Actualizado el sábado 17/JUL/21

Formación católica

Vivir la Comunión de los Santos.

La Comunión de los Santos es un dogma espléndido que hay que saber vivirlo, porque de ello se obtienen innumerables gracias y favores celestiales individuales y sociales.

Efectivamente las almas que están detenidas en el Purgatorio tienen una grandísima necesidad de oraciones y obras ofrecidas en sufragio de ellas, y si bien por sí mismas no pueden hacer nada, sí pueden mucho con respecto a quienes todavía peregrinamos en este mundo. Y nadie puede decir que no necesita ayuda para esta vida, porque todos necesitamos ayuda, y mucha, para pasar bien la prueba de la vida.

Entonces no nos quedemos con una fe apocada, sino creamos firmemente en que las almas de los que han muerto en gracia de Dios y con alguna deuda a la Justicia divina, están en un lugar de expiación y pueden hacer mucho por nosotros.

Es necesario vivir bien esta fe y comunicarnos también con los santos que ya están en el Cielo, que pueden hacer mucho por nosotros, ya que ellos gozan de la visión de Dios y obtienen de Él mucho, según el poder que hayan alcanzado cada uno de ellos por sus méritos en la tierra.

Cuando nos parezca que estamos solos combatiendo en un mundo que está cada vez más en contra de Cristo y en manos del demonio, no nos desanimemos porque estamos unidos a todos los cristianos que se encuentran en gracia de Dios en este mundo, y también muy unidos a las Almas del Purgatorio y a los Bienaventurados del Cielo.

Aprovechemos este gran recurso que Dios ha puesto a disposición de los que creen y quieren beneficiarse de este maravilloso dogma de fe.

 

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.