(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el sábado 15/JUN/19

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,
"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario

Cuidado de la lengua.   

92    La humillación es [mi] alimento cotidiano.  Comprendo que la esposa acepta todo lo que atañe a su Esposo, por eso la vestimenta del desprecio que lo ha cubierto a Él debe cubrirme a mí también.  En los momentos en que sufro mucho, trato de callarme, porque desconfío de la lengua que en esos momentos es propensa a hablar de si misma, en lugar de servirme para alabar a Dios por todos los beneficios y dones que me han sido proporcionados.  Cuando recibo a Jesús en la Santa Comunión, le ruego con fervor que se digne sanar mi lengua para que no ofenda con ella ni a Dios ni al prójimo.  Deseo que mi lengua alabe a Dios sin cesar.  Grandes culpas se cometen con la lengua.  Un alma no llegara a la santidad si no tiene cuidado con su lengua. 

Comentario: 

Dice aquí Sor Faustina que “un alma no llegará a la santidad si no tiene cuidado con su lengua”. Entonces ¡qué cuidado debemos tener en lo que decimos! Hagamos el propósito de dominar nuestra lengua y cuando estemos enojados u ofendidos, tratemos de guardar silencio, de no herir y vengarnos con las palabras. Pensemos en Jesús que guardaba silencio ante sus acusadores y calumniadores. Y si no podemos vencernos y estamos a punto de vomitar un río de palabras, huyamos, si podemos, hasta que se nos pase el enojo. Porque hay pecados que se los debe evitar huyendo, y esto no es ser cobarde sino muy valiente, por ejemplo también debemos huir de las ocasiones de pecado contra la pureza. Así que hagamos ese propósito de controlar nuestra lengua pues si no no llegaremos nunca a ser santos.

Jesús, en Vos confío.

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