Actualizado el domingo 19/AGO/18

Mensaje espiritual 

Las tentaciones. 

Las tentaciones no son pecado si no consentimos a ellas, sino que si las vencemos ganamos muchos méritos para el Cielo.

Jesús también fue tentado. ¿Y nosotros queremos estar libres de las tentaciones?

No nos engañemos porque mientras tengamos vida en este mundo, estaremos sometidos a las tentaciones del demonio, del mundo y de las pasiones.

Jesús, en su Evangelio, ha dado un arma formidable para no sucumbir a la tentación, y esta arma es la vigilancia y la oración. Así les dijo a los discípulos en el Huerto de los Olivos: “Vigilad y orad, para no entrar en tentación”. Y eso mismo nos lo dice a todos nosotros los cristianos, puesto que el demonio es como león rugiente que ronda a nuestro alrededor, buscando a quién devorar, y el que no esté atento, caerá en sus redes.

Tenemos que rezar mucho para que el Cielo nos ampare contra el poder del Infierno y su seducción, porque además el diablo hoy tiene dos buenos aliados que son el mundo, es decir, el ambiente de pecado que está por todas partes; y la carne, nuestra propia carne que tiene deseos contra el espíritu.

Hay que rezar mucho y conservar castas las miradas, porque es por la vista por donde entra el mal en nosotros.

Miremos lo menos posible televisión, por donde entra tanta maldad y desorden en las almas. Ya lo dice la Reina de la Paz que después de mirar ciertos programas de televisión ya uno no puede rezar. ¡Y qué decir si estos programas son pecaminosos!

Los mandamientos no han cambiado, aunque la mayoría no los respete y se burle de quienes los quieren cumplir y respetar. Recordemos que el Señor ha dicho que Él nos defenderá ante su Padre a los que lo hayamos defendido a Él ante los hombres; y renegará de nosotros ante su Padre, a quienes hayamos tenido vergüenza de Él ante los hombres. Dejemos de lado el respeto humano y, como la Verónica, lancémonos valientes a enjugar el rostro dolorido de Jesús que en este siglo sube al Calvario nuevamente para ser crucificado.

Recordemos que Cristo vence en las humillaciones, y nosotros venceremos también con Él en las humillaciones.

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