Actualizado el lunes 27/JUN/22

Imitando a Jesús y a María

Perdonar. 

Los hombres buscamos paz, pero no hay paz sin perdón. Tanto para tener paz en nuestro corazón como para tener paz con los demás, debemos acudir a confesarnos con el sacerdote, porque la paz del alma viene de estar en paz con Dios, y quien vive en pecado mortal no puede estar en paz con Dios y con los demás.

Aprendamos de Jesús y de María que son el Príncipe de la Paz y la Reina de la Paz, porque vivieron en gracia de Dios, y perdonando de corazón a todos, absolutamente a todos, sin distinción.

Si queremos vivir como Ellos, llenos de paz en el alma y en las relaciones, entonces no sólo debemos pedir perdón a Dios, sino también perdonar de corazón a quienes nos han ofendido. Perdonar es amar, y quien no está dispuesto a perdonar y guarda rencor, le está dando al demonio un flanco para que lo derribe, pues el diablo aprovecha cualquier hendidura en nuestro edificio espiritual para meterse por allí.

No le demos el gusto al Maligno, y perdonemos de corazón a todos, sin distinciones, aunque tengamos razón, aunque nos sigan ofendiendo, al menos en nuestro interior, digamos: “Señor, no odio, yo perdono, ves que perdono de corazón, y quiero que Tú, según tu promesa, me perdones mis innumerables pecados”. Y entonces preparémonos a vivir una etapa de la vida en que la alegría y la paz anidarán en nuestro corazón, porque quien vive con rencor y odio, con resentimiento y deseos de venganza, no puede ser feliz ni en este mundo ni en el otro.

Imitemos a Jesús y a María que perdonaron incluso a los verdugos y a los mayores pecadores, porque los primeros y más grandes beneficiados seremos nosotros mismos.

Jesús, María, os amo, salvad las almas

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En esta sección, creada el 11 de Julio de 2011, memoria de San Benito abad, iremos repasando todas las virtudes de Jesús y de María, para imitarlas y ser santos.