Actualizado el domingo 29/OCT/17

Quince minutos con el Divino Niño Jesús

Pastorcito de mi alma.

Divino Niño Jesús, tú eres el Pastorcito de mi alma. Llévala por sendas de bien, donde haya pastos saludables, es decir, donde me alimente con la sana doctrina y no cometa nunca un pecado grave. Defiende mi alma de los lobos rapaces, especialmente de los que se disfrazan de ovejas para engañar a los más incautos. Descúbreme sus trampas para que no vaya a caer yo en ellas, Tú que eres la Inteligencia del Padre. Pequeño Señor mío, te amo con todo mi corazón y te digo que soy una ovejita tuya, tuya para siempre. Protégeme como a la ovejita más debilucha y necesitada de cuidados, porque en realidad lo soy, ya que si Tú no me cuidas constantemente, me perderé por los caminos y volveré a caer en las garras del pecado. Pequeño Jesús, sé que Tú estás conmigo en todo momento, pero a veces yo me olvido esta verdad y me siento solo y abandonado por Ti. Que esto ya no suceda, Señor, o que por lo menos yo te sepa encontrar en medio del abandono, sabiendo que Tú nunca te separas de mi lado, y como eres Dios, estás en todas partes, y especialmente en mi corazón, si estoy en gracia de Dios. Te amo, Pequeñito. Ten misericordia de mí.


Del Diario de Santa Faustina Kowalska: 

+ La Hora Santa. Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor. No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente vi al pequeño Niño Jesús.  Y su Majestad me penetró y dije: Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor. Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez. (Diario # 184) 

+ Jueves.  Al empezar la Hora Santa, quería sumergirme en la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. De repente oí en el alma la voz: Medita los misterios de la Encarnación. Y de pronto, delante de mi apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma. Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu. (Diario # 332) 

Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espíritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditación sobre la infancia del espíritu. En la práctica esta infancia debe manifestarse así: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espíritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia. (Diario # 333) 

Veo cómo [el Señor Jesús] se inclina a los deseos del confesor, ya que en este período no se me aparece como maestro en la plenitud de fuerzas y de humanidad como adulto, sino que se me aparece como un niño pequeño. Este Dios infinito, se humilla hasta mí bajo la apariencia de un niñito pequeño. Pero la mirada de mi alma no se detiene en la superficie. Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito Señor de los señores, adorado (141) día y noche por los espíritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purísimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido el perdón, oh espíritus puros, por haber osado compararme con ustedes. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tú, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocío. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mi absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad. (Diario # 334) 

Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunté: Jesús, ¿por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño?  Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor.  Jesús me contestó que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como a un niño pequeño. (Diario # 335)

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