Actualizado el viernes 19/OCT/18

Mensaje de confianza

Dios es quien gobierna todo. 

La prueba nos asalta de mil maneras: ya los negocios temporales peligran, el futuro material nos inquieta; ya la maldad nos ataca en la reputación, la muerte rompe los lazos de los afectos más legítimos y más tiernos... Entonces, nos olvidamos del cuidado paternal que la Providencia tiene con nosotros. Murmuramos, nos rebelamos, y de este modo aumentamos las dificultades y lo amargo de nuestro infortunio. 

 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 

Comentario: 

Dios no cambia. Él lo ha dispuesto todo desde toda la eternidad y tiene preparado un remedio para cada necesidad. Y lo que debemos hacer nosotros es rezar mucho, porque la Voluntad de Dios es condicional. Él da gracias y dones si se los pedimos: “Pedid y recibiréis”, dice Jesús en el Evangelio. Por eso jamás tenemos que dejar la oración, ya que la oración es el trato personal y amoroso con Dios, y en ella podemos dialogar con Él y confiarnos a su paternidad bondadosa, y reclinar nuestra cabeza sobre su regazo, para llorar nuestras penas y contarle nuestras tristezas y miedos, sabiendo y estando plenamente convencidos de que Él lo puede arreglar todo en un abrir y cerrar de ojos.

Nada de lo que sucede en el mundo y en nuestra vida es ignorado por Dios, y nada sucede sin que Él lo permita. Entonces no debemos desconfiar de Dios y de su Bondad, porque Él nos ama y quiere el bien para nosotros, aunque a veces las apariencias sean las contrarias.

Es interesante ver que Jesús, cuando calmó la tempestad, esperó al último momento, cuando los apóstoles perdieron la confianza y desesperados lo llamaron. Y Jesús, en un instante volvió todo a la normalidad.

Cuando en nuestras vidas todo se complique y no veamos la salida, sepamos que Dios sigue llevando las riendas de todo y que nadie puede resistirle, ninguna criatura, por poderosa que sea, pues ante Dios es nada. Y Él, en un instante, puede solucionar todo de manera maravillosa e impredecible.

Ojalá pronto nos encontremos en algún aprieto para demostrarle a Dios que confiamos en Él. No pidamos problemas, pero cuando vengan, aprovechemos para ponernos con confianza en las benditas manos de Dios.

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