Actualizado el sábado 9/JUN/18

Mensaje sobre la oración 

La oración es la llave.

Oh Verbo encarnado, Vos disteis la sangre y la vida para comunicar a nuestras plegarias, según vuestra divina promesa, una eficacia tan poderosa que alcancen todo lo que pidan; mas nosotros, oh, Dios mío, tan descuidados andamos en las cosas de nuestra eterna salvación que ni siquiera queremos pediros las gracias que necesitamos para salvarnos. Nos disteis con el gran medio de la oración la llave de todos vuestros tesoros y nosotros, por empeñarnos en no rezar, vivimos siempre en la más grande miseria espiritual. 

“El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio. 

Comentario: 

¿Qué diríamos de un hombre que tomara entre sus manos un diamante de incalculable valor y lo arrojara a la basura por no conocer su valor? Diríamos que es una locura lo que hizo. Pero más loco sería quien sabiendo el impresionante valor de tal joya, igualmente la arrojara a la basura. Éste sí que estaría rematadamente loco.

¿Y no es un poco eso lo que hacemos los hombres con la oración? Porque sabemos por revelación que la oración lo obtiene TODO de Dios, que obtiene a Dios mismo, que es la Riqueza en sí misma, y Él se nos entrega por medio de la oración. Y a pesar de saber esto y de que todo lo obtenemos con solo rezar, ¡no rezamos!, o rezamos tan poco y a las apuradas, que es como si no rezáramos. Verdaderamente debemos reconocer que el demonio nos tiene atrapados en sus redes y no quiere que recemos, y muchas veces lo logra, porque nosotros, poniendo multitud de pretextos más o menos justos, más o menos reales, dejamos la oración de hoy para mañana, y nunca rezamos lo suficiente.

Si un soldado que va a la guerra no utiliza su armamento, muy pronto caerá herido y podrá ser muerto en combate. Si los cristianos no usamos el arma de la oración, muy pronto seremos vencidos por el enemigo, el demonio y todas las adversidades e incluso nuestros enemigos materiales, porque así como un boxeador que baja la guardia ya comienza a recibir un golpe tras otro hasta que cae, así también quien no reza, baja la guardia contra el Maligno, y es fácil presa de él.

No bajemos nunca la guardia en el combate, no dejemos jamás de rezar, y de rezar mucho, porque nos jugamos nuestra salvación y la salvación de nuestros seres más queridos, y hasta la salvación de muchos hermanos que sólo conoceremos en el Cielo.

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