Actualizado el sábado 13/MAY/17

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

SEGUNDA PARTE

UNION DE LA VIDA ACTIVA y DE LA VIDA INTERIOR

2. Las Obras deben ser el desbordamiento de la Vida interior

Sed perfectos como lo es vuestro Padre que está en los cielos . El modo de obrar de Dios, guardada la debida proporción, debe ser el Criterio y la Regla de nuestra vida interior y exterior.

Dios por naturaleza es repartidor de dádivas, y es un hecho comprobado que en el mundo distribuye con absoluta profusión sus beneficios sobre todos los seres, particularmente sobre la criatura humana. Así desde hace millares, si no millones de siglos, el universo entero es el objeto de esa inagotable prodigalidad que derrama incesantemente sus gracias. Sin embargo, Dios no se agota ni empobrece y esa munificencia inexhausta suya no aminora sus recursos Infinitos.

Dios da al hombre algo más que los bienes exteriores. Le envía su Verbo. En ese acto de suprema generosidad, que no es otra cosa que el don de sí, Dios nada abandona, ni puede abandonar de la Integridad de su naturaleza. Nos da su Hijo, pero conservándolo siempre en Sí mismo.
Sume exemplum de summo omnium parente, Verbum suum emittente et retinente .

Por los sacramentos, y especialmente por la Eucaristía, Jesús- nos enriquece de sus gracias. Él las vierte sin medida sobre nosotros porque es un Océano sin orillas que se desborda sobre nosotros sin llegar a agotarse: De plenitudine ejus omnes accepimus .

Así, a nuestra manera, debemos proceder los hombres apostólicos que aceptamos la noble tarea de santificar a los demás: Verbum tuum, consideratio tua, quae si procedit, non recedat ; el verbo nuestro es el espíritu interior que la gracia ha formado en nuestras almas. Este espíritu debe dar vida a todas las manifestaciones de nuestro celo, y como se gasta constantemente en provecho ajeno, deberá ser incesantemente renovado con los recursos que nos ofrece Jesús. Así, nuestra vida interior será como el tallo lleno de savia vigorosa, y las obras que ejecutemos, su eflorescencia.

A toda alma de apóstol debe inundar la luz e inflamar el amor, antes que ella con sus reflejos ilumine y caldee a los demás. Lo que vieron con sus ojos y palparon con sus manos, enseñarán a los hombres (1 Juan 1,1). Su boca derramará en los corazones la abundancia de las dulzuras celestiales, dice San Gregorio.

Podemos ya deducir este principio: LA VIDA ACTIVA DEBE PROCEDER DE LA VIDA CONTEMPLATIVA, TRADUCIRLA y CONTINUARLA AL EXTERIOR, SEPARANDOSE DE ELLA LO MENOS POSIBLE.

Los Padres y Doctores proclaman a porfía esta doctrina.

Priusquam exeat proferentem linguam, dice San Agustín, ad Deum levet animam sitientem, ut eructet quod biberit, vel quod impleverit fundat .

Antes de comunicar hay que recibir, escribe el Seudo-Dionisio (Coel. hiero c. III) y los ángeles más elevados no transmiten a los que están más bajos, sino las luces cuya plenitud recibieron. El Creador ha establecido en las cosas divinas un orden, en virtud del cual aquel que tenga la misión de distribuirlas, debe participar antes de ellas, y henchirse con toda abundancia de las gracias que Dios quiere conceder a las almas, por su conducto. Solamente entonces estará autorizado para comunicarlas.

¿Quién no conoce esta frase clásica de San Bernardo dirigida a los apóstoles? Si sabes obrar con cordura, sé concha y no canal. Si sapis, concham te exhibebis non canalem (Serm. 18, in cant.). Por el canal corre el agua sin dejar una gota. El depósito, en cambio, una vez lleno, deja correr lo que le sobra para fertilizar los campos. ¡Cuántos que se consagran a las obras no son sino canales, y quedan completamente secos precisamente cuando están empeñados en fecundar los corazones! Canales multos hodie habemus, conchas vera perpaucas , agregaba con tristeza el Santo Abad de Claraval.

Siendo toda causa superior a su efecto, es necesaria mayor perfección para perfeccionar a los demás que para perfeccionarse a sí mismo .

Una madre no puede amamantar a su hijo si no se alimenta ella; del mismo modo, los confesores, directores de almas, predicadores, catequistas y profesores, deben de antemano asimilar la sustancia de que han de aumentar después a los hijos de la Iglesia . La verdad y el amor divinos son los elementos de esta sustancia. Sólo la vida interior interpreta la verdad y la caridad de Dios de una manera eficaz para hacer de ellas un aumento capaz de engendrar la vida.

 (De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)


 

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