Actualizado el jueves 7/DIC/17

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

SEGUNDA PARTE

UNION DE LA VIDA ACTIVA y DE LA VIDA INTERIOR

5. Excelencia de esa unión

Dice Santo Tomás que la unión de las dos vidas, contemplativa y activa, constituye el verdadero apostolado, que es la obra principal del Cristianismo: Principalissimum officium .

Para el apostolado se necesitan almas que se entusiasmen por una idea y se consagren al triunfo de un principio.

La realización de esta idea ha de ser sobrenaturalizada por el espíritu interior, y nuestro celo, en todos sus aspectos, fin, medios y ardor, debe estar animado del espíritu de Jesús, para que nuestra vida sea lo más perfecta posible, la vida por excelencia, la cual es preferida por los teólogos a la simple contemplación. Praefertur simplici contemplationi .

El apostolado del hombre de oración es la palabra que obedece al mandato de Dios y hace conquistas, en el celo de las almas y el fruto de las conversiones: Missio a Deo, zelus animarum fructificatio auditorum .

Es el vapor de la fe con emanaciones que llevan al cielo: Zelus, id est vapor fidei .

El apostolado de los santos es la sementera del mundo. El apóstol esparce el trigo de Dios en el campo de las almas . Es el amor en llamas que devora la tierra, y el incendio de Pentecostés que, con fuerza irresistible, se propaga por todas partes: Ignem veni mittere in terram .

La sublimidad de este ministerio estriba en que atiende a la salvación del prójimo, sin mengua de la del apóstol: sublimatur ad hoc ut aliis provideat.

Transmitir a inteligencias humanas las verdades divinas es un ministerio digno de los ángeles.

Cosa buena es contemplar la verdad, pero comunicarla es mucho mejor, como es mejor reflejar la luz que recibirla; e iluminar que brillar bajo el celemín. El alma se nutre en la contemplación y se entrega en el apostolado: Si cut majus est illuminare quam lucere solum, ita majus est contemplata aliis tradere quam solum contemplare (D. Thom. 2° 2ae, q. 188, a. 6).

Contemplata altis tradere: según el pensamiento de Santo Tomás, la vida de oración es la fuente de este apostolado.

Este texto y el anterior, citado al final del capitulo precedente, del mismo Santo, son una condenación del Americanismo, partidario de una vida mixta, en la cual la acción acabarla por ahogar la contemplación.

En efecto: Santo Tomás en estos textos hace las dos afirmaciones siguientes: 1° El alma ha de vivir habitualmente en una vida de oración que le permita dar de lo que sobre. 2° Por la acción no ha de suprimirse la vida de oración, y el alma, al entregarse, ha de guardar su corazón de tal modo que no corra serio peligro de sustraerse a la influencia de Jesucristo en el ejercicio de su actividad.

El Rvdo. Padre Mateo Crawley, apóstol de la entronización del Sagrado Corazón en las familias, traduce con frases sugestivas el pensamiento de Santo Tomás: "El apóstol es un cáliz lleno hasta los bordes de vida de Jesucristo, que vierte en las almas el sobrante de su contenido".

Esta mezcla de acción y contemplación, acción con todas las abnegaciones del celo y contemplación con sublimes elevaciones, ha producido los mayores santos: San Dionisio, San Martín, San Bernardo, Santo Domingo, San Francisco de Asís, San Francisco Javier, San Felipe Neri y San Alfonso, todos ellos tan ardientes contemplativos como valientes apóstoles.

¡Vida interior y vida activa! ¡Santidad en medio de las obras! ¡Unión potente y fecunda! ¡Qué prodigios tan fantásticos de conversiones realizáis! Oh, Dios mío, dad a vuestra Iglesia Santa muchos apóstoles, pero encended una sed ardiente de la vida de oración en sus corazones que devora el deseo de entregaros. Dad también a vuestros obreros esa acción contemplativa y esa contemplación activa, para que vuestra obra sea cumplida, y los obreros evangélicos que nos disteis, obtengan aquellas victorias que os plugo anunciar antes de vuestra gloriosa Ascensión.

(De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)


 

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