Actualizado el miércoles 4/OCT/17

MEDITACIÓN DE HOY

El amor de Jesús. 

Movido, además, el Hijo por el amor que nos tenía, se nos entregó completamente. Y, para redimirnos de la muerte eterna y devolvernos la gracia divina y el Paraíso perdido, se hizo hombre y se vistió de carne como nosotros. Y vimos a la majestad infinita como anonadada. El Señor del universo se humilló hasta tomar forma de esclavo y se sujetó a todas las miserias que el resto de los hombres padecen.

Pero lo que más asombra es que, habiéndonos podido salvar sin padecer ni morir, eligió vida trabajosa y humillada y muerte amarga e ignominiosa, hasta morir en la cruz, patíbulo infame reservado a los malhechores. Y ¿por qué, pudiéndonos redimir sin padecer, quiso abrasarse con muerte de cruz? Para demostrarnos el amor que nos tenía. No amó, y porque nos amó se entregó en manos de los dolores, ignominias y muerte la más amarga que jamás hombre alguno padeció sobre la Tierra. 

“Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

Jesús nos ama tanto que Él mismo se entregó por nosotros a sufrimientos inenarrables por salvarnos. Pero hay más, porque Jesús tuvo que entregar a su propia Madre, la Virgen, que es lo que más quiere después de Dios, a tormentos inexplicables, y eso es lo que más hizo sufrir el Corazón de Cristo: el ver sufrir a su Madre inocente. No pensamos en estas cosas y estamos acostumbrados a ver los crucifijos, pero de vez en cuando detengámonos a pensar en los sufrimientos de Jesús por nosotros, recordando que Él sufrió inocentemente. ¿Y qué podemos hacer para agradecer a Dios tanto amor? Pues dice Santa Teresa de Jesús que amor con amor se paga, entonces le debemos dar a Jesús mucho amor, para que no sea inútil para nosotros todos los dolores que el Señor soportó por amor nuestro. Sólo eso pide Jesús: que lo amemos. ¡Y cuánto agradece los actos de amor hacia Él! Y amamos a Jesús si cumplimos sus mandamientos, si cumplimos las enseñanzas que nos dejó en su Evangelio, porque el que ama hace la voluntad del amado, y si decimos que amamos a Jesús debemos cumplir su voluntad.

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