Actualizado el jueves 30/MAR/17

Quince minutos con María

Ayúdame a ser santo. 

María, ayúdame a ser santo, porque sé que eso es lo que más quieren de mí tú y tu Hijo. Ayúdame a cumplir los buenos propósitos que hago y que no queden en la nada. Necesito tenerte a mi lado a cada paso, porque no sé caminar sin ti, Madre mía. Tú eres mi Madre y yo trato de ser tu pequeño, pues ya Jesús dice en el Evangelio que los que no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los Cielos. A veces me quiero valer por mí mismo y me olvido de ti y de tu ayuda, y pronto descubro el error porque o caigo en el pecado o me desanimo y desaliento. Enséñame a orar, porque sé que de la oración depende mi salvación eterna y la salvación de muchas almas. Ayúdame en las tentaciones, especialmente en las tentaciones contra la pureza, ya que este mundo en que vivimos está muy corrompido y me quiere arrastrar al fondo del abismo. Tú que eres la Purísima, ayúdame a cuidar esta gran virtud de la pureza.


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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