Actualizado el martes 23/ENE/24

Matar el error, amar al que yerra

El mundo es de los malos. 

Hay una verdad que muchas veces olvidamos: “El mundo es de los malos, y el Cielo es de los buenos”.

Es necesario que recordemos esto para no hacernos ilusiones porque el verdadero paraíso nunca podrá estar en la tierra. A lo sumo podremos trabajar para hacer menos malo este destierro que es la vida terrena, pero siempre será verdad que el amo de este mundo es Satanás.

Los malos reinan en este mundo, porque no se les concederá reinar en el otro mundo. En cambio los buenos padecen aquí, porque en el más allá serán reyes y reinas eternos, y para siempre felices cantarán las maravillas del Señor.

Es bueno que trabajemos por un mundo más justo, más humano y más amoroso. Pero el querer hacer de la tierra un paraíso, olvidándonos de que el verdadero Paraíso está en el Cielo, puede ser una tentación que muchos tienen y han tenido, por ejemplo el marxismo o el liberalismo, ambos errores funestos y diabólicos, que pretenden anclarse aquí en la tierra como si este mundo fuera lo único.

Tenemos que trabajar por la Tierra y por el mundo, por las estructuras y por la paz y el amor, para hacer a la tierra lo más acogedora posible como antesala del Cielo, que antes o después todos tendremos que dejar, y que al final del mundo será consumida por el fuego.

Quien piensa en el Cielo, es el que mejor está dotado y preparado para trabajar por el hoy, para trabajar por el mundo; porque es quien tiene la visión correcta de todo, la visión de la fe, que es ver todo con los ojos de Dios, con mirada sobrenatural. Entonces este tal es quien mejor trabaja por la paz y la concordia del mundo, sin hacerse ilusiones, sabiendo que combate contra las fuerzas del mal que dominan este mundo.


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Esta sección se crea el 5 de Mayo de 2010, Nuestra Señora de la Gracia, a quien se la encomendamos, y a quien le pedimos que nos ilumine con la divina Sabiduría para anunciar la verdad y matar el error.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que brillarán como las estrellas del cielo por haber enseñado la justicia a los hombres.