Actualizado el lunes 5/SEP/22

Interpretación del Apocalipsis

24 de diciembre de 1983

Noche Santa

Su Nueva Navidad

“Hijos predilectos, vivid las horas bellas y preciosas de esta Noche Santa en el jardín de mi Corazón Inmaculado. Pasadla en la oración, en el silencio, en dulce compañía Conmigo y con mi esposo José.

Participad en los momentos de éxtasis y de inefable alegría vividos por vuestra Madre Celeste cuando se disponía a donaros su divino Niño. La oración me envolvía como un manto; el silencio se apoderaba cada vez más de mi vida, porque había llegado el momento tan esperado de su nacimiento en el tiempo. De suerte que no recordaba la fatiga del largo camino realizado; no me desalentaba el rechazo que encontraba al llamar a cada puerta; me atraía la apartada quietud de una gruta; no me pesaba la incomodidad por la penuria y la falta de todo.

Luego, de improviso, el Paraíso se inclinó sobre mi nada, y entré en un éxtasis de amor y de vida con el Padre Celeste. Cuando tuve conciencia de estar aún sobre la Tierra, tenía ya entre mis brazos a mi Dios, milagrosamente hecho mi Hijo.

Revivid el diligente silencio de mi castísimo esposo José; su fatiga para conducirnos en nuestro largo camino; su insistencia en encontrarnos una casa; su renovada paciencia ante el rechazo de cada puerta que se abría; su confianza al conducirnos hacia un lugar resguardado y seguro; su amoroso trabajo para hacer más hospitalaria la mísera gruta; su orante expectación de todo lo que se habría de cumplir; y finalmente su enorme dicha al inclinarse para besar y adorar a su Dios, nacido de Mí en la Noche Santa.

Descienda sobre vosotros la Luz, que se apareció a los pastores en lo profundo de la noche, y los cantos de los Ángeles y el gozo por la alegre noticia escuchada: “Os anuncio una noticia que es de mucha alegría para todos: hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.”

En la noche, que tenebrosa ha caído hoy sobre el mundo; en el sufrimiento, incluso sangriento, que la Iglesia está llamada a vivir en esta hora, mientras para Jesús, que retorna en gloria, se cierran aún las puertas de los hombres y de los pueblos, imitad a vuestra Madre Celeste, a su amadísimo esposo José, a los Pastores que corren presurosos a la invitación que el Cielo les hace.

Orad y haced silencio para escuchar la voz de Dios y comprender los grandes signos que hoy os manda para secundar, con vuestra personal colaboración, su misericordioso designio.

Como José, también vosotros poneos manos a la obra presurosos para preparar a todos a su cercano retorno. Encended en los corazones las luces, al presente apagadas; abrid las almas a la gracia y al amor; abrid de par en par todas las puertas a Cristo que viene.

Y como hicieron los Pastores, sencillos y pequeños, así también vosotros no os cerréis a la escucha de las voces, que todavía hoy, más que nunca, os vienen dadas del Cielo.

Entre ellas, sabed reconocer y seguir la de vuestra Madre Celeste, que de tantos modos y con tantos signos, os repite su profético anuncio: “Preparaos al retorno de Jesús en gloria”.

Está cercana su segunda Navidad. Vivid Conmigo las horas conclusivas de este segundo adviento: en la confianza, en la oración, en el sufrimiento aceptado e iluminado, en la expectación de que llegue pronto el gran día del Señor.

El desierto del mundo se abrirá para recibir el celeste rocío de su glorioso Reino de amor y de Paz.” 

Comentario: 

Estamos cerca de la segunda venida del Señor, y por eso debemos prepararnos a recibirlo y preparar al mundo al encuentro con Cristo.

Después de una gran tribulación por la que pasará el mundo, llegará un cielo nuevo y una tierra nueva, y la humanidad, purificada por grandes sufrimientos, volverá a ser como un nuevo paraíso en la tierra, los hombres alabarán a Dios y habrán recuperado la cordura y la fe.

Preparemos al mundo a la venida del Reino de Dios a la tierra, dándoles esperanzas a los hombres, diciéndoles que el Salvador, Jesucristo, está ya a las puertas, y que vendrá a destruir a los que destruyen la tierra.

Abramos los corazones a la esperanza, porque en este mundo que parece que ya todo está perdido y que no tiene solución, brilla la solución que vendrá junto con Cristo, que hará nuevas todas las cosas.

Esta venida del Señor no es la venida final para el Juicio, sino que es como una venida intermedia, invisible, que traerá el Reino de Dios a la tierra.

Preparémonos con una vida de oración intensa, en especial con el rezo diario del Santo Rosario, y con una vida sobria, sin dormirnos ni dejarnos llevar por los placeres del mundo, por la seducción de las riquezas ni por las diversiones excesivas.

Ya lo ha dicho el Señor que debemos estar prevenidos y preparados, con las lámparas encendidas, porque Él vendrá a la hora menos pensada.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.