Actualizado el lunes 16/OCT/17

Mensaje de la Reina de la Paz (Medjugorje) con comentario

Martes 3 de NOVIEMBRE de 1981. Nuestra Señora comenzó a cantar "Ven, Ven a nosotros, Señor" y los videntes se unieron a Ella.

"Frecuentemente estoy en el monte Krizevac, al pie de la cruz, para rezar allí. Ahora rezo a mi Hijo para que perdone al mundo sus pecados. El mundo ha empezado a convertirse".

Durante la aparición, Nuestra Señora desaparece y presencian una horrenda visión del Infierno. Luego la Virgen reaparece y dice:

"¡No temáis! Os he enseñado el Infierno para que sepáis el estado en que viven los que están allí". 

Comentario: 

La Virgen les muestra el Infierno a los videntes. Y es que María viene a recordarnos las verdades que ya no se predican como esta del Infierno. El Papa ha dicho que se debe volver a hablar y predicar sobre el Infierno, porque todos los días van muchas almas a él y Dios quiere salvarlas. En la Escritura se dice que el temor de Dios es principio de la Sabiduría. Por eso si nos asusta el Infierno, es mejor que nos asustemos ahora y pongamos todos los medios para evitarlo; a que nos asustemos cuando ya no haya ninguna posibilidad de evitarlo.

Reina de la Paz, ruega por nosotros.

Si desea recibir este mensaje de la Reina de la Paz, en su correo electrónico, por favor:
SUSCRÍBASE AQUÍ

 

Lea o descargue todos los mensajes


La Congregación para la Doctrina de la fe sobre Medjugorje

La Congregación para la Doctrina de la Fe envió una carta (ver más abajo) a Monseñor Gilberto Aubry, obispo de la Réunion, explicando claramente su posición acerca de Medjugorje. El recibió la carta el día 24 de junio, y el día 25 la envió a todos los sacerdotes y comunidades religiosas de su diócesis (circular núm. C003), a fin de que estuvieran en conocimiento de la posición más reciente de Roma y, si acaso es necesario, de que se diera a conocer este caso a todos los fieles.

CONGREGACION PARA LA DOCTRINA Y LA FE
CIUDAD DEL VATICANO, PALACIO DEL SANTO OFICIO
Pr. Núm. 154/81-06419 (transcripción del original)
28 de mayo de 1998
A Su Excelencia, Monseñor Gilberto Aubry,
obispo de Saint-Denis de la Réunion

Su Excelencia,
En su carta del 1 de enero de 1998, Ud. sometió a este Dicasterio diversas cuestiones concernientes a la posición de la Santa Sede y del obispo de Mostar con respecto a las así llamadas apariciones de Medjugorje, a las peregrinaciones privadas y al cuidado pastoral de los fieles que acuden a este lugar.

A este respecto - tomando en cuenta que me es imposible responder a cada una de las preguntas planteadas por Ud, Su Excelencia, - primeramente me gustaría precisar que no es habitual que la Santa Sede asuma, en primera instancia, una posición propia ante los supuestos eventos sobrenaturales. Este Dicasterio, por tanto, en lo que concierne a la autenticidad de las "apariciones", simplemente se atiene a lo establecido por los obispos de la ex Yugoslavia en la Declaración de Zadar, el 10 de abril de 1991: "...Sobre la base de las investigaciones hasta ahora realizadas, no es posible afirmar que se trate de apariciones y revelaciones sobrenaturales" Después de la división de Yugoslavia en diversas naciones independientes, les correspondería actualmente a los miembros de la Conferencia Episcopal de Bosnia-Herzegovina, eventualmente, investigar de nuevo este caso y, en último caso, dar nuevas declaraciones.

Con respecto a lo que declaró Su Excelencia, Monseñor Peric, en una carta al Secretario General de "Familia Cristiana", en la cual él afirma: "mi convicción y posición no es únicamente "Non constat de supernaturalitate" sino también "constat de non supernaturalitate" de las apariciones y revelaciones de Medjugorje", debe considerarse como una convicción personal del obispo de Mostar, quien, en tanto obispo local, ha tenido siempre el derecho de expresar lo que ha sido y permanece siendo su opinión personal.

