Actualizado el jueves 29/JUL/21

De pecadores a santos

No puedo ser santo. 

Algunos dicen: “Yo no puedo ser santo, la santidad no es para mí”, y no saben que diciendo así, están haciendo caso al demonio que les sugiere este pensamiento, puesto que es Dios mismo que quiere que TODOS, sin excepción, seamos santos. Pero no por nuestro mérito sino ayudados por Dios, porque es Dios mismo que nos hará santos, si le dejamos actuar en nuestra vida.

Y si fuimos muy pecadores e incluso lo continuamos siendo, no es obstáculo para llegar a ser santos, puesto que nuestros numerosos y graves pecados atraen sobre nosotros la Misericordia de Dios, y si sabemos ser humildes y humillarnos ante Dios, entonces Él nos colmará de tantas gracias y dones, que no podremos menos de quedar admirados del amor que Dios nos tiene, y no tendremos otra alternativa que llegar a ser santos.

Dios nos ama. Él sólo odia el pecado, pero ama al pecador, y basta que un pecador se arrepienta de corazón, para que el Señor lo estreche contra su Corazón y lo colme de favores tales que dejan boquiabierto a cualquiera.

¿Acaso no tenemos ejemplos de santos que eran tremendamente pecadores, pero que llegaron a ser grandísimos santos? Un San Agustín, la misma María Magdalena.

No nos cansemos de luchar contra el pecado, y si caemos muchas veces en el día, no quedemos en el suelo, sino levantémonos pidiendo perdón a Dios, y haciendo una confesión con el sacerdote, y perseveremos en este combate, hasta que el demonio suelte su presa, y nos deje relativamente tranquilos, pues él no quiere que nos escapemos de sus manos, y es al principio de la conversión de una persona cuando más la acecha.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.