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Columna L
A Jesús también lo consolamos cuando consolamos a los hombres y mujeres que sufren, ya que Cristo está en ellos, pero especialmente en los que sufren.
Así que socorriendo a los prójimos necesitados, estamos ayudando al mismo Señor, e incluso, como dice el Apóstol, muchos sin saberlo han dado alojamiento a ángeles. ¡Cuánto más nosotros debemos empeñarnos en ayudar a los más necesitados, puesto que estamos haciéndolo con el mismo Jesús!
Y María está allí donde está Jesús, porque desde la Encarnación, ya ambos no se separaron más, y donde está Jesús, allí también está María, su Madre dulcísima.
Pensemos estas cosas cuando vamos a un hospital o vemos en cualquier parte a alguien que sufre, para tener entrañas de misericordia y consolar a los tristes, a los que lloran, porque estaremos consolando en sus personas, al mismo Jesucristo, Hijo de Dios, y a María Santísima, Madre de Dios. ¡Qué premio recibiremos por ello! Pero solo nos basta con saber que los Corazones de Jesús y de María se alivian con nuestras acciones, y ese es el mejor premio que podemos recibir, saber que hacemos felices a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Animémonos a hacer obras de misericordia, porque obras son amores y no buenas razones.
Jesús y María están perfectamente gloriosos en el Cielo, pero siguen sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres. Por eso Jesús ha mostrado su Corazón circundado de espinas a Santa Margarita María de Alacoque y a otros muchos santos, indicando con ello el gran sufrimiento que padece. También María ha mostrado a los pastorcitos de Fátima su Corazón rodeado de una corona de espinas y muchísimas imágenes de la Virgen han llorado, incluso lágrimas de sangre.
Este es el momento de consolar a Jesús y María y por ello he creado este grupo cerca de la medianoche de un Jueves Santo, el día de la Cena del Señor. He elegido esa noche porque es la noche en que Jesús y María más sufrieron, Uno en el Huerto de los Olivos mientras sus apóstoles dormían, y la Virgen en el cenáculo, orando y llorando por su Hijo que sufría terriblemente el abandono, la tristeza, la angustia y el miedo.
La misión de los miembros de este grupo será la de consolar a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, con la oración, con los sacrificios, con el cumplimiento fiel de los deberes del propio estado y, sobre todo, con el amor, con muchísimo amor hacia Ellos que dieron todo por los hombres.
¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez seamos más los consoladores de Jesús y María!
Jesús, María, os amo, salvad las almas.