Actualizado el miércoles 29/AGO/18

Ser santos

La voluntad de Dios.

Ser santos es cumplir fielmente la voluntad de Dios. Ser santo es hacer coincidir nuestra voluntad con la voluntad de Dios, es anular nuestra voluntad en la de Dios.

Porque cuando Dios nos creó, diseñó un proyecto de vida para nosotros y nos dio una misión para realizar aquí en la tierra y llegar más fácilmente a la santidad por el camino que Él nos trazó desde toda la eternidad. Si seguimos ese camino, entonces nuestra salvación es segura y llegaremos a la cima del monte de la santidad, pero si no seguimos ese camino corremos el riesgo de perdernos eternamente.

Tal vez hemos equivocado el camino por mucho tiempo, y recién ahora descubrimos esta verdad. Entonces es el momento de rezar más, mucho más, para conocer qué es lo que Dios quiere de nosotros.

Lo que Dios quiere de nosotros es que cumplamos los Diez Mandamientos, las enseñanzas del Evangelio, lo que nos manda la Iglesia, lo que nos aconseja nuestro director espiritual y también que sigamos las inspiraciones de la gracia en nosotros y que cumplamos bien y a conciencia nuestros deberes de estado.

También tenemos que rezar mucho para saber en qué estado de vida nos quiere Dios, si en el mundo, en medio del combate cotidiano, o de religioso o sacerdote, o formando una familia o soltero o viudo, etc. Dios nos va mostrando a través de los acontecimientos lo que espera de nosotros, y si tenemos la ayuda de un buen director espiritual, prudente y sabio, entonces todo esto acompañado de la frecuente oración, nos ayudará a decidir qué camino tomar.

Porque en realidad el camino que Dios nos marca es el que nos hará más felices aquí en la tierra y, sobre todo, en el Cielo. No nos arriesguemos a perder el Paraíso por seguir nuestro capricho.

Tenemos que rezar mucho, porque la oración ilumina los más oscuros senderos y nos lleva directamente al Corazón de Dios.

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