Actualizado el lunes 4/FEB/19

Formación católica

Signos benditos.

Usar signos benditos como medallas, escapularios, no es de otros tiempos, de la edad media, sino que es necesario que hoy mismo, en pleno siglo XXI, utilicemos estos signos benditos que la Providencia de Dios nos ha provisto, porque los demonios siguen existiendo, y se puede decir que en estos tiempos son más numerosos que en tiempos de Jesús, pues no sólo andan dispersos por el mundo los diablos, sino también las almas de los condenados, que son como demonios y que Satanás está reuniendo en el ejército que quiere hacer la guerra al Cordero y a sus fieles.

En estos tiempos la mejor astucia del Maligno es hacer creer -incluso a fieles, sacerdotes y obispos-, que él no existe y que es un tabú de otros tiempos. Pero en realidad nunca como ahora ha habido tanta actividad de los demonios, y es por eso que tenemos que echar mano a los auxilios que nos da el Cielo, como las medallas y demás sacramentales, e incluso también el uso del agua bendita, no sólo para asperjar la habitación y la casa en que vivimos, sino también para beber, como santamente lo hacía Santa Teresa de Jesús.

Un crucifijo siempre debe estar en nuestra mesa de noche, y de ser posible también llevar uno colgado al cuello, porque siempre será verdad que el demonio huye de la cruz, en la que fue vencido para siempre.

Proveámonos de un crucifijo para llevarlo en la mano mientras rezamos el Rosario o rezamos por la liberación de algún ser querido, con las oraciones a San Miguel Arcángel o las que han sido compuestas para estos menesteres.

Hay incontables milagros y protecciones sobre quienes han usado estos sacramentales, y en cambio muchas desgracias cayeron sobre aquellos que no quisieron o no supieron utilizarlos, tal vez por respeto humano o por otras viles excusas, como por ejemplo la falta de fe.

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.