Actualizado el jueves 22/JUL/21

Imitación de Cristo

Tomás de Kempis

LIBRO SEGUNDO 

Avisos para el trato interior 

CAPÍTULO VI 

De la alegría de la buena conciencia 

La gloria del hombre bueno es el testimonio de la buena conciencia. Ten buena conciencia y siempre tendrás alegría. La buena conciencia puede sufrir muchas cosas, y está muy alegre en las adversidades. La mala conciencia siempre está con inquietud y temor. Suavemente descansarás si no te reprende tu corazón. No te alegres sino cuanto hicieres algún bien. Los malos nunca tienen alegría verdadera, ni sienten paz interior; porque No tienen paz los impíos, dice el Señor; y si dijeren: “En paz estamos, no vendrán males sobre nosotros, y ¿quién se atreverá a ofendernos?” no los creas; porque de repente se levantará la ira de Dios, y pararán en nada sus obras, y perecerán sus pensamientos.

Gloriarse en la tribulación no es dificultoso al que ama; porque gloriarse de esta suerte, es gloriarse en la cruz del Señor. Breve es la gloria que se da y se recibe de los hombres. La gloria del mundo siempre va acompañada de tristeza. La gloria de los buenos está en sus conciencias y no en la boca de los hombres. La alegría de los justos es de Dios y en Dios, y su gozo es la verdad. El que desea la verdadera y eterna gloria no hace caso de la temporal; y el que busca la gloria temporal o no la desprecia de corazón, señal es que ama poco la celestial. Gran quietud de corazón tiene el que no hace caso de las alabanzas ni de los vituperios.

La conciencia limpia, fácilmente se sosiega y está contenta. No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Lo que eres, eso eres, ni puedes tenerte por mayor de lo que Dios sabe que eres. Si miras lo que eres dentro de ti, no te dará cuidado lo que de ti hablan los hombres. El hombre ve lo de afuera, mas Dios ve el corazón. El hombre considera las obras, mas Dios pesa las intenciones. Hacer siempre bien, y tenerse en poco, señal es de una alma humilde. No querer consolación de criatura alguna, señal es de gran pureza y de íntima confianza.

El que no busca en los hombres prueba de su bondad, claramente muestra que se entrega del todo a Dios; porque dice S. Pablo: No el que se loa a sí mismo es aprobado, sino el que Dios alaba. Andar en lo interior con Dios y no distraerse con alguna afición exterior, es el estado del varón espiritual.

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