos en mi Corazón Inmaculado para que vuestras voces se puedan unir a la mía en una continua oración.

Yo soy la Aurora que surge para anunciar la llegada del sol luminoso de Cristo.

Recibid con gozo mi anuncio, y en este Año Mariano, uníos todos a vuestra Madre Celeste, repitiendo su perenne invocación que siempre dirige a su Esposo divino: “¡Ven, Señor Jesús!” 

Comentario: 

Éste es un mensaje de esperanza que nos da nuestra Madre, la Santísima Virgen, pues nos dice en él que se acerca la venida del Reino de Dios a la tierra, que coincidirá con el triunfo de su Inmaculado Corazón en el mundo.

Y si bien la Iglesia y la humanidad tendrán que pasar momentos muy graves de sufrimiento y abandono, ello no será el fin sino más bien el principio, o mejor aún, el paso a una nueva era de paz y de alegría, donde en la tierra se hará la Voluntad de Dios así como en el Cielo.

Pensando en estas verdades tan alentadoras, levantemos la mirada de este mundo que nos quiere sumergir en la tristeza y el desaliento, pues vemos que el mal triunfa en todas partes.

Y ésta es una táctica del demonio, que con su triste reinado que está llegando a su fin, nos quiere desalentar, para que bajemos los brazos y, sobre todo, para que dejemos de rezar y de hacer apostolado.

¡No le hagamos caso y veamos, con los ojos de la fe, más allá de lo aparente! Porque también el Sábado Santo, para muchos, Cristo había fracasado, y estaba todo perdido. Pero no fue así, sino que estaba empezando la victoria. Así también ahora parece que Cristo y la Iglesia están derrotados y la humanidad yace en el sepulcro del pecado y del mal, de la muerte. Pero pronto se oirá una voz, la voz de Dios, que la resucitará a una vida nueva y gloriosa.

Los días del Maligno están contados, y luego vendrá el triunfo de Dios y de su Iglesia, que ya ha comenzado en lo escondido, en el corazón de cada hombre que se ha consagrado a la Virgen.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.