En lo que concierne a las peregrinaciones de índole privada a Medjugorje, esta Congregación considera que están permitidas bajo la condición de que no se consideren como un reconocimiento de los eventos en curso, los cuales exigen aún una investigación de la Iglesia.
Con la esperanza de haber dado una respuesta satisfactoria al menos a las principales preguntas planteadas a este Dicasterio, Le ruego, Excelencia, recibir la expresión de mis más profundos sentimientos de respeto.

Monseñor Tarcisio Bertone
(Secretario de la "Congregación" que preside el Cardenal Ratzinger)


Pero leamos también el mensaje que la Santísima Virgen da al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano. Prestemos atención en dónde habla la Virgen y lo que dice su mensaje. (He colocado en negrita lo que quiero resaltar)

Zagreb (Yugoslavia), 14 de noviembre de 1984

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo
con los Sacerdotes del M.S.M. de la lengua eslovena y croata

Mi urgente invitación

“Hijos predilectos, acojo con alegría este continuo Cenáculo de fraternidad sacerdotal y de oración que hacéis unidos a Mí, vuestra Madre Celeste.

Estáis en esta tierra, donde mis hijos sufren y soportan el peso de innumerables padecimientos; en esta tierra tan perseguida por mi Adversario y vuestro, pero tan amada y protegida por Mí.

Extiendo sobre todos mi manto luminoso, y os recojo en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

A través de vosotros, hijos predilectos, quiero difundir por todas partes, en estos países de Oriente, mi urgente y angustioso mensaje para que llegue a todos mis hijos.

Soy la Reina de la Paz.

Nunca como hoy amenaza a la humanidad el peligro de la guerra y de una inmensa destrucción. Miradme a Mí como Aquella, a quien Dios le ha dado la misión de traer al mundo la paz.

Por esto os invito a invocarla con una oración incesante, confiada y hecha siempre en unión Conmigo.

Sobre todo, recitad el Santo Rosario. Podéis así obtener del Señor la gran gracia de la conversión de los corazones, para que todos se abran a sentimientos de amor y bondad.

De esta manera la paz podrá penetrar en el corazón de los hombres, y después difundirse en las familias, en las naciones, en todo el mundo.

Soy la Madre de la Consolación.

En estos tiempos tan atribulados, me pongo al lado de cada uno de vosotros para participar en los difíciles momentos de vuestra existencia.

Estoy junto a vosotros cuando oráis y trabajáis, cuando camináis y reposáis, cuando gozáis y padecéis.

Es para daros un signo seguro de mi materna presencia, y para daros alegría y consuelo en medio de vuestros muchos padecimientos, por lo que Yo misma he escogido esta tierra para aparecerme de una manera nueva, más prolongada y más extraordinaria.

Los puros de corazón me saben ver; los pobres, los pequeños, los sencillos me saben escuchar; los humildes, los enfermos, los pecadores me saben encontrar.

Si encontráis dificultades o impedimentos, no os entristezcáis porque no es posible venir al lugar de mis apariciones. Cuando oráis, hacéis penitencia y escucháis mi materna llamada a caminar por la senda de la conversión y del amor, vosotros espiritualmente venís al encuentro de la Madre Celeste que se manifiesta, así, presente en medio de vosotros.

Soy la Madre de la confianza.

En estos tiempos, ¿cuántos son mis pobres hijos que se alejan de Dios porque se convierten en víctimas del error del ateísmo, hoy tan difundido, sostenido y divulgado a través de todos los medios de comunicación social?

Innumerable es el ejército de los que caminan en la oscuridad del rechazo de Dios, de la falta de fe, de la inmoralidad, de la injusticia y de la impiedad.

La iniquidad cubre toda la tierra como una espesa capa de hielo, y la copa de la divina Justicia está ya colmada y rebosante.

Ahora me revelo a vosotros para indicaros el camino de la salvación y del retorno a Dios.

Si la humanidad no acoge mi materna invitación a retornar al Señor, estará inexorablemente perdida.

Por esto os repito aún mi angustioso mensaje: – Caminad por la senda de vuestro retorno al Señor.

Convertíos, porque, todavía, por un poco de tiempo es el momento favorable para la conversión.

Convertíos y retornad a vuestro Dios.

Desde aquí, y por medio de vosotros, bendigo a todos mis hijos que viven en estas Naciones, que tanto amo y protejo, porque deben soportar grandes pruebas y sufrimientos: mis hijos de Yugoslavia, Albania, Bulgaria, Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Polonia, Rusia y los de todo el mundo, que quiero recoger, lo más pronto posible, en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.”