(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el miércoles 21/MAR/18

Obras de Misericordia

Sufrir pacientemente los defectos ajenos. 

A veces sucede a la inversa, y en lugar de sufrir nosotros con paciencia los defectos ajenos, hacemos sufrir a los demás con nuestros propios defectos.

Tratemos de corregirnos y tengámonos paciencia también para con nosotros mismos, porque el camino a la perfección no es de un día para el otro, sino que es gradual, con caídas y retrocesos. Por eso debemos tener paciencia con los defectos nuestros y con los de los demás, ya que muchas veces actúan sin darse cuenta de que nos molestan.

El ejemplo lo tenemos siempre en Jesús, que trataba bien a todos, incluso a los que lo perseguían y mataban.

Dice la Escritura que a fuerza de paciencia poseeremos nuestras almas. Y Santa Teresa de Jesús dice también que la paciencia todo lo alcanza.

Tenemos que armarnos de paciencia, porque también en el apostolado es necesaria e imprescindible la paciencia, ya que de lo contrario echaríamos todo a perder.

Tomemos el ejemplo de Dios, que no tiene apuro en hacer las cosas y se ha tomado siglos y milenios para realizar su obra creadora y redentora. Y como Dios es el dueño del tiempo, confiemos en Él que nos puede proveer el tiempo necesario para todo. No tengamos prisa porque Dios no la tiene. Conservemos la paz del alma y tengamos una sonrisa con los que nos fastidian, y esto será un gran heroísmo, tal vez más que morir mártires.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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