Actualizado el lunes 10/DIC/18

Conociendo a Jesucristo

Jesús, el Traicionado. 

¡Qué horrible nombre para Jesús! Pero es la pura verdad, Cristo fue traicionado por uno de sus Apóstoles, por uno de sus elegidos, por uno de sus íntimos. Y lo más terrible de esto es que Jesús sigue siendo hoy traicionado por los cristianos que cambian su fe por un plato de lentejas, es decir, por los bienes materiales, por la comodidad, por el honor, por el orgullo.

Jesús llamó “amigo” a quien lo entregaba a la muerte, llamó “amigo” a Judas Iscariote, que lo vendía por treinta monedas de plata.

Y nosotros, cada vez que pecamos, estamos traicionando a Jesús; cada vez que escondemos nuestra fe ante los hombres por respeto humano, estamos traicionando a Cristo.

Cada santo tiene su traidor, porque es una ley que sea así, y si nosotros queremos ser buenos y santos, también tendremos nuestro traidor.

Lo importante es que nosotros no seamos traidores de Jesús, sino siempre fieles a Él, hombres sin doblez, nunca falsos, sino francos y sencillos.

¡Qué dolor habrá sentido el Señor al ver la ruina espiritual de Judas, al ver la ruina futura de tantos Judas que vendrían luego en el tiempo! Ojalá nosotros no estemos entre éstos, porque el Infierno, para un traidor de Jesús, para un traidor de Dios, debe ser cien veces más terrible que para los demás.

Pensemos en esto y entremos en lo profundo del Corazón de Cristo para saborear su infinito sufrimiento por la traición de sus elegidos y compadezcámonos de Él.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!