Actualizado el jueves 19/ABR/18

Vivir el Evangelio

Perdonar. 

Dios nos manda perdonar a los que nos ofenden, o que creemos que nos han ofendido. Pero esto es imposible a las solas fuerzas naturales, sino que necesitamos la ayuda de Dios, la gracia, para poder perdonar de corazón a los que nos han hecho daño.

Por eso tenemos que pedir ayuda a Dios para perdonar a todos de corazón para cumplir con este mandamiento que nos da el Señor, y del cual depende también que seamos perdonados por Dios, pues Él nos perdonará en tanto y en cuanto perdonemos nosotros a nuestra vez a los que nos ofendieron.

Cada vez que participemos de la Santa Misa, al inicio, cuando pedimos perdón a Dios, pensemos en lo profundo del corazón en los que nos ha ofendido y perdonémoslos de corazón, saquemos el odio de nuestra vida, porque el odio es como una serpiente que nos estrangula primero a nosotros.

También cuando en la Santa Misa recemos el Padrenuestro, perdonemos de corazón a nuestros ofensores. Hagamos el esfuerzo, que Dios no nos negará su gracia para que el perdón sea verdadero, aunque no lo sintamos, porque no se trata de sentir, sino de un acto de la voluntad, de querer perdonar, aunque no lo sintamos.

Entonces no dejemos jamás la oración, porque todas las ayudas que da Dios, las da a través de la oración, y si no rezamos es lógico que tampoco podamos perdonar al prójimo. Cuanto más recemos, tanto más podremos perdonar a todos, e incluso pediremos en la oración por nuestros enemigos y ofensores, para que también alcancen el Cielo con nosotros.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.