Actualizado el viernes 8/FEB/19

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Protección en las batallas

 

Ejemplo 14.

 

Cuando el muy devoto duque de Alba iba a ponerse al frente del ejército que salió de Castilla para conquistar el reino portugués (1581), pensó en proteger sus fuerzas con el Escapulario. Por medio del Padre Gracián y de la duquesa de Alba, pidieron los Escapularios necesarios a Santa Teresa. Ésta los encomendó a sus hijas de Ávila, Sevilla y Toledo. El Padre Gracián se había encargado de pagarlos, pero la santa le respondió:

–¡Qué graciosa manera de hacerse rico! Haga Dios a V.R. grande en riquezas eternas.

Años después, el pendón de Castilla entraba victorioso en Portugal.

 

Ejemplo 15.

 

Cuando, en 1620, iba a librarse la batalla decisiva entre las fuerzas católicas y protestantes en los campos de Praga, el Padre Ruzola impuso el santo Escapulario del Carmen a los combatientes católicos. El triunfo no podía ser más glorioso. La jornada terminó con la toma de Praga.

 

Ejemplo 16.

 

En una trinchera de los aliados durante la Primera Guerra Mundial, había una brecha por donde el enemigo podía hacer fuego. Las tropas de las potencias centrales habían colocado de tal modo una pieza de artillería, que las balas daban dentro de la misma brecha; con tiros permanentes, mantenían la trinchera continuamente dividida por un muro de muerte.

Habiendo oído decir que del otro lado de la trinchera se estaba muriendo un soldado herido, el célebre capellán militar Padre Guillermo Doyle, que llevaba el Santísimo Sacramento, se fue abriendo camino a través de la valla, hasta llegar al sitio fatal. Las balas lamían la pared fronteriza. Se detuvo. Atravesó su mente la idea inquietante de que un poco más adelante, moría un hombre, posiblemente necesitado de la absolución. Para conquistar aquella alma, sin dudar un momento, el Padre Doyle avanzó precipitadamente por entre lo que parecía conducir a una muerte segura. Al administrar los Santos Sacramentos al moribundo vio que el soldado agonizante llevaba el Escapulario del Carmen...

 

Ejemplo 17.

 

En la guerra de Transvaal (África del Sur), “yo estaba ocupado en el santo trabajo de ayudar a bien morir a los soldados moribundos que caían en una de las batallas de aquella guerra, cuando recibí el aviso de que me llamaba con mucha urgencia un capitán de dragones, mortalmente herido en la refriega. Llegué volando a la cabeza del moribundo, a quien, gracias a Dios, pude confesar y también administrar la Extremaunción.

“–Capitán –le dije– ¿quiere que le imponga el Santo Escapulario?

“–Alabado sea Dios, padre. Deme ya el Escapulario que hoy es el primer día de mi vida en que me encuentro sin él. Como el enemigo nos sorprendió tan repentinamente, con la prisa y la alarma con que tuvimos que vestirnos, perdí mi Escapulario; y precisamente por no tenerlo puesto, fui herido.

“Poco después el capitán de dragones entregaba su alma a Dios con esperanzas ciertas de salvación, por morir revestido con el Santo Escapulario”.

 

Ejemplo 18.

 

El tercer día de la batalla de Lenef, en Europa, un oficial recibió orden de recorrer el campo en busca de heridos, ordenando que con los debidos cuidados fuesen trasladados al hospital. De repente observó que en medio de soldados muertos apilados había uno gravemente herido, que pedía con insistencias un sacerdote.

Al acercarse vio que entre otras heridas graves tenía un balazo en la cabeza, de tal modo que se le podían ver los sesos. El oficial dijo a quienes lo seguían que no servía de nada perder el tiempo con él y que, en cambio, socorriesen a otros con chance de vida. Al oírlo, el herido suplicó encarecidamente que no lo abandonaran y que lo pusiesen en el primer coche y lo dejasen confesarse. Después de eso, podrían abandonarlo en cualquier lugar.

El oficial atendió a tal apremiante pedido y en poco tiempo encontraron un capellán militar a quien encaminaron el moribundo. Éste, después de haberse confesado y recibido la Extremaunción, levantó los ojos al Cielo y expiró, murmurando el dulcísimo nombre de María. Humanamente hablando, el soldado no podría haber resistido tan grave herida en la cabeza y todos coincidieron en que el hecho de haber sobrevivido hasta poder confesarse fue un especial privilegio de María, cuyo Escapulario llevaba en el pecho.

 

Ejemplo 19

 

Una mujer de Lorca, en España, poco después de muerta se apareció a su hermana y le dijo: “Sabes, hermana mía, que al llegar al Tribunal divino, me encontré con una larga cuenta de responsabilidades, por las cuales debería estar muchos años en el Purgatorio. Pero hoy, Sábado, por las prerrogativas del santo Escapulario, salí de allí y voy a gozar de la gloria. La promesa de la Virgen no es vana, antes bien, muy verdadera. Por eso te aconsejo que lleves el Escapulario del Carmen con gran devoción, sin descuidar la pureza ni la abstinencia los Miércoles y Sábados..., porque es mucho lo que se padece en el Purgatorio”.

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