Actualizados el viernes 29/MAR/19

CATECISMO PARA NIÑOS

Vivir en gracia de Dios. 

Debemos inculcar a los niños desde pequeños, que lo más importante es vivir en gracia de Dios, tener a Jesús en el corazón, y jamás cometer un pecado grave.

Sería muy bueno que los niños comiencen a confesarse con el sacerdote desde los cinco años por lo menos, para que se vayan acostumbrando a recibir cada vez mejor el sacramento y reciban gracias y fortaleza que Jesús derramará sobre ellos en la confesión.

El atleta se prepara a su competencia por medio del ejercicio, y las virtudes se conquistan haciendo actos virtuosos. Entonces tenemos que inculcar con amor en los niños el espíritu de sacrificio, no darles siempre todos los gustos, ya que esto es un daño que les hacemos y después cuesta mucho revertir.

Pero como ya el Señor ha dicho en su Evangelio que quien desprecia lo pequeño, poco a poco caerá en lo grave, entonces tenemos que enseñar a los pequeños a evitar no sólo el pecado grave, sino también todo pecado, diciéndoles que con cada pecado es como que clavamos una espina en el Corazón de Jesús y otra en el Inmaculado Corazón de María.

Sería bueno que los catequistas confeccionen un corazón donde se puedan clavar agujas y hagan que los chicos, en cada clase de catecismo claven una o más agujas según los pecados que hayan cometido, o que desclaven algunas si se han vencido en algo o si hicieron una buena obra.

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."