Actualizado el jueves 19/ABR/18

Signos de los tiempos

Calamidades naturales. 

El pecado ha entrado en el mundo y el mundo se desordenó. Debemos saber que todo el mal que hay en el mundo viene por causa del pecado. Cuando el hombre más peca y más se aleja de Dios, tanto más comienzan a suceder catástrofes naturales, epidemias y enfermedades de todo género, porque el pecado es el causante de todos los males. Y ya la Virgen nos viene advirtiendo que si la humanidad no se convierte y vuelve a Dios, vendrá sobre ella un terrible castigo. Ya Dios permite castigos parciales con los que nos quiere llamar para que nos convirtamos. Dios no quiere castigar, Él quiere usar siempre de misericordia, pero incluso en medio de los castigos Él es misericordioso, porque siempre Dios es movido por el amor, y es preferible sufrir aquí en la tierra por alguna calamidad, que no sufrir para siempre los horrores del Infierno. Entonces nunca juzguemos a Dios, porque lo que Él quiere o permite que suceda, siempre es para bien de los que ama, y por amor hacia sus criaturas que quiere salvas y para siempre con Él en el Cielo.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)