Actualizado el martes 15/NOV/22

Matar el error, amar al que yerra

Cuatro días locos. 

La canción popular dice: “Por cuatro días locos que vamos a vivir. Por cuatro días locos te tenés que divertir”.

¿Hay canción más mundana que ésta? Porque está impregnada con el espíritu del mundo, que nos dice que la pasemos bien en este mundo, porque este mundo es todo lo que existe.

En cambio Cristo nos ha dicho que debemos renunciar a nosotros mismos y seguirle por el camino de la cruz, de la abnegación de nosotros mismos. Por eso quien ama al mundo no puede amar también a Dios.

Quien quiere gozar de este mundo y acepta sus máximas, perderá la vida eterna, pues ya lo ha dicho el Señor que quien ama su vida en este mundo la perderá, y quien sacrifique su vida aquí, la ganará para la eternidad. No son sólo palabras, sino que es la Verdad que nos dice el mismo Verbo de Dios.

¿Cómo vivimos nosotros? Es tiempo de que hagamos un balance de cómo estamos viviendo últimamente. Porque con los avances tecnológicos y las comodidades que por todas partes se nos ofrecen, nos hace olvidar de esta verdad, de que sólo se salvarán quienes entren por la puerta estrecha y caminen por el camino angosto, ya que los demás serán pasto del abismo infernal.

¡Qué diferente es lo que nos dicen los medios de comunicación, en especial la televisión, en sus avisos publicitarios y en sus programas!, ¿no?

Abramos los ojos porque el demonio se disfraza de ángel de luz y nos quiere hacer creer que todo es lo mismo, y que se puede ir caminando con un pie en el buen camino y con el otro pie en el camino malo.

No se puede contemporizar con Dios y con el diablo porque ellos son irreconciliables, como irreconciliables son los hijos de Dios con los hijos de las tinieblas.


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Esta sección se crea el 5 de Mayo de 2010, Nuestra Señora de la Gracia, a quien se la encomendamos, y a quien le pedimos que nos ilumine con la divina Sabiduría para anunciar la verdad y matar el error.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que brillarán como las estrellas del cielo por haber enseñado la justicia a los hombres.