Actualizado el jueves 1/SEP/22

Evangelio explicado

Mt 8, 5-13.  

Fe. 

Cuando hubo entrado en Cafarnaúm, se le aproximó un centurión y le suplicó, diciendo: “Señor, mi criado está en casa, postrado, paralítico, y sufre terriblemente”. Y Él le dijo: “Yo iré y lo sanaré”. Pero el centurión replicó diciendo: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, mas solamente dilo con una palabra y quedará sano mi criado. Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Ve” y él va; a aquél: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace”. Jesús se admiró al oírlo, y dijo a los que le seguían: “En verdad, os digo, en ninguno en Israel he hallado tanta fe”. Os digo pues: “Muchos llegarán del Oriente y del Occidente y se reclinarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allá será el llanto y el rechinar de dientes”. Y dijo Jesús al centurión: “Anda; como creíste, se te cumpla”. Y el criado en esa misma hora fue sanado. 

Comentario: 

Lo importante no es que nuestros parientes hayan nacido en el catolicismo, o que tengamos tradición católica en nuestra familia, y que desde chicos estemos en la Iglesia, sino que lo importante es tener una verdadera fe, que se demuestre con obras buenas y con la confianza plena en Dios y en su Palabra. Porque de qué puede servir que nos digamos católicos, si después, en la práctica, no tenemos fe.

Ya lo ha dicho el Señor a los fariseos que se decían hijos de Abrahán y con eso se sentían ya justificados, pero el Señor les dijo que no es eso lo que importa, sino las obras, la fe operante, porque muchos se pueden decir “católicos”, pero si no viven lo que creen y no obran de acuerdo a la voluntad de Dios, entonces no heredarán el Cielo.

En el Paraíso nos vamos a llevar muchas sorpresas, porque veremos a muchos que parecían que se iban a condenar, y sin embargo estarán allí, junto al Señor y su Madre. Y en cambio a cuántos veremos arder en las llamas infernales, que en la tierra parecían las personas más correctas del mundo. Por eso también el Señor nos manda no juzgar, porque nosotros solo vemos las apariencias y no el corazón. Tampoco tenemos que despreciar a nadie, no sea que el que nosotros despreciamos, nos adelante en el camino del Cielo.

Muchos, tal vez, de los que estaban presentes en ese momento en que el centurión pidió por su criado, seguramente lo despreciaron por ser hombre de armas y, además,  romano; pero el Señor, en cambio, lo alabó y lo exaltó por encima de los israelitas por su gran fe.

Tengamos estas cosas presentes para ser humildes y no despreciar a nadie.

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