Actualizado el viernes 18/ENE/19

Mensaje a los consoladores de Jesús y María

Gloriosos en el Cielo.

Señor, tú y tu Madre están ya gloriosos en cuerpo y alma en el Cielo, pero sin embargo siguen sufriendo. Así lo atestiguan las diversas apariciones a almas santas a las que les has confiado que sufres en tu Corazón herido por los pecados de los hombres. ¿Entonces sigues sufriendo tú, sigue sufriendo tu Madre? Sí, así es. No sufren materialmente, pero sí sufren espiritual y moralmente, por eso es nuestro deber el consolar vuestros Corazones. ¡Y cuánto mayor dolor causan las penas morales y espirituales! ¡Más que las físicas! Por eso, Señor, a partir de hoy, estamos dispuestos a aliviar tus sufrimientos y los de María, y con nuestro sincero amor y cariño, vamos a hacer pequeños sacrificios y pequeños actos de amor para que ustedes estén contentos y sonrían, y así hagan llover sobre nosotros y sobre todo el mundo una gran cantidad de gracias. Tú, Señor, dices en el Evangelio que son felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Y si somos misericordiosos con los hermanos, tú serás misericordioso con nosotros. Pero también queremos ser misericordiosos contigo que sufres tanto y con tu Madre Santísima. Así sí seremos completamente misericordiosos y nos haremos más semejantes a ti y tendremos la semejanza contigo. Gracias, Señor, por permitirnos llevarte un poco de consuelo a tu Divino Corazón.


Jesús y María están perfectamente gloriosos en el Cielo, pero siguen sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres. Por eso Jesús ha mostrado su Corazón circundado de espinas a Santa Margarita María de Alacoque y a otros muchos santos, indicando con ello el gran sufrimiento que padece. También María ha mostrado a los pastorcitos de Fátima su Corazón rodeado de una corona de espinas y muchísimas imágenes de la Virgen han llorado, incluso lágrimas de sangre.

Este es el momento de consolar a Jesús y María y por ello he creado este grupo, hoy, cerca de la medianoche del 9 de abril de 2009, Jueves Santo de la Cena del Señor. He elegido esta noche porque es la noche en que Jesús y María más sufrieron, Uno en el Huerto de los Olivos mientras sus apóstoles dormían, y la Virgen en el cenáculo, orando y llorando por su Hijo que sufría terriblemente el abandono, la tristeza, la angustia y el miedo.

La misión de los miembros de este grupo será la de consolar a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, con la oración, con los sacrificios, con el cumplimiento fiel de los deberes del propio estado y, sobre todo, con el amor, con muchísimo amor hacia Ellos que dieron todo por los hombres.

Cada día publicaré un sencillo texto que nos ayudará a encender el amor a Jesús y a María en nuestros corazones.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez seamos más los consoladores de Jesús y María!

Jesús, María, os amo, salvad las almas

 

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