Actualizado el lunes 11/OCT/21

Formación católica

Dios no nos crea para el Infierno.

Dios nos ha creado por amor y para que vayamos al Cielo. Por eso es una grave injuria pensar que estamos predestinados a ir al Infierno, pues Dios no predestina a ninguno al Infierno, sino que Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pero el hombre es libre, y puede decidir rechazar a Dios y su plan de salvación, y entonces así se termina condenando. ¿Y podemos preguntar a Dios por qué creó a ese hombre si Él sabía que se iba a condenar? Pues simplemente lo creó porque le quería dar libertad y la posibilidad de salvarse. Si Dios creara sólo a los que se van a salvar, entonces la vida sobre la tierra no sería prueba, y el pecado original no existiría.

Pero dado que las cosas son así y no de otra manera, Dios crea a todos los hombres y los predestina al Cielo, pero ellos pueden rechazar este destino, y condenarse.

Prestemos atención a que el demonio no nos engañe con sus astucias, pues no es raro que nos quiera llevar a la desesperación, haciéndonos creer que Dios no nos ama, que Dios nos odia, y que nos quiere condenar. En muchas almas está esta espada del Infierno clavada en lo más hondo, y es difícil deshacerse de ella.

Pensemos siempre que Dios nos ama, infinitamente nos ama, y que el mal que vemos y que nos hace mal, no viene de Dios, ya que el Señor no lo quiere, aunque a veces lo permite para sacar un bien mayor.

 

Si usted quiere recibir estos temas de Formación católica por correo electrónico, por favor:
SUSCRÍBASE AQUÍ

Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.