Actualizado el miércoles 21/DIC/22

Interpretación del Apocalipsis

1 de enero de 1984

Fiesta de Santa María, Madre de Dios

Tened ánimo

“Comenzad este nuevo año a la luz de mi divina maternidad. Hijos predilectos, esta fiesta debe ser para todos vosotros un signo de confianza y de esperanza.

Tened ánimo: Yo soy la Madre de la Gracia y de la Misericordia. Si el nuevo año se abre en medio de nubes que se condensan amenazadoras en el horizonte, si la humanidad es incapaz de encontrar el camino de su retorno a Dios, si en el mundo aumentan las fuerzas disgregadores del mal y de la muerte, si la inseguridad y el miedo marcan el transcurso de vuestros días, volved vuestra mirada a Mí como Madre de la divina Misericordia.

Hoy me inclino sobre esta generación, tan enferma y amenazada, con el amor que una madre tiene hacia los hijos más necesitados y expuestos al peligro.

Con mis manos inmaculadas recojo todos los sufrimientos y las inmensas miserias de la humanidad, y las presento al Corazón de mi Hijo Jesús, para que Él haga descender sobre el mundo el río de su amor misericordioso.

Tened ánimo, porque Jesús os ama con su ternura divina, y vuestra Madre Celeste está siempre entre vosotros para compartir dificultades y peligros.

Tened ánimo: soy la Madre del Salvador y de vuestro Redentor.

Jesús os ha redimido para siempre sobre la Cruz, sufriendo y muriendo por vosotros. Su Sacrificio tiene un valor infinito, que trasciende al tiempo. Su sangre, sus heridas, su dolorosa agonía, su atroz muerte en la Cruz tienen un valor de salvación también para la presente generación, que sin Él andaría perdida.

Este Sacrificio Suyo se renueva místicamente en cada santa Misa que se celebra.

Al general y renovado rechazo de Dios, responde aún, con infinita capacidad de reparación, su renovada y dolorida súplica: “Padre, perdónales, porque no saben lo que dicen ni lo que hacen”.

Al desbordamiento del mal y del pecado, se ofrece hoy de nuevo a la divina Justicia la sangre inocente del verdadero Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo.

A la amenaza de guerra y destrucción, responde la certeza de la real presencia entre vosotros de Jesús en la Eucaristía, que es la Vida, y para siempre ha vencido al pecado y a la muerte.

Al comienzo de este nuevo año, mirad a Jesús vuestro Redentor y a vuestra Madre Celeste, que os consuela y os conduce a penetrar en el admirable designio de vuestra salvación.

Tened ánimo: Yo soy la Madre y la Reina de la paz. A través de Mí, vendrá a vosotros la paz. Escuchad mi voz y dejaos conducir por Mí con docilidad.

En vísperas de las grandes pruebas que os aguardan, en la amenaza, temida ya por todos, de una nueva y espantosa guerra, sabed que mi presencia entre vosotros, confirmada hoy de tantos modos y con tantos prodigios, es un signo que os anuncia cómo, al final de la gran prueba, sólo mi Corazón Inmaculado triunfará. Será en todo el mundo la victoria del amor y de la paz.” 

Comentario: 

Estas palabras de la Santísima Virgen dichas para el comienzo del año 1984, bien pueden ser aplicadas para el comienzo de este nuevo año 2023, ya que cada vez nos acercamos más al cumplimiento doloroso de los avisos que Ella nos descubrió.

Algo parecido nos ha dicho Jesús en su Evangelio, que cuando comiencen a suceder todas estas cosas (las catástrofes, etc.), tengamos ánimo y levantemos la cabeza porque está por llegarnos la liberación.

Así también María, en este mensaje, nos insta a tener ánimo, a pesar de todos los problemas y calamidades que se suceden en el mundo y en nuestras vidas, y de la prueba inminente que ya está abatiéndose sobre la humanidad.

El Corazón de María es el refugio para pasar a salvo por esta Gran Tribulación que ya ha comenzado, y que tendrá su epílogo con el triunfo total de Cristo, que traerá su Reino a la tierra.

La Iglesia, que es la Esposa de Cristo, debe ser semejante en todo a su Esposo. Y si Jesús conoció el sufrimiento y la muerte, la Iglesia también deberá pasar por momentos similares.

Entonces preparémonos con la oración y la penitencia, porque hoy más que nunca es cierto aquello que ha dicho Jesús en su Evangelio: “Os aseguro que si no hacéis penitencia, todos pereceréis”. Y oremos sin cesar, como lo ha aconsejado también el Señor, para salir ilesos de los grandes acontecimientos que aguardan a la humanidad.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.