Actualizado el miércoles 14/MAR/18

Revelaciones de Jesús a Sor María Natalia Magdolna

III

MENSAJES A LOS SACERDOTES

 

El amor a la cruz

 

El Señor me dijo:

–Hay solamente unas cuantas almas sacerdotales que aman la cruz. Muchos de ellos no quieren ni oír hablar del sufrimiento y la abnegación. Esto es porque ni siquiera Me piden tener amor por el sufrimiento. Los sacerdotes deben pedir diario el amor a la cruz para ellos mismos y también para las almas a ellos encomendadas. Si hicieran esto, se les daría la gracia del amor al sufrimiento, llegaría a serles agradable y podrían hacer actos heroicos. Yo aniquilaría en ellos todo lo que pudiera matar el amor y aumentaría en ellos el amor a la cruz. Les daría el don del amor pobre y humilde. Recibirían la gracia mística de poder enterarse de los secretos especiales de mi Corazón. Me gustaría darles a conocer esta gracia especial en este tiempo en que se aproximan los sufrimientos de mis escogidos.

En una ocasión Jesús me enseñó esta oración:

Señor mío, dame la gracia de amar

sufriendo como Tú lo hiciste.

Dame la gracia de llevar mi cruz

como Tú lo hiciste.

Señor mío, dame la gracia de poder siempre

reconocer y cumplir tu voluntad

y permanecer siempre unido a Ti,

glorificándote en todo lo que haga.

María, Madre de Jesús y Madre mía,

enséñame a amar sufriendo. Amén.

 

En una de mis visiones, Jesús se dirigió a un grupo de sacerdotes, diciéndoles:

–¡Sacerdotes míos, los amo! Vengan a mi divino Corazón que está abierto para ustedes y los espera. Este Corazón no es solamente mío sino que pertenece a todos aquellos a quienes Yo amo. Vengan a este cálido hogar para que Yo pueda avivarlos; purifíquense y revístanse de mi poder divino. Ustedes no necesitan más que amarme y estar unidos a Mí. Si Me aman de este modo, Yo los conduciré no solamente al Calvario sino también al monte Tabor. ¡Oh alma! ¿Por qué estás tan vacía? ¡Oh Gólgota! ¿Por qué estás tan abandonado? ¡Oh pecado, oh carne, oh infierno! ¿Por qué están tan poblados? Algunos sacerdotes están tan llenos del mundo y de sí mismos que no tienen ningún lugar para Mí en sus almas. Ni siquiera aceptan las gracias que Yo quiero darles. Desprecian mi misericordia y dicen: “¡Es suficiente si amamos al Salvador!”, y nunca piensan que su amor debería parecerse un poco al Mío. Así bloquean mis esfuerzos para aumentar su fe y la reemplazan con su amor fingido. El verdadero alimento del amor es el sufrimiento, y con este alimento Yo nutro a todas las almas.

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