Actualizado el lunes 19/ABR/21

Ejemplos de la protección de la Medalla de San Benito

Protección de los animales útiles al hombre e influencia sobre las condiciones naturales

 

Ejemplo 63 

Madelagammol, joven de 18 a 20 años, estaba sorda desde hacía seis años; cada vez que comía otra cosa que no fuese arroz sus oídos le supuraban. Desde el primer día que salpicó el agua de la medalla en sus oídos, cesó la supuración en el oído derecho y comenzó a oír mejor de ese lado. Siguió aplicando el mismo remedio durante varios días y la supuración también cesó en el lado izquierdo; actualmente oye perfectamente con el oído derecho, pero el izquierdo sólo se curó a medias, queriendo Dios que de este modo guardara el recuerdo de su estado anterior.

 

Ejemplo 64 

Las enfermedades de la vista, con el sol de la India, adquieren una intensidad que las vuelve temibles, sobre todo en los niños. Dos pequeñas paganas que sufrían esas enfermedades fueron curadas instantáneamente, al lavarles los ojos con agua de la medalla.

 

Ejemplo 65 

Lo que hace especialmente querida la medalla de San Benito entre los hindúes, es el poderoso socorro que les presta contra uno de los mayores flagelos de la región, la picadura de insectos o serpientes. Mariannen, picado una tarde por un pouram, insecto muy venenoso, pasó toda la noche gimiendo de dolor; sentía el pecho oprimido y tenía la espalda hinchada. Pero se sintió perfectamente curado cuando las partes doloridas fueron friccionadas con agua de colonia pura, en la cual había sido sumergida la medalla.

 

Ejemplo 66 

Noyegam había sido picado por una terrible serpiente, cuyo veneno, cuando no mata en pocas horas, deja la vida en peligro durante unos cuarenta días y además exige mucho más tiempo para una cura que no siempre es completa. Tres años después de haber sido mordido por esa cobra, Noyegam seguía teniendo una fiebre que nunca lo había abandonado del todo; la pierna todavía continuaba hinchada y casi sin sensibilidad, a tal punto que, cuando lo picó un escorpión, ni siquiera sintió el dolor; sufría continuos dolores de cabeza y de cuello; sus miembros, sin fuerza, no le permitían ningún esfuerzo duradero. Al cabo de tres años, se presentó en ese estado al misionero. Éste le dio a beber el agua de la medalla, recomendándole que la tomara y se friccionara las partes doloridas, lo que hizo el mismo día antes de acostarse. Esa noche la fiebre lo dejó, desapareció la hinchazón de la pierna, sintió el cuello y la cabeza aliviados, y todo el cuerpo retomó su estado normal. “Es notable, escribe el misionero, ningún veneno resiste al agua que entró en contacto con esta medalla, y cualquier veneno pierde efecto en los lugares tocados por esa agua”.

 

Ejemplo 67 

La picadura de escorpión causa un dolor indescriptible; la calma y el sueño sólo vuelven al paciente muchas horas después, y a veces luego de toda una noche o más de sufrimientos. Como esa región hindú está plagada de escorpiones, los casos de picaduras no son raros. Se emplean diferentes remedios para contrarrestarlas, con mayor o menor eficacia. Pero el gran remedio hindú es una “bendición” supersticiosa para hacer desaparecer el veneno; y hasta los mismos cristianos no tenían gran escrúpulo en adoptar tal procedimiento. La medalla de San Benito llegó providencialmente para cortar esas supersticiones. El agua tocada por ella cura instantáneamente el miembro dolorido, expulsando infaliblemente el veneno en algunos minutos. Desde que la medalla se conoce en la región, se dieron muchos casos de dicha aplicación y nunca falló. Por eso los hindúes la apellidaron “tèlou souroùbam”, la medalla del escorpión.

 

Ejemplo 68 

Una joven mujer había prometido dar ocho annas (un franco y veinte céntimos) a la Iglesia de Nuestra Señora de Yodappady en nombre de su hijo. Llegada la Pascua fue a cumplir su promesa, pero dio sólo la mitad, reservando el resto para la  iglesia de su aldea. Enseguida su pequeño cayó enfermo: gran conmoción en la familia y la pobre madre confiesa, consternada, su falta, y va a cumplir de inmediato lo que faltaba de la promesa; pero el enfermo sigue inspirando temor. Se llama al misionero, quien encuentra al niño en estado de completa postración, con los ojos cerrados y la cabeza caída sobre el pecho. Dice entonces a la madre: “La Virgen y San Benito no se van a pelear a causa de este niño. La Santísima Virgen ya dio una lección maternal que fue bien atendida; para gloria de San Benito, Ella le dejará el encargo de la curación”. Después mandó friccionar dulcemente el pecho y el rostro del niño con agua de la medalla; también se le pusieron algunas gotas en la boca. Enseguida entreabrió los ojos y esbozó algunos movimientos, para gran dicha de la familia; mejoró rápidamente y esa misma tarde estaba curado.

 

Ejemplo 69 

Un protestante enfermo que sufría terribles agitaciones mandó llamar cierto día al celoso misionero que nos relató estos hechos. Se decía que su casa estaba infestada por malos espíritus; el misionero, después de examinar la singular enfermedad, se convenció de que se trataba de locura o de una influencia diabólica. Por ello, pidió agua y sumergió en ella la medalla de San Benito; la madre del enfermo, sentada junto a la cama de su hijo, le friccionada levemente el rostro y el pecho con esa agua, y logró hacerle beber algunas gotas. Curvando la cabeza, como quien reflexiona, el hijo se volvió hacia su madre y dijo sonriendo: “¡Estoy curado! ¡Quiero comer y vestirme!” Después estrechó la mano del padre, diciendo: “¡Muchas gracias, Padre!”. Su joven esposa, europea protestante, permanecía de pie delante de él, dejando correr gruesas lágrimas. El misionero bendijo la casa y la familia completa se arrodilló para recibir a su vez la bendición. Todos los testigos del hecho, católicos, protestantes o paganos estaban muy emocionados. A la tarde el enfermo retomó su trabajo habitual. En los días siguientes tuvo algunos accesos del mismo género, pero continuó bebiendo el agua de la medalla y pronto se vio totalmente liberado.

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