Actualizado el jueves 14/SEP/17

Vivir católico

Silencio. 

El silencio es muy necesario para la vida espiritual, porque en el silencio nos habla Dios, y en el silencio podemos tomar las importantes decisiones de la vida.

Busquemos el silencio para hablar con Dios y para meditar las verdades eternas, para hacer la lectura espiritual, para rezar, porque en el ruido es más difícil escuchar a Dios.

También debemos guardar silencio nosotros, con los demás, porque un alma parlanchina jamás llegará a ser santa.

No sigamos a este mundo que está invadido por el ruido y la disipación, sino busquemos en nuestra casa un lugar tranquilo para hacer oración, para hablar con Dios y con María.

Acostumbrémonos también a guardar silencio interior, porque a veces suele suceder que hay silencio en el exterior, pero nuestros pensamientos están llenos de ruidos y de divagaciones, y así no tenemos silencio interior. Hay que saber hacer callar a nuestra mente y esto lo lograremos si nos habituamos a la oración, especialmente al Santo Rosario.

Que cada palabra que salga de nuestros labios esté acompañada de un profundo silencio antes y después de pronunciarla, porque palabra que sale no vuelve, y a veces podemos cometer muchos pecados con la lengua y el hablar de más.

Hoy a veces se hace difícil encontrar un lugar apropiado para estar un momento en silencio, porque Satanás ha logrado con los medios modernos de comunicación, hacer mucho ruido en el mundo y en nuestra alma. Pero si nos proponemos guardar silencio, encontraremos el momento y el lugar apropiados, porque el que busca, encuentra.

Imitemos a Jesús que guardó silencio ante Herodes y ante Pilato, y también nosotros guardemos silencio ante las acusaciones y ofensas, sin devolver palabra dura por ofensa. Y aunque esto nos cueste mucho, agradaremos sobremanera a Jesús, que verá en nosotros a sus fieles hijos e imitadores.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.