Evangelio del día

martes 24/MAR/26 

Jn 8, 21-30.  

Dios nos acompaña. 

Jesús dijo a los fariseos: “Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”. Los judíos se preguntaban: “¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde yo voy, ustedes no pueden ir’?”. Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que yo soy, morirán en sus pecados”. Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero Aquél que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”. Mientras hablaba así, muchos creyeron en él. 

Reflexión: 

Detengámonos en la siguiente frase de Jesús: “El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”. De aquí podemos tomar la enseñanza de que Dios jamás deja solo a quien cumple sus mandamientos, al que cumple su voluntad. Y eso debemos hacer nosotros si queremos tener siempre la ayuda de Dios, cumplir los mandamientos. Entonces, si nos preocupamos por ser gratos a los ojos de Dios; Él se ocupará de que a nosotros no nos falte nada. Y aunque parezca que a veces Dios nos deja solos, como a Jesús en la Cruz, esto en realidad no es así, sino que es solo una apariencia para que sintiendo más deseos de su presencia le amemos cada vez más.

Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de cumplir cada vez mejor los diez mandamientos para que esto nos garantice la ayuda de Dios en nuestra vida y en lo que emprendamos.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

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