Actualizado el martes 9/OCT/18

Evangelio explicado

Mt 5, 27-30.  

Es preferible. 

Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio.” Mas yo os digo: “Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te hace tropezar, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtala y arrójala lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna.” 

Comentario: 

Jesús nos dice que con el pensamiento también se puede pecar y tal vez sea peor pecado que el material. Ahora pensemos en la moda tan provocativa de nuestros días, en que las mujeres se visten “elegantemente desnudas”. Pensemos en la cantidad de pecados de pensamiento y de deseo cometido por tantos hombres, recordando que los pecados de impureza son siempre mortales. ¿Qué diríamos de una mujer que se pasea por el centro comercial de una ciudad con un revólver matando a todos los que se le cruzan por el camino? Pues bien, una mujer mal vestida, va matando las almas de tantos hermanos mientras camina por la ciudad. Y matar el alma es infinitamente peor que matar el cuerpo.

Aquí el Señor dice que es preferible perder uno de nuestros miembros en este mundo,  a que seamos arrojados al infierno con nuestro cuerpo donde sufriremos horriblemente y para siempre. De aquí podemos sacar algunas enseñanzas como por ejemplo que en el infierno estaremos con el cuerpo, no solo con el alma, pues cuando somos juzgados por Dios en el juicio particular de cada uno, que será en el momento de nuestra muerte, ya, inmediatamente vamos al Cielo, al Purgatorio o al Infierno, pero solamente el alma. Y en el Juicio Final, resucitaremos todos, y los condenados volverán al Infierno con su cuerpo, y los salvados irán al Cielo con su cuerpo, y el Purgatorio dejará de existir y solo quedará el Cielo y el Infierno, ambos eternos. Por eso qué importante es que evitemos el pecado y las ocasiones de pecar para no merecer el Infierno.

Dice Santa Faustina Kowalska, en su Diario, que en el Infierno los condenados, además de sufrir todos con los mismos terribles tormentos, cada uno sufre y es castigado en los mismos miembros con los que pecó. Pensemos en los terribles castigos para los pecados impuros y seguramente nos resolveremos a no pecar más y, como dice el Señor, preferiremos cortarnos y arrojar nuestros miembros, antes que padecer esos tormentos en el Infierno. No nos es lícito cortarlos de verdad, pero debemos proceder como si ya no los tuviéramos, para que no nos lleven al pecado y así perder el Cielo y merecer el Infierno.

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