Actualizado el sábado 13/OCT/18

Vivir el Evangelio

No están abolidos. 

Muchos cristianos, e incluso también sacerdotes, están creídos que el sexto y el noveno mandamientos fueron abolidos, y que ya nada es pecado. Los fieles pecan contra la pureza constantemente y ya no se confiesan. Y a veces si quieren confesar su pecado, no pocas veces encuentran a sacerdotes para los que ya nada es pecado.

Hay que andar con mucho cuidado porque Cristo ha instituido el Sacramento de la Confesión para bien de las almas, pero el Infierno hace todo lo posible para convertirlo en medio de condenación.

Busquemos un buen sacerdote para confesarnos, porque si bien todos los sacerdotes tienen el poder de perdonar los pecados, no todos saben dar buenos consejos en la confesión o dirección espiritual.

Hoy hay muchos sacerdotes que van por el camino del mal y con ellos arrastran a muchas almas. Y Satanás sabe muy bien que haciendo caer a un consagrado, lleva a perdición a incontables almas. Tenemos que rezar mucho por los sacerdotes, que están siendo combatidos por el Infierno.

Los Diez Mandamientos no pueden cambiar ni pueden ser abolidos, sino que ellos estarán en vigencia mientras el mundo exista. ¿Quién es, entonces, quien se permite abolirlos, o no cumplirlos todos? Ciertamente estos tales no son de Dios ni inspirados por Dios, sino seducidos por el demonio, que les induce a violarlos impunemente y a no confesar más los pecados.

El demonio ha logrado su mejor objetivo que es el de pasar desapercibido, el hacer creer que él no existe, que es una fábula del pasado o una idea medieval. ¡Qué tremendo chasco se van a llevar quienes, en el lecho de muerte, poco antes de pasar a la eternidad, vean a los demonios rodear su lecho de moribundo, dispuestos a arrebatar el alma para llevársela al Infierno!

Tengamos cuidado y no nos dejemos engañar por el Abismo, porque quien no cumple los Mandamientos, no ama a Dios y no es de Dios.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.