(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el domingo 29/OCT/17

Obras de Misericordia

Corregir al que yerra. 

Esta es una obra de misericordia un poco difícil de cumplir, porque siempre estamos tentados a corregir demás o de menos, de hacerlo sin el debido tacto y prudencia, o con arrebatos y gritos.

Tenemos que pedirle al Espíritu Santo que nos ayude en esta tarea, puesto que si lo hacemos mal, tal vez podemos lograr el efecto opuesto al deseado.

También es difícil corregir por el hecho de que a veces no queremos ganarnos enemigos o la antipatía de amigos y parientes. Pero es necesario que corrijamos a los que se equivocan porque si no lo hacemos, Dios nos puede pedir cuentas de esa alma que dejamos en el error.

Siempre estamos tentados a ver los defectos en los demás, por eso seamos mansos y humildes al señalar el error, y usemos las buenas maneras, aplicando la enseñanza de Jesús de hacer con los demás como quisiéramos que nos hagan a nosotros.

Recordemos que todos somos pecadores y todos nos podemos equivocar, y corrijamos con ese espíritu.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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