Actualizado el lunes 19/JUL/21

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 1

 

Estos extraordinarios hechos sucedidos a un ingeniero civil español que vivió a comienzos del siglo XX, fueron por él mismo trasmitidos a un misionero carmelita, que los comunicó al autor de la Enciclopedia del Escapulario del Carmen. Dicho ingeniero era muy católico. Viajaba cierta vez en tren por España, para visitar una de sus obras, cuando oyó el pito dilacerante de la locomotora, el chirriar de las ruedas sobre los rieles, repetidas señales de alarma, indicando un peligro inminente. Los pasajeros percibieron horrorizados que iban al encuentro de una catástrofe inevitable: otro tren venía por el mismo carril, en sentido contrario.

El choque fue tremendo y horripilante, retorciendo hierros, gente, valijas... transformando todo en una horrible amalgama. Por todas partes se oían gritos de dolor y socorro, todo era sufrimiento, todo era confusión. No obstante, el ingeniero salió ileso en medio de la catástrofe, sin sufrir siquiera un rasguño ni perder la serenidad. Era como si algo sobrenatural lo mantuviese al margen de lo sucedido. Abriéndose entonces la camisa, tomó y besó su Escapulario, agradeciendo a la Virgen del Carmen por haberlo salvado tan milagrosamente.

Algunos años después, fue contratado para dirigir las obras de explotación de una mina. Una vez concluida del modo más satisfactorio, en agradecimiento a Nuestra Señora del Carmen, a quien había dedicado el trabajo, mandó colocar en el frontispicio de la mina la inscripción: “Minas de la Virgen del Carmen”. Pero esta iniciativa al margen de sus atribuciones, desagradó a los propietarios que eran protestantes. Mandaron sacar la inscripción y colocar otra que ofendía a la Virgen Santísima y a los sentimientos religiosos del ingeniero.

Éste concluyó que debía hacer un desagravio a la Virgen María. ¿Pero cuál? ¿Cómo? En una osada actitud, se puso de rodillas y pidió a Nuestra Señora del Carmen que ¡extinguiese aquella mina!

Después, dirigiéndose a la misma, se encontró con una brigada de trabajadores que salían perplejos porque, súbitamente y sin que nadie pudiese explicárselo, todo el metal que extraían en regular cantidad ¡se transformaba en vulgar tierra!

Ese piadoso ingeniero pasó a dedicar los días 16 de cada mes a Nuestra Señora del Carmen, confesando y comulgando en Su honor. También todas las mañanas, apenas se levantaba, hacía una hora de oración de rodillas a los pies de Su imagen.

Con el tiempo, fue alcanzado por agudas crisis de reumatismo, que le impedían arrodillarse. Sin embargo, llegada la hora de oración ante la imagen, podía hacerlo como si no tuviese ninguna enfermedad. En cuanto terminaba la oración, volvía a su estado habitual.

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