Actualizado el martes 28/AGO/18

Mensaje de conversión

Paciencia de Dios. 

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Hijos míos: El Señor es paciente con sus hijos, aguarda a aquél que duda, al temeroso sabiendo que no tardará en darse cuenta de la grandeza de Dios. Al duro de corazón os digo: El Señor quiere curar la herida del doliente, no os neguéis a conocerlo, id a su encuentro. Y al que está en el camino de Dios os digo: Vosotros que lo habéis encontrado, orientad a vuestro hermano transmitiéndole la Palabra del Señor. Amén. Amén.

Dad a conocer. 

Leed: San Juan C. 4, V. 23-24 

     23    "Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque ésos son los adoradores que quiere el Padre.

     24 Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".

(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás)

Comentario: 

Dios tiene paciencia con los hombres. ¡Ay de nosotros si el Señor no fuera tan paciente, ya estaríamos condenados hace tiempo, y la tierra habría sido destruida tiempo atrás!

Dios es paciente, tiene una paciencia infinita, pero nosotros no somos infinitos, no vivimos en este cuerpo para siempre, sino que si bien Dios tiene paciencia infinita, llegará para nosotros el fin, y ese día, para nosotros, se habrá acabado la paciencia de Dios, porque nos habrá llegado la muerte y con ella el juicio particular, donde ya no habrá modo de reparar lo malo que hayamos hecho en la vida.

Entonces no tentemos a Dios y aprovechemos este tiempo en que Él tiene paciencia con nosotros y no lo desaprovechemos, sino utilicémoslo para convertirnos, para conocer al Señor, amarlo y obedecerlo. ¡Necesitamos tanto de Él!

¡Cuántos que están ahora ardiendo para siempre en el Infierno quisieran volver el tiempo atrás, pero no pueden! Han perdido todo para siempre, ¡para siempre!

Abramos los ojos y no nos dejemos estar, sino aprovechemos cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, para convertirnos más a Dios, porque no sabemos cuánto nos queda de vida todavía.

Pero no nos conformemos con salvarnos nosotros solos, sino hagamos apostolado para salvar a nuestros hermanos, ya que muchos no conocen a Dios o le conocen mal.

Estamos en el tiempo de la paciencia de Dios, de la Misericordia divina. Luego, con la muerte, llega el tiempo de la Justicia, y ¡ay de quien se presente ante el tribunal de Dios con un alma muerta por el pecado grave!, sería preferible para él no haber nacido nunca.

No tengamos miedo de Dios, pero tampoco seamos insensatos que despilfarran el tiempo sin hacer nada, sin poner empeño en la propia conversión y la de los hermanos.

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