Actualizado el jueves 4/OCT/18

Mensaje sobre la oración 

Sin oración estamos perdidos.

Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas. Si no rezamos seremos infieles a las gracias recibidas de Dios y a las promesas que hemos hecho en nuestro corazón. La razón de esto es que para hacer en esta vida el bien, para vencer las tentaciones, para ejercitarnos en la virtud, en una sola palabra, para observar totalmente los mandamientos de Dios, no bastan las gracias recibidas ni las consideraciones y propósitos que hemos hecho, se necesita sobre todo la ayuda actual de Dios y esta ayuda actual no la concede Dios Nuestro Señor sino al que reza y persevera en la oración. Lo probaremos más adelante. Las gracias recibidas, las meditaciones que hemos concebido sirven para que en los peligros y tentaciones sepamos rezar y con la oración obtengamos el socorro divino que nos Preserva del pecado, mas si en esos grandes peligros no rezamos, estamos perdidos sin remedio.

 “El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio.

Comentario: 

Sin la ayuda de Dios no podemos haber ningún bien. Y si sabemos que Dios da su ayuda a quien se la pide por medio de la oración, entonces salta a la vista la gran necesidad que tenemos de orar en todo tiempo, pero especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida.

Pero a veces suele suceder que cuando más estamos en peligro y abatidos, más nos cuesta rezar. Entonces hagamos así: recemos todos los días, especialmente esos días en que tenemos más devoción, y con ello estaremos cubiertos para cuando lleguen los momentos borrascosos y tenebrosos por los que todos los hombres debemos pasar en este mundo, que es el tiempo de prueba.

Y ojalá podamos rezar cuando estamos atribulados, desganados, abatidos, turbados y tentados, porque así fue cuando más rezó Nuestro Señor, ya que en el Huerto de los Olivos, en su mayor tentación, Él oraba más insistentemente.

Lo que sucede a veces es que nos parece que en esos momentos difíciles tenemos que hacer oraciones corrientes como el Rosario o la coronilla, y estamos como imposibilitados de hacerlo, de concentrarnos, etc. Es que no comprendemos que la oración es un movimiento del corazón, es un grito del alma elevado a Dios, a la Virgen, a los Santos, a los Ángeles, a las Almas del Purgatorio, y por eso nos cuesta mucho rezar. Entonces hablemos con Dios y con los bienaventurados, y ni siquiera hace falta que utilicemos palabras, sino con sólo elevar el pensamiento a Dios, una mirada a la Cruz, un suspiro, todo es oración, y muchas veces esta oración es más meritoria que muchos rosarios dichos por costumbre.

Recemos mucho, especialmente en los momentos de calma y bonanza, para que cuando llegue la prueba, estemos bien apertrechados con las ayudas de Dios. Y en los momentos difíciles elevemos jaculatorias, frases amorosas o de pedido de auxilio a Dios, y así estaremos rezando muy bien y recibiremos la ayuda de Dios para salir victoriosos del combate y de las situaciones difíciles.

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