Actualizado el martes 14/AGO/18

MEDITACIÓN DE HOY

Miremos a Cristo crucificado 

¡Oh si los hombres se detuvieran a considerar, cuando ven a Jesús crucificado, el amor que les tuvo a cada uno de ellos! Y ¿cómo no quedaríamos abrasados de ardiente celo –exclamaba San Francisco de Sales- a la vista de las llamas que abrasan al Redentor?... Y ¿qué mayor gozo que estar unidos a Él por las cadenas del amor y del celo?” San Buenaventura llamaba a las llagas de Jesucristo “llagas que hieren los más duros corazones y que inflaman en amor a las almas más heladas”. Y ¡qué de saetas amorosas salen de aquellas llagas para herir los más duros corazones! Y ¡qué de llamas salen del corazón amoroso de Jesús para inflamar los más fríos corazones! Y ¡qué de cadenas salen  de aquel herido costado para cautivar los más rebeldes corazones! 

 “Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

“Si los hombres se detuvieran a considerar...”, dice san Alfonso. Pero es que los hombres hoy vivimos apurados, corriendo detrás del viento y ocupados en mil cosas que no tienen verdadera importancia. Los hombres corremos por esta vida, alocados y, llegamos a la meta que es nuestra muerte, y nos encontramos con las manos vacías y el alma muy lejos de Dios y de lo espiritual. Estamos a tiempo todavía. Pongámonos a meditar en los dolores de Jesús, porque su Pasión es un tesoro inagotable y que está allí, a la mano, para que lo descubramos y nos lo apropiemos. Vemos tantos crucifijos en todas partes que nos hemos acostumbrado a verlos, sin reaccionar ni meditar en los sufrimientos del Señor. ¡Es tiempo de que volvamos a asombrarnos del amor de este Dios que se ha entregado por nosotros, por cada uno de nosotros, y le devolvamos amor, porque amor con amor se paga!

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