Actualizado el sábado 1/MAY/21

Formación católica

Vivir la liturgia.

La liturgia es el centro, el corazón de la Iglesia, pues en la liturgia está la Eucaristía, el Corazón de Cristo, Jesús mismo, Dios mismo, el Sacrificio perpetuo. Por eso quien quiere ser buen católico, no debe faltar nunca a Misa los domingos, pero no debe conformarse con ello, sino que debe tratar de participar de Misa los días de semana también, viviendo bien la liturgia, siendo reverente tanto interior como exteriormente.

Lo exterior debe ser reflejo del interior, y si bien no hay que ser hipócritas, aparentando lo que no se es, también es cierto que es necesario hacer genuflexiones y guardar los modos propios y respetuosos de lo que se está viviendo en ese momento, que es nada más y nada menos que el Sacrificio de Cristo en el Calvario.

Está bien que en algunas iglesias y algunos sacerdotes, parecen no haberse dado cuenta de ello, y celebran la Misa, el acto de culto más grandioso, como si hicieran cualquier otra acción ordinaria. Pero si bien el ministro o los fieles pueden estar dispersos o no estar a la altura de semejante acto, es necesario que nosotros aumentemos la fe, y que “veamos” con los ojos de la fe, lo maravilloso que está sucediendo en el altar.

Suele pasar, muchas veces, como cuando la Santísima Virgen y San José llevaron al Niño Jesús a presentarlo al Templo de Jerusalén, que quien tenía la misión sacerdotal ni se percató de quién era Jesús, a Quién estaba elevando sus manos. En cambio un pobre anciano, pero lleno del Espíritu Santo, advirtió Quién era el que venía a su Casa.

Hoy sucede algo parecido con muchas celebraciones eucarísticas donde los sacerdotes no advierten a Quién tienen en sus manos mientras elevan la Hostia y el Cáliz. Pero nosotros hagamos un acto de fe, y como Simeón y Ana, como la Virgen y San José, adoremos al Señor vivo y real.

 

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.