Actualizado el miércoles 21/NOV/18

Cartas de San Pablo.

Respetar la Ley divina.

Pero si tú, que te dices judío y descansas en la ley; que te glorías en Dios; que conoces su voluntad; que disciernes lo mejor, amaestrado por la ley, convencido de ser guía de ciegos, luz de los que andan en tinieblas, educador de ignorantes, maestro de niños, porque posees en la ley la expresión misma de la ciencia y de la verdad... pues bien, tú que instruyes a los otros ¡a ti mismo no te instruyes! Predicas: ¡no robar!, y ¡robas! Prohíbes el adulterio, y ¡adulteras! Aborreces los ídolos, y ¡saqueas sus templos! Tú que te glorías en la ley, transgrediéndola, deshonras a Dios. Porque, como dice la Escritura, el nombre de Dios, por causa de ustedes, es blasfemado entre los gentiles. (Rm 2, 17-24). 

Comentario: 

Ojalá esto no nos toque también a nosotros los católicos. Pero creo que si somos sinceros debemos reconocer que no damos buen ejemplo, y así los paganos no se convierten porque no ven en nosotros un testimonio que los convenza. Basta con ver, por ejemplo, la gente que está frente a los sagrarios de la tierra. Si los católicos saben que Dios Verdadero está allí presente en la Hostia consagrada, ¿cómo es posible que lo dejen tan sólo y lo desprecien tanto, y hasta sus sacerdotes lo traten de forma tan inconveniente, hasta cometiendo sacrilegios? Y eso es solo una cosa entre tantas. Pero ¿y el cumplimiento de los mandamientos? ¿Quién los cumple? El que no mata de hecho, mata con la palabra; el que no roba dinero, comete fraude en las ventas, el que no engaña a su esposa, tiene pensamientos impuros. Es tiempo de que nos convirtamos porque el Señor muy pronto pedirá cuentas a su Iglesia y a cada uno en particular. Dios quiera que no seamos motivo de escándalo sino de ayuda al acercamiento de los infieles a Dios.

¡San Pablo, ruega por nosotros!

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