Actualizado el viernes 7/DIC/18

Interpretación del Apocalipsis

Estamos cerca. 

La Iglesia cada año nos pone delante de nuestros ojos el tiempo de Adviento, tiempo que nos recuerda que el mundo presente, todo lo que conocemos, tendrá un día su fin catastrófico. Pero no hay que vivir obsesionados con esto, porque nos atrofiaríamos para hacer el bien. Es por eso que el Señor no ha querido revelarnos ni el día ni la hora en que estas cosas sucederán, para que vivamos tranquilos y en paz, eso sí, siempre en gracia de Dios, para que cuando llegue el gran Día del Señor, estemos preparados lo mejor posible.

Y estar preparados no quiere decir hacer acopio de alimentos y cosas por una posible guerra nuclear, o preparar refugios adecuados para escapar de las bombas atómicas, sino más bien se trata de que hagamos nuestro refugio en nuestro corazón, viviendo en gracia de Dios, SIEMPRE, y nunca en pecado mortal, para que cuando llegue el Señor a nuestra vida y llame a nuestra puerta, ya sea en su Segunda Venida, o en la venida individual que nos hará en el momento de nuestra muerte, estemos en gracia y amistad de Dios, para salvarnos.

Porque en realidad siempre debemos pensar que estamos cerca de estos sucesos del Fin de los Tiempos, pues si suceden mientras vivimos en este mundo, entonces son muy cercanos, porque nuestra vida es muy corta; y si suceden luego de nuestra muerte, también estamos cerca porque nuestra propia muerte será nuestro fin individual, la terminación del mundo para cada uno de nosotros. De modo que siempre estamos cercanos al fin.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.