Actualizado el domingo 23/JUL/17

Signos de los tiempos

Las calamidades. 

Las calamidades de todo género van en aumento. Y es lógico que esto suceda porque el pecado ha aumentado mucho y siempre es el pecado la causa de todos los males, incluso los desastres naturales, enfermedades y calamidades de todo género.

Porque Dios no quiere el mal, pero lo permite para castigo de los hombres que, al pecar, se desposan con Satanás y éste les da sus dones, que son la violencia, la maldad, el odio y toda clase de males materiales y espirituales.

Porque hay que entenderlo de una vez por todas: Dios no es la causa del mal, pues Dios es Bueno y Él no puede nunca causar un mal. Todo el mal viene de Satanás y de los hombres malvados, y Dios permite a veces este mal, porque sabe sacar un bien para sus hijos, y a través de estos castigos permitidos por Dios, es como el hombre muchas veces entra en sí mismo y recapacita; vuelve a acordarse de la vida eterna, de que algún día tendrá que morir, y así se salvan del Infierno. Esto es lo que produce muchas veces el castigo. Pero Dios no nos querría castigar nunca, porque Él es un Dios de amor, Él es el Amor, cuando Satanás es Odio. Por eso tenemos que rezar cada vez más para reducir el avance del mal, del Maligno, para reparar por tantos pecados cometidos y ya no reparados, porque si superamos la medida, si la copa de la Divina Justicia se desborda, seremos aplastados. Entonces este es tiempo de hacer sacrificios y oraciones para detener o al menos frenar los males que vienen por causa de los pecados de los hombres.

Tratemos de convertirnos mientras hay todavía tiempo, porque ya estamos viendo los desastres naturales, pestes y guerras, que solo tienen su causa en el pecado de los hombres.

El demonio no solo quiere destruir las almas, sino la Iglesia y hasta la misma naturaleza y el mundo. Todo quiere destruir, porque él es Odio y nada más que odio. Entonces opongamos el amor al odio, y devolvamos bien por mal, que así contribuimos a alejar de nosotros, de nuestros seres queridos y de nuestra patria, los castigos mil veces merecidos por nuestros pecados.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)