(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el lunes 14/AGO/17

Obras de Misericordia

Consolar al triste. 

La tristeza es el terreno propicio que utiliza Satanás para tentar a las almas, ya que cuando un alma está triste, es más fácil que caiga en pecados, y el demonio, que es cobarde, aprovecha este tiempo para atacar más ferozmente.

Por eso ¡qué importante es que consolemos a los que están tristes!

Si los apóstoles no se hubieran dormido en el Huerto de los Olivos, habrían podido consolar a Jesús que estaba mortalmente triste, y habrían logrado hacer huir a Satanás. Pero Jesús quiso padecer esto para salvar y redimir a los que están tristes, y quiere que los más buenos cumplan con estos hermanos entristecidos, la gran caridad de alegrar el alma para alejarlos de la órbita del diablo.

No es malo sentir tristeza, especialmente cuando vemos tanto mal en el mundo y en las personas; lo malo es cuando esa tristeza se desordena, es decir, cuando nos impide cumplir los deberes de estado o la misión que tenemos cada uno de nosotros.

Si Dios a veces nos envía momentos tristes, es para que sepamos por experiencia propia lo que es estar tristes, y así tengamos un corazón misericordioso y compasivo con los que están abatidos y tristes y los consolemos.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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