Actualizado el miércoles 14/SEP/22

La infancia espiritual

No desmayemos. 

A veces nos parece que somos poco inteligentes y que tenemos pocos dones espirituales, y creemos que Dios se comunique solo con los perfectos y sabios, y no es así, porque es característico de Dios, que es el Amor, el adaptarse a cada criatura, ya que Dios ha creado tanto al niño como al sabio, y con ambos se comunica; ha creado al docto como al aborigen que no sabe más que la ley natural.

No importa lo que seamos por naturaleza, sino que lo que importa es que seamos fieles a Dios, escuchando lo que Él quiere comunicarnos y siguiendo fielmente las inspiraciones que Él nos va dando a lo largo de la vida.

Porque Dios creó a todos, y conoce bien cómo está hecho cada uno de nosotros. Él no nos pedirá nada que no podamos hacer, porque si Él lo pide, nos dará los medios y la gracia suficiente para que lo llevemos a cabo, y no haremos nada extraordinario sino que siempre seremos ante Él, siervos inútiles que no hicieron más que lo que debían hacer.

Una de las características de la infancia espiritual es la plena confianza en Dios, porque así como los niños confían ciegamente en sus padres; así también nosotros, debemos confiar ciegamente en nuestro Padre Dios, que es el más bueno de los Padres, que tiene todo y a todos en sus manos, y Él gobierna el mundo con Sabiduría. ¿Podemos acaso temer algo? ¿Podemos creer que Dios permitirá algo que sea realmente malo para nosotros? Confiemos en Dios, y veremos que Él desciende con todos sus dones a nuestro pobre corazón.

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En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños." (Mt 11, 25)

En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: "Yo les aseguro: si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos." (Mt 18, 1-4)

Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orara; pero los discípulos les reprendían. Mas Jesús les dijo: "Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos." (Mt 19, 13-14)


Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

24 de julio de 1974

Mi triunfo y el de mis hijos.

“Camina en la simplicidad. Yo te llevo de la mano y tú sígueme siempre. Déjate conducir por Mí; déjate alimentar por Mí, déjate mecer por Mí: como un niñito en mis brazos.

Puesto que Satanás hoy ha engañado a la mayor parte de la humanidad con la soberbia, con el espíritu de rebelión a Dios, ahora sólo con la humildad y con la pequeñez es posible encontrar y ver al Señor.

Causada por la rebelión contra Dios, por este orgullo que sólo proviene de Satanás, es la oleada de la negación de Dios, del ateísmo que amenaza verdaderamente con seducir a gran parte de la humanidad.

Este espíritu de soberbia y de rebelión ha contaminado también a una parte de mi Iglesia. Engañados y seducidos por Satanás, aun aquellos que deberían ser luz para los demás, ahora no son más que sombras que caminan en la obscuridad de la duda, de la incertidumbre, de la falta de fe.

Ya dudan de todo. ¡Pobres hijos míos, cuanto más ustedes busquen solos y con sus propias fuerzas la luz, tanto más caerán en la obscuridad!

Hoy es necesario volver a la simplicidad, a la humildad, a la confianza de los pequeños, para ver a Dios. Para lo cual Yo misma me estoy preparando este escuadrón: mis Sacerdotes, a quienes haré cada vez más pequeños para que puedan ser colmados de la luz y del amor de Dios.

Humildes, pequeños, abandonados y confiados, todos se dejarán conducir por Mí. Su débil voz tendrá un día el clamor de un huracán, y uniéndose al grito de victoria de los Ángeles, hará resonar en todo el mundo el potente grito: “¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios?”

Será entonces la definitiva derrota de los soberbios y el triunfo mío y de mis pequeños hijos.”