Actualizado el viernes 24/MAY/19

Ejemplos de la protección de la Medalla de San Benito

Ejemplo 14

 

En febrero de 1861, una colonia de benedictinos, enviada por la misma abadía de San Pablo de Roma, fue a establecerse cerca de la ciudad de Clèves, en la Prusia Renana. Un mes más tarde fue necesario construir una cerca alrededor del pequeño jardín del monasterio. Un obrero, que trabajaba en la iglesia regida por los benedictinos, se ofreció para ir a comprar la madera necesaria y con ese objetivo se dirigió al lugar donde se cortaban las maderas de propiedad del gobierno. Cargó en su carreta gran cantidad de gruesos troncos, y se dispuso a emprender el regreso al monasterio. En el momento en que la carreta empezaba a moverse, todavía se encontraba detrás de ella, y no alcanzó a retirarse a tiempo cuando uno de los troncos, mal agarrado, rodó por tierra, aplastándole la pierna derecha.

El herido fue transportado a su casa. El Prior del monasterio, al tomar conocimiento de la triste noticia, exclamó: “Si se hirió mientras servía a San Benito, pues entonces San Benito ha de curarlo”. Uno de los religiosos contó estas palabras al enfermo, quien ya había pensado en valerse de la medalla que nunca abandonaba. La colocó sobre la pierna horriblemente herida, y la ató. Poco después, se dormía profundamente. Al despertarse al día siguiente, ya tarde, se levantó sin ninguna dificultad y la pierna no presentaba más señales del terrible accidente de la víspera.

 

Ejemplo 15

 

En 1861, en la casa llamada San Benito, en Chambèry, una hermana sentía desde hacía tres meses fuertísimos dolores en las piernas, consecuencia de un golpe de aire y de un agotamiento extraordinario. No se decidía a revelar sus padecimientos y hasta entonces no había tomado ningún remedio. Se le ocurrió hacer una novena en honor a San Benito, empleando la medalla con el fin de alcanzar la protección del santo Patriarca. Durante la novena, aplicaba la medalla sucesivamente en una y otra pierna, invocando el socorro de San Benito; y en cada oportunidad sus dolores se calmaban. Al mismo tiempo, continuaba desempeñando en la casa el trabajo muy pesado que estaba a su cargo. Como con la primera novena sólo había conseguido alivios intermitentes, resolvió comenzar una segunda, que fue coronada con éxito, haciendo desaparecer totalmente la enfermedad. Esa misma hermana, en otra ocasión en que padecía una oftalmía, recurrió al medio que tan buen resultado le diera, y después de lavarse los ojos con agua en la que había sumergido la medalla, se le calmó la inflamación, y en poco tiempo recuperó la visión normal.

 

Ejemplo 16

 

En una localidad de Saboya, más o menos por la misma época (1860), una niña de seis años estaba atormentada con agudísimos dolores. Sus nervios se habían contraído a tal punto que no podía tocársela con la punta del dedo sin que sintiera dolores fuertísimos. En ese estado, ya no podía tolerar ningún tipo de comida o bebida. Agotada la ciencia de los médicos, los padres de la pequeña habían perdido totalmente la esperanza de conseguir su curación. Dos hermanas de la casa de San Benito, de Chambéry, fueron a visitar a la niña, para llevar algún consuelo a la madre. A la vuelta, se acordaron de la medalla de San Benito. Al instante le enviaron una, recomendando que la colocaran en el cuello de la niña, y que intentasen hacerle tragar algún líquido en que se hubiera sumergido la medalla. La madre de la niña cumplió fielmente la piadosa prescripción e inmediatamente la pequeña comenzó a sentirse notablemente aliviada. Al cabo de algunos días se levantaba perfectamente curada.

 

Ejemplo 17

 

Por la misma época (1860) y también por la misma región (localidad de Saboya), una mujer atacada de fiebre eruptiva después de un parto, y otra en peligro de muerte a causa de una hidropesía de pecho, se curaron empleando ese mismo método, o sea, tomando una bebida en la que se había sumergido una medalla de San Benito.

 

Ejemplo 18

 

En el condado de Westmoreland (Pennsylvania), en agosto de 1861, una de las hijas de una mujer católica, la Sra. X..., se vio atacada repentinamente por una violenta difteria. El mal que había comenzado al caer la noche, se fue agravando de hora en hora, y causaba cada vez mayor inquietud, sobre todo por lo difícil que resultaba encontrar un médico en las montañas de aquella región. El más cercano vivía a unas cuatro leguas de distancia. La madre de la niña confiaba mucho en la protección de San Benito, cuya medalla tenía. Se le ocurrió entonces sumergirla en un vaso de agua, para dársela a beber a la niña. Inmediatamente puso en práctica la religiosa inspiración. La niña tomó el agua santificada por el contacto con la medalla, y al amanecer del día siguiente se encontraba completamente fuera de peligro.

 

Ejemplo 19

 

En los primeros meses del año 1863, en Montigny-le-Roy, una mujer sufría un dolor de oídos que desde hacía largo tiempo la atormentaba cruelmente. A veces le salía por las orejas sangre coagulada y materias purulentas, lo que bien prueba el mal estado del oído. La pobre mujer se había vuelto incapaz de trabajar, a causa de la sordera contraída. Al recibir una medalla de San Benito, la colocó en la almohada y rezó un Padre Nuestro y un Ave María en honor del santo Patriarca. Un minuto después ya estaba curada por completo y oía perfectamente.

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