(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el domingo 27/MAY/18

Obras de Misericordia

Orar a Dios por vivos y difuntos. 

Esta es una obra de misericordia que cualquiera puede realizar sin ni siquiera salir de su casa, ¡y es tan necesaria! Porque todas las gracias nos vienen de Dios a través de la oración.

Jesús, que era Dios y no tenía necesidad de orar, quiso orar insistentemente, pasar las noches y los días en oración. ¿Nosotros nos creemos superiores a Él? Ya lo dijo el Señor en el Evangelio que el discípulo no es superior al Maestro, por eso tenemos la obligación y la imperiosa necesidad de rezar todos los días, y mucho.

Como decía San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva, y el que no reza se condena”. Así de simple.

Leamos qué nos dice Santa Faustina Kowalska sobre la oración:

“A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla.  En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar.  Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse.  Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.” (Diario #146)

Pero, además, con la oración no solo nos beneficiamos nosotros, sino que intercedemos por nuestros seres queridos y por todos los hombres, incluso los que están en el Purgatorio porque ya han muerto. Y las almas purgantes estarán infinitamente agradecidas con nosotros por nuestra oración ofrecida por ellas y nos devolverán una lluvia de gracias y bienes de todas clases.

No perdamos el tiempo inútilmente en pasatiempos frívolos como la televisión, sino usemos el tiempo para rezar más, en especial el Santo Rosario y la coronilla de la Misericordia, y así ayudaremos y llevaremos alivio a innumerables almas que solo en el Cielo conoceremos.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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