Actualizado el miércoles 23/ENE/19

De pecadores a santos

Reconocernos enfermos. 

Ningún enfermo que desconoce su enfermedad se da prisa para curarse. Es necesario que el enfermo reconozca que está enfermo, para poner los medios para sanarse.

Así también sucede con el pecador. Debe darse cuenta de que está enfermo, que tiene su alma enferma, y que necesita del Médico divino para salir de ese lastimoso estado.

¿Puede una piedra que cae hacia abajo, volver a subir por su propia cuenta? No. Sólo una ley superior a la ley de la gravedad podría obtener este milagro.

Tampoco el pecador que va de pecado en pecado, cayendo cada día más bajo y con más velocidad, puede detenerse y comenzar a subir, si Dios no se lo concede.

Pero Dios no niega a nadie la gracia, si se la pide con humildad. Entonces tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a salir del estado del pecado, que nos auxilie en el camino dificultoso de la conversión y de la santificación, porque no hay otro camino, y aunque escarpado, nos lleva a la felicidad eterna, aunque en este mundo tengamos que sufrir un poco.

Todos somos más o menos pecadores, y todos necesitamos la ayuda de Dios para subir, porque la naturaleza herida, con sus concupiscencias, es decir, con sus inclinaciones al mal, nos quiere llevar a la ruina. Por eso tenemos que pedirle al Señor que se apiade de nosotros y nos ayude a remontar la corriente, a volver a subir por el camino de la virtud.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.