Actualizado el jueves 1/DIC/22

Mensaje a los consoladores de Jesús y María

Consolemos a María. 

Si cada pecado mortal que se comete es un volver a crucificar a Cristo, entonces podemos hacernos una idea del tremendo sufrimiento de María, la Madre de Cristo, ante tantos pecados mortales como se cometen en el mundo.

¿Qué podemos hacer nosotros, pobres hombres y mujeres que no tenemos influencia en los medios de comunicación ni en la política, para tratar de corregir las costumbres de los pueblos y que así el Señor deje de ser ofendido?

No podemos hacer nada humanamente, pero sí podemos hacer mucho sobrenaturalmente. Porque Dios no eligió a los sabios y poderosos de este mundo, sino que eligió a los sencillos, y con ellos, un grupo de pescadores incultos, incendió el mundo con el fuego del amor cristiano.

Pero hay dos cosas que se pueden hacer para consolar a María: una es evitar que la gente peque, y la otra es consolar a María por los pecados que cometen los hombres.

A veces no tenemos la manera de evitar que los demás pequen, pero siempre tenemos la ocasión de reparar los pecados de los hombres con nuestro amor y consuelo.

Entonces, vivamos bien nuestro cristianismo, siendo hombres y mujeres sin doblez, para que María, al vernos, consuele su Corazón tan dolorido por tantas heridas como pecados hay en la humanidad.


Jesús y María están perfectamente gloriosos en el Cielo, pero siguen sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres. Por eso Jesús ha mostrado su Corazón circundado de espinas a Santa Margarita María de Alacoque y a otros muchos santos, indicando con ello el gran sufrimiento que padece. También María ha mostrado a los pastorcitos de Fátima su Corazón rodeado de una corona de espinas y muchísimas imágenes de la Virgen han llorado, incluso lágrimas de sangre.

Este es el momento de consolar a Jesús y María y por ello he creado este grupo, hoy, cerca de la medianoche del 9 de abril de 2009, Jueves Santo de la Cena del Señor. He elegido esta noche porque es la noche en que Jesús y María más sufrieron, Uno en el Huerto de los Olivos mientras sus apóstoles dormían, y la Virgen en el cenáculo, orando y llorando por su Hijo que sufría terriblemente el abandono, la tristeza, la angustia y el miedo.

La misión de los miembros de este grupo será la de consolar a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, con la oración, con los sacrificios, con el cumplimiento fiel de los deberes del propio estado y, sobre todo, con el amor, con muchísimo amor hacia Ellos que dieron todo por los hombres.

Cada día publicaré un sencillo texto que nos ayudará a encender el amor a Jesús y a María en nuestros corazones.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez seamos más los consoladores de Jesús y María!

Jesús, María, os amo, salvad las almas

 

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