(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el martes 1/MAY/18

Mensaje a los Amigos de la Cruz

La voz de Dios y la del mundo. 

¿Sabéis distinguir con certeza entre la voz de Dios y su gracia y la del mundo y de la naturaleza? ¿Percibís con claridad la voz de Dios, nuestros Padre bondadoso, quien –después de maldecir por tres veces a todos los que siguen las concupiscencias del mundo: ¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra! (Ap. 8, 13)– os grita con amor, tendiéndonos los brazos: Apartaos, pueblo mío escogido, queridos amigos de la cruz de mi Hijo; apartaos de los mundanos, a quienes maldice mi Majestad, excomulga mi Hijo y condena mi Espíritu Santo? ¡Cuidado con sentaros en su cátedra pestilente! ¡No acudáis a sus reuniones! ¡No os detengáis en sus caminos! ¡Huid de la populosa e infame Babilonia! ¡Escuchad tan sólo la voz de mi Hijo predilecto y seguid sus huellas! Yo os lo di para que sea camino, verdad, vida y modelo vuestro: Escuchadle.

¿Escucháis la voz del amable Jesús? Él, cargado con la cruz, os grita: Veníos conmigo. El que me sigue no andará en tinieblas. ¡Ánimo, que yo he vencido al mundo! (Jn. 8, 12; 16, 33). 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

El mundo nos grita: “Por cuatro días locos que vamos a vivir, hay que divertirse y pasarlo bien”. En cambio Cristo nos dice: “Quien quiera ir al Cielo, que me siga, que cargue su cruz de cada día renunciando a sí mismo”.

Son dos cosas opuestas y no podemos obedecer ambos mandatos, porque no se puede andar por dos caminos a la vez, y no se le puede encender una vela a Dios y otra vela al diablo, porque si lo hacemos, en realidad le estamos encendiendo dos velas al diablo.

Hoy se nos dice que debemos amar al prójimo, a todos los hombres. ¡Sí, efectivamente hay que amar a todos, compadecerlos, y rezar por ellos! ¡Pero no debemos hacernos cómplices de sus pecados, porque hay que odiar el error y amar al que yerra!

El espíritu del mundo quiere hacer contemporizar a Cristo con Satanás, pero entre ellos no hay reconciliación posible. O estamos con Cristo, y por ende tomamos nuestra cruz; o estamos con el demonio, y por lo tanto vamos por el camino amplio que no lleva al Cielo, sino al abismo infernal.

Nosotros, los Amigos de la Cruz, debemos distinguirnos por un odio al mundo, a este mundo de pecado, que hoy más que nunca está en manos de Satanás, y que odia a Cristo y a los cristianos.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

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