Actualizado el sábado 21/ABR/18

Milagro Eucarístico

HEREJE CONFUNDIDO 

Año 1225 Tolosa Francia 

En el año 1225 llegó San Antonio de Padua a Tolosa, en cuya ciudad debía enseñar Teología, y dedicarse también a la predicación del Evangelio; allí se encontraba el principal foco de la herejía albigense. Raimundo VII, conde de Tolosa, seguía las huellas de su padre, y embriagado por su triunfo contra el hijo de Simón de Montfort, se manifestaba más rebelde que nunca a la Iglesia, y protector declarado de los herejes. San Antonio puso en juego todos los recursos para granjearse el aprecio de los sectarios, y tuvo la dicha de convertir un gran número de ellos con su ejemplo, sus sermones y sus milagros.

La historia nos ha conservado el recuerdo de uno de los muchos prodigios obrados por el Santo en la región de Tolosa. He aquí el acontecimiento maravilloso:

Un día tuvo San Antonio una larga discusión sobre el augusto Sacramento del Altar con un astuto, influyente y obstinado albigense llamado Guyaldo. Apurado éste por las razones sólidas y claras del Santo, pareció conmoverse el hereje y, como a punto de rendir tributo a la verdad, habló de este modo: “Dejémonos de discursos y vengamos a los hechos; si puedes probar por un visible milagro, que el Cuerpo de Jesucristo está realmente en la Eucaristía, yo te juro apartarme, al instante, del error y someterme a la fe”.

El momento era crítico y solemne para San Antonio, el cual, inspirado por el Señor, no vacila y responde con entera confianza que dará la prueba que se le exige. Entonces, el albigense, añadió: “Yo poseo una mula, la encerraré por espacio de tres días y la privaré de alimento; después la conduciré ante el público y le ofreceré de comer; tú te llegarás con la Hostia consagrada, y si la mula a pesar de su hambre devoradora deja el heno y se inclina ante ese Dios a quien, según tú dices, adoran todas las criaturas, no haré ninguna resistencia y me someteré humildemente a la Iglesia Católica.

Accedió San Antonio a esta proposición y se retiró a orar, pidiendo al Señor se sirviera manifestar su poder para salvar a tantos infortunados que gemían bajo el peso de las cadenas del demonio.

Compareció el hereje, en el día y hora indicados, acompañado de un gran número de sectarios en la plaza elegida al efecto, conduciendo su mula y el alimento que más ella prefería. San Antonio acababa  de celebrar el santo sacrificio de la Misa en una capilla vecina, y en seguida se le vio salir rodeado de una muchedumbre de fieles... llevaba en sus manos el viril en el cual se descubría la sagrada Hostia, y se adelantó majestuosamente recitando algunos himnos y otras oraciones hasta llegar a la plaza pública.

En medio de un profundo silencio se acerca a la mula, y le dice en voz alta: “En nombre de tu Criador, que yo aunque indigno tengo en mis manos, y en virtud de su Omnipotencia, te mando a que adores a este Dios hecho hombre, a fin de que la maldad herética sea confundida y todos se vean precisados a reconocer la divinidad del que a la voz del sacerdote se sacrifica cada día en el altar”... En aquel mismo momento ofrecen de comer a la mula... mas ¡oh, prodigio! el animal no hace caso del heno que le presentan, y obedeciendo a la voz de San Antonio se postra inclinando su cabeza hasta tocar la tierra, y se mantiene inmóvil, en aquella actitud respetuosa, delante de la sacrosanta Eucaristía.

Al ver esta maravilla, los católicos saltan de júbilo y los herejes quedan confundidos, y Guyaldo, que había solicitado el milagro, se echa a los pies de San Antonio, adora en alta voz el Santísimo Sacramento y se declara católico.

Guyaldo hizo volver a la verdadera fe a toda su familia y construyó una magnífica iglesia en honor de San Pedro, y sus descendientes edificaron asimismo una preciosa capilla, sobre cuya fachada hicieron grabar una inscripción, destinada a perpetuar el recuerdo de tan gran milagro.

San Antonio de Padua murió en el año 1231, y la iglesia honra su memoria el día 13 de junio. 

(Abate J. A. Gayard, Vida de San Antonio de Padua)


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