Actualizado el martes 3/AGO/21

Diario vivir

Sed de Dios. 

En toda nuestra vida debemos tener sed de Dios, y esto será el motor de todas nuestras acciones, incluso de las más ordinarias y cotidianas.

Este debe ser el motor de toda nuestra vida: la sed de Dios.

Porque debemos saber que nuestra alma fue creada para Dios, y no descansará hasta que esté sumergida en Dios, en el Cielo.

Pero Dios también tiene sed de nosotros, nos quiere a su lado y nos ama infinitamente y nos desea para Sí. Entonces no defraudemos a Dios y démonos completamente a Él.

Jesús tiene sed de nosotros, y la tiene en cada uno de los prójimos con que nos encontramos por el camino de la vida. No dejemos a Jesús que muera de sed, y démosle de beber del agua pura de nuestro amor, de nuestra caridad y misericordia. Cada vez que socorremos a nuestro prójimo, le estamos dando de beber a Jesús que, desde la Cruz, dijo: “¡Tengo sed!”. Esa sed, si bien era de agua, también era sed de almas, sed de amor.

Recordemos, entonces, que todo lo que hacemos a los hermanos se lo estamos haciendo a Jesús, así que demos amor a manos llenas y estaremos calmando la sed del Señor, la sed de Dios.

Y cada acción de nuestro día hagámosla por amor a Dios, diciéndole con las palabras o con el corazón, que lo amamos, y así iremos calmando nuestra sed de Dios. O mejor dicho, cada vez tendremos más sed de Él, hasta que vayamos a saciarnos de Dios en el manantial del Paraíso.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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"Porque aquel que se salva sabe, y el que no, no sabe nada."