Actualizado el lunes 4/OCT/21

De pecadores a santos

Solos no podemos. 

Si queremos salir solos, del pecado, sin ninguna ayuda de lo alto, entonces no llegaremos muy lejos, porque muy pronto nos daremos cuenta de que ello es imposible.

¿Quién puede cumplir los Diez Mandamientos sin una ayuda especial de Dios?

Por eso es tan necesario que recemos, y mucho, para recibir la ayuda del Señor, y así convertirnos de pecadores en santos, poder cumplir los Mandamientos.

Y no es que seamos egoístas por querer ir al Cielo, por querer ser felices, pues esa es la voluntad de Dios, que nos salvemos, pues para ello nos ha creado, para el Cielo. Así que el Señor quiere que luchemos por nuestra salvación, que dejemos el pecado, que no nos cansemos de levantarnos de nuestras recaídas en el pecado, porque el santo no llega a santo porque nunca ha caído, sino porque jamás se ha cansado de levantarse por medio de una sincera confesión sacramental.

Todo nos debe ayudar para crecer en amor a Dios, tanto el permanecer en gracia de Dios, sin cometer pecados graves, y entonces daremos gracias a Dios que nos ama tanto. Pero también debemos aprovechar si por desgracia caemos en pecados, incluso graves, puesto que esas caídas nos harán más humildes y prevenidos la próxima vez, y al humillarnos en la confesión, ganamos muchos méritos para el Cielo.

Por eso, sea que no pequemos o que sí pequemos, todo nos debe servir para crecer en el amor a Dios, en la confianza en Él; porque si bien no hay que hacer el mal para que resulte el bien, si por desgracia cometemos el mal, sabemos que Dios convierte ese mal en un bien para nosotros y para muchos.

Así que a no pecar nunca, pero si pecamos, confiemos en Dios que nos perdona si nos arrepentimos, y nos da una nueva oportunidad.

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Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.