Actualizado el domingo 15/ENE/23

Conociendo a Jesucristo

Jesús, el Bueno. 

Jesús es bueno, es la bondad infinita, porque es Dios, y Dios es el amor y la bondad. Por eso si queremos conocer verdaderamente a Jesús, tenemos que conocerlo a través de su Sacratísimo Corazón, es decir, viendo los sentimientos que Él tiene en su Corazón. Y en ese Corazón encontraremos que hay amor para nosotros, y nos alegraremos de tener un Salvador tan misericordioso y bueno.

Alejemos de nosotros todo temor servil hacia Jesús, y veámoslo como al Amigo bondadoso que quiere nuestro bien y que todo lo que quiere o permite en nuestras vidas, siempre es por nuestro bien y porque nos ama, nunca por odio hacia nosotros.

¡Qué bueno es Jesús! Si nosotros lo experimentáramos más, a través de la oración y del diálogo con Él, y también por medio de la reflexión de las cosas que nos pasaron en la vida y lo que nos sigue sucediendo, comprobaremos que el Señor Jesús es la misma Bondad que se inclina sobre nuestra nada para hacernos felices ya desde esta tierra.

Confiemos en Jesús que nos ama y quiere nuestro bien, y entreguémonos cada vez más a Él, que no seremos defraudados, pues primero fallarán el cielo y la tierra, antes de que Jesús nos decepcione. Quien confía en Él, conocerá la felicidad ya desde este mundo.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!