Actualizados el lunes 4/FEB/19

CATECISMO PARA NIÑOS

Inocencia. 

Hay que respetar la inocencia de los niños. No es necesario que los niños sepan todo, porque hay una ignorancia que es divina. Ya Eva en el paraíso terrenal, quiso conocer lo que Dios le había prohibido, no por capricho, sino porque ciertas cosas es mejor no conocerlas, es decir, que el mal es mejor no conocerlo. Dios sí lo puede conocer, porque Él es la Bondad infinita y el mal no puede hacer nada contra Él. Pero a nosotros los hombres, y a los niños especialmente, el mal no los deja indiferentes, sino que corrompe el alma y enturbia el pensamiento.

¿Y qué decir de las escuelas modernas que enseñan a los niños todo sobre el sexo, escandalizándolos, e introduciéndolos en la práctica de los más graves pecados?

Podemos decir sin miedo a equivocarnos que estas escuelas están, ni más ni menos, que guiadas por Satanás, y los maestros y profesores que se prestan a estas enseñanzas, no son ni más ni menos que servidores del demonio.

Llamemos a las cosas por su nombre, porque en estos tiempos se quiere emplear palabrería difícil para esconder las aberraciones morales más graves. Pero recordemos que Dios es simple, y todo lo que viene de Él es simple. En cambio el Error, el Mal, siempre trata de complicar todo, y por eso se usan términos engañosos para corromper.

No adelantemos a los niños en lo que por el momento no es bueno que conozcan, porque podemos llegar a merecer aquella sentencia de Jesús: “Quien escandalice a uno de estos pequeños, sería mejor que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al fondo del mar”.

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."