Actualizado el jueves 8/FEB/18

Signos de los tiempos

La Fe puesta a prueba. 

En estos tiempos tan difíciles la Fe es puesta a prueba duramente, los que cumplen los mandamientos del Señor son probados a fondo y solo el que persevere hasta el fin se salvará. Se ha dado gran libertad a los demonios para que actúen en el mundo, y ellos atacan ya sin máscaras ni disfraces, sino directamente con enfermedades y calamidades de todo tipo, por eso debemos prevenirnos de sus ataques con la oración, los sacramentales, como medallas benditas, agua bendita; los sacramentos y la vigilancia. Y sobre todo tenemos que consagrarnos al Corazón Inmaculado de María, ya que la Virgen en muchas de sus apariciones nos promete que cuidará nuestra fe para que no la perdamos a pesar de las pruebas. Es el momento de decir que Satanás ha pedido permiso a Dios para sacudirnos como ramas al viento, ¡y cuántos quedarán en el camino! Es tiempo de despertarnos y tomar las armas que el Señor nos ha enseñado: oración y penitencia. Con estas armas es como se vence a Satanás y sus demonios. También vienen en ayuda del Maligno los medios de comunicación social, en gran parte en manos de los enemigos de Cristo y de la Iglesia, que ayudan a crear todo este ambiente de ateísmo y maldad.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)