Actualizado el domingo 5/JUN/22

Matar el error, amar al que yerra

La tecnología no es Dios. 

La humanidad está siendo encandilada con la tecnología moderna, que quiere ocupar el lugar de Dios en las almas.

Efectivamente, este mundo que se ha alejado de Dios y se ha vuelto ateo en gran parte, ya busca su felicidad sólo en las cosas materiales, y especialmente en los aparatos electrónicos y todo lo que sea tecnología, creyendo que esa es la felicidad para la que fuimos creados.

Pero Dios, que conoce al hombre porque Él lo creó, sabe muy bien, y quiere que también nosotros lo sepamos, que el hombre no puede ser feliz poseyendo “cosas”, sino que la felicidad está en el poseer a una persona; ya sea en la tierra, cuando amamos a alguien, y mucho más plenamente en el Cielo, y también en la tierra, cuando amamos a Dios, Fin Último para el cual hemos sido creados.

Ya lo dijo San Agustín: “Nos has creado para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.

Pero no sólo que la tecnología no es Dios, sino que además, mal usada como está siéndolo, y en manos de Satanás en gran parte, como están los medios de comunicación social, será ella misma la que desencadenará la hecatombe.

Dios no quiere que ninguno perezca. Pero los hombres no hemos hecho caso a los avisos del Cielo, a los llamados angustiosos de la Virgen, y los avances tecnológicos, mal usados, nos están colocando