Actualizado el domingo 9/DIC/18

Imitando a Jesús y a María

Trabajo. 

Si bien el trabajo es un castigo de Dios al hombre pecador, la verdad es que el trabajo es como una terapia, pues si los hombres no trabajaran, los manicomios estarían muy llenos, puesto que el trabajo mantiene entretenida la mente para que no divague por locuras, y también mantiene ocupado el cuerpo, para que éste no se dedique a la molicie y al ocio perezoso.

Jesús y María han querido trabajar, aunque ellos no lo necesitaban ya que ninguno tiene el pecado original y el trabajo es sólo para los que han pecado. Igualmente ambos quisieron trabajar, mostrando y demostrando con ello el poder santificador del trabajo honesto, especialmente el trabajo manual.

Bendigamos el trabajo, y también bendigamos el honesto descanso, porque la santidad no está en hacer cosas extraordinarias o milagros, sino en cumplir cada día con el deber del día; la santidad está en hacer extraordinariamente bien lo ordinario de cada momento.

Hay un dicho que es muy verdadero y que dice más o menos así: “Que el demonio no te encuentre desocupado porque te va a dar trabajo”, dando a entender con ello que si el demonio nos encuentra sin hacer nada, nos enredará en montones de tentaciones y complicaciones, y no podremos librarnos de ellas fácilmente. Por eso los santos, incluso los más contemplativos y espirituales, consideran como una gran gracia el trabajar.

Jesús, María, os amo, salvad las almas

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En esta sección, creada el 11 de Julio de 2011, memoria de San Benito abad, iremos repasando todas las virtudes de Jesús y de María, para imitarlas y ser santos.