Actualizado el lunes 19/ABR/21

De pecadores a santos

Amados por Dios. 

No hay nada que mueva más a un pecador para salir de su lastimoso estado de pecado, que el darse cuenta del infinito amor que Dios le tiene.

Así le sucedió a María Magdalena, de la que Jesús echó siete demonios, que según los Padres de la Iglesia eran los siete vicios capitales. Luego María Magdalena lo acompañó al Señor en su vida pública y tuvo hermosos gestos hacia Él, como la unción con perfume de nardo puro, y a ella el Señor le encomendó la tarea de anunciar que Él había resucitado. Fue a la primera que se apareció Jesús después de resucitar, según el Evangelio.

Es que el Señor tiene mucho amor por los pecadores, porque sabe muy bien que si alguno de ellos se da cuenta del miserable estado en que se encuentra, y se arrepiente, entonces será un gran santo, porque el mismo impulso que lo llevó al abismo del pecado, lo llevará ahora a la cumbre de la santidad.

Así que nosotros, por nuestra parte, no juzguemos a nadie, porque quien hoy nos parece un gran pecador, quizás mañana nos tome la delantera en el camino hacia el Cielo. Como también puede suceder que quien ahora está seguro, termine en las más graves caídas, ya que dice muy bien el Apóstol: “Quien esté seguro, cuide de no caer”.

El amor borra todos los pecados, y los pecadores que han pecado mucho y a los que el Señor les perdona todo, suelen demostrar mucho amor, como el mismo Señor lo indica en el Evangelio, y aventajan así a los justos que no necesitan convertirse.

El Evangelio da muchos ejemplos de esto que decimos, como la parábola del hijo pródigo, de los trabajadores de la viña, de los dos hijos, etc.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.