Actualizado el viernes 29/MAR/19

Formación católica

Nadie da lo que no tiene.

Si queremos formar a los demás, primero debemos formarnos nosotros mismos, porque nadie puede dar lo que no tiene. Y éste es un trabajo paciente, donde debemos contar con buenos libros, de intachable doctrina, porque quien se desvía aunque sea unos pocos grados al principio imperceptibles, se va separando del camino de la Verdad, y cuando más avanza, más se separa.

Hay que evitar cualquier componenda con el error, y esto lo lograremos si seguimos las enseñanzas del Papa y de la Iglesia unida a él.

Ya nos ha dicho el Señor en el Evangelio que el que desprecia lo pequeño, poco a poco caerá en las cosas graves.

Ya que tenemos la gracia de haber nacido en la Iglesia Católica, donde está la plenitud de la Vedad, no la cambiemos por un plato de lentejas, yendo a otras doctrinas, a otras iglesias o sectas.

Estudiemos la doctrina católica, que tiene una profundidad abismal, como infinito y abismal es el mismo Dios, y despreciemos todas las doctrinas que nos traigan los falsos profetas que hoy abundan, incluso dentro de la misma Iglesia.

Tenemos que formarnos para formar, porque muchos no conocen a Dios y es necesario que los que lo conocemos, se lo transmitamos a los demás. Pero debemos ser valientes y decir las cosas como son, sin medias tintas, a lo que es sí, sí, y a lo que es no, no; porque todo lo que se dice tratando de pactar entre la Verdad y el Error, termina siendo un error y lleva a la perdición a quien escucha y, sobre todo a quien lo dice.

 

Si usted quiere recibir estos temas de Formación católica por correo electrónico, por favor:
SUSCRÍBASE AQUÍ

Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.