Actualizado el martes 27/JUL/21

Interpretación del Apocalipsis

24 de diciembre de 1982

Noche Santa

Dios está con vosotros

“Un gran silencio envuelve al mundo. La oscuridad lo cubre todo. Los corazones velan en la oración y en la espera. Una sensación de confiada esperanza abre de par en par las puertas cerradas por el odio y el egoísmo.

Las fuerzas del Infierno se sienten de improviso sobrepujadas por una nueva fuerza de amor y de vida.

En la tiniebla se enciende una claridad. En el silencio se escuchan armonías de cantos celestiales. Y en el cielo de improviso aparece una gran Luz.

Es la noche Santa.

Esta Luz envuelve la pobre gruta, donde va a suceder el mayor acontecimiento de la historia.

La Madre Virgen os da a su Hijo, que nace pobre e indefenso, tembloroso y necesitado de todo, tierno y gimiente como un corderillo, que transparenta ya en su cuerpecillo el gran misterio de la mansedumbre y de la misericordia.

La vida de todo hombre toma un nuevo sentido a partir de esta noche, porque el Niño que nace es también su Dios. Es hombre como vosotros y es Dios con vosotros. Es el Emmanuel vaticinado desde siglos.

Es vuestro hermano. Es el corazón del mundo. Es el palpitar de una vida inmortal. Es la caricia a todo sufrimiento humano.

Es la victoria sobre toda derrota.

Es el bálsamo para la llaga del egoísmo, del odio, del pecado. Es la luz que resplandece para siempre a los que caminan en las tinieblas. Es la única esperanza de este mundo extraviado.

Con voz preocupada de Madre que oye las miles de voces que todavía le rechazan, y escucha con espanto las miles de puertas que aún le cierran el paso, os repito: no temáis, Dios está con vosotros. ¡Hoy ha nacido para todos un Salvador!

Con el corazón herido por tanto hielo como todavía cubre los caminos del mundo, y con el alma desolada por el gran rechazo de Dios, que ha convertido a la Tierra en un inmenso desierto, frente a una tan vasta desesperación os repito:

No temáis: Dios está con vosotros.

Lo está sobre todo hoy, que sois llamados a vivir los dolorosos momentos en que parece que mi Adversario domina en el mundo, derramando en el corazón de los hombres su veneno mortal.

Frente a tanto sufrimiento, que no se puede calmar; a tan gran esclavitud, que no se puede quebrar; a situaciones de injusticia, que no se logran enderezar; a peligros de guerras, que no se pueden detener; a amenazas sangrientas, cada vez más violentas, en esta Noche Santa, he aquí el mensaje que brota de mi Corazón Inmaculado, como esperanza y consuelo para todos:

No temáis: Dios está con vosotros.

Así como el Verbo del Padre se sirvió de mi humilde asentimiento para su primera venida entre vosotros, en la fragilidad de su naturaleza humana, así ahora mi Hijo Jesús se sirve de mi anuncio profético para preparar su segunda venida en gloria entre vosotros.

No temáis, hijos expuestos a tantos peligros.

¡Con el triunfo de mi Corazón Inmaculado se manifestará a vosotros en su glorioso Reino de Amor y Paz!” 

Comentario: 

¡No temáis! nos dice la Santísima Virgen, nuestra Madre del Cielo. Y si Ella nos lo dice, debemos poner todo el empeño en hacerle caso, ya que María sabe qué es lo que va a suceder en el mundo y en nuestra vida.

Profundicemos en esta dulce orden: ¡No temáis!

Las grandes tribulaciones de este tiempo presente, preparan el triunfo del Corazón Inmaculado de María, trayendo el Reino de Dios al mundo, Reino de paz y de amor que tanto esperamos los hombres.

Debemos aumentar en confianza en Dios y en María, porque estamos muy lejos de ser los hijos confiados que quiere la Virgen.

¿Acaso los destinos de los hombres y de las naciones no están en las manos de Dios? ¿Acaso puede suceder algo que escape a los designios divinos? ¿Acaso el demonio puede ir más allá de lo que Dios le permite? Tengamos, entonces, confianza, confianza, confianza en Dios y en María Santísima, y no nos angustiemos por las catástrofes y calamidades que suceden, sino más bien aprovechemos que Dios permite estas cosas para despertarnos del sueño en que estamos los hombres, y que nos convirtamos cada día más, y ayudemos a muchos hermanos a volver a Dios.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.