Actualizado el miércoles 5/DIC/18

Mensaje a los consoladores de Jesús y María

Quién ha sido.

Señor, ¿quién te ha puesto así tan lastimado y herido, ofendido y vilipendiado? El amor que tienes a tus criaturas, los hombres. Por nosotros, Señor, te has quedado sin una gota de sangre, recibiendo insultos y ofensas. ¿Y yo, Señor, no te consolaré con mi amor para que estés menos triste y desilusionado? Sí, Jesús mío, Dios mío, quiero darte todo mi amor y decirte que no fue en vano todo lo que sufriste por mí, por nosotros, porque hay un puñado de hombres y mujeres que te amamos, y con nuestro amor ardiente queremos ocultarte las maldades y odios de los demás hombres. Nosotros, los consoladores de tu Corazón y el de tu Madre, queremos reparar las ofensas y darles amor y más amor, pues amor con amor se paga. ¡Cómo no compadecernos al verte todo herido y lloroso! Dan ganas de estrecharte y abrazarte tiernamente y decirte que te amamos y que estamos dispuestos a hacer todo por ti, con tu ayuda por supuesto, porque solos somos menos que nada, pero con la ayuda de tu gracia somos omnipotentes. Señor, no mires los pecados de los hombres que cada vez más se alejan de ti, sino mira nuestro corazón que está lleno de amor por ti y por María, y ten misericordia de todo el mundo en atención a nuestro amor, porque tú quieres el poco, para reparar el mucho; quieres nuestro pobre pero sincero amor, para reparar el mucho y grande odio de los demás hombres.


Jesús y María están perfectamente gloriosos en el Cielo, pero siguen sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres. Por eso Jesús ha mostrado su Corazón circundado de espinas a Santa Margarita María de Alacoque y a otros muchos santos, indicando con ello el gran sufrimiento que padece. También María ha mostrado a los pastorcitos de Fátima su Corazón rodeado de una corona de espinas y muchísimas imágenes de la Virgen han llorado, incluso lágrimas de sangre.

Este es el momento de consolar a Jesús y María y por ello he creado este grupo, hoy, cerca de la medianoche del 9 de abril de 2009, Jueves Santo de la Cena del Señor. He elegido esta noche porque es la noche en que Jesús y María más sufrieron, Uno en el Huerto de los Olivos mientras sus apóstoles dormían, y la Virgen en el cenáculo, orando y llorando por su Hijo que sufría terriblemente el abandono, la tristeza, la angustia y el miedo.

La misión de los miembros de este grupo será la de consolar a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, con la oración, con los sacrificios, con el cumplimiento fiel de los deberes del propio estado y, sobre todo, con el amor, con muchísimo amor hacia Ellos que dieron todo por los hombres.

Cada día publicaré un sencillo texto que nos ayudará a encender el amor a Jesús y a María en nuestros corazones.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez seamos más los consoladores de Jesús y María!

Jesús, María, os amo, salvad las almas

 

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