Actualizado el miércoles 23/ENE/19

Conociendo a Jesucristo

Sinceridad de Jesús. 

¡Cuánto apreciamos y valoramos la sinceridad de las personas con las que tratamos! Soñamos con encontrarnos con personas que no nos engañen ni traicionen, y a veces nos desengañamos con los hombres, porque no son lo que parecen ser y nos sentimos defraudados.

Pero con Cristo sucede todo lo contrario, pues cuanto más lo conocemos, tanto más nos enamoramos de Él, porque en Él no hay dobles intenciones, no hay falsedad, no hay traición. Él se ha dejado matar por cada uno de nosotros, y lo volvería a hacer, incluso lo hace realmente en casa Santa Misa.

Él es la Verdad, y a nosotros que nos gusta tanto encontrar verdad en los demás, en Jesús encontraremos a la Verdad misma.

¡Qué felices seremos si dedicamos nuestra vida a conocer cada día más profundamente a Jesucristo! Porque Él es el Tesoro escondido de la parábola, que cuando uno lo encuentra debe vender todo y adquirir ese tesoro inagotable.

Cuando profundizamos en Jesús, entonces descubrimos que no tiene límites la belleza y riqueza de su Persona, pues es el mismo Dios hecho hombre, es el Ser infinito que se nos descubre y muestra con todos sus encantos.

Dejemos los pasatiempos inútiles y dediquemos más tiempo a la oración, a la meditación de la Palabra de Dios, y a visitar a Jesús en la Eucaristía, con estos medios lograremos conocer cada vez más profundamente a Jesús y eso nos colmará de felicidad inenarrable. Recibámoslo en la Comunión y seremos una sola cosa con Él.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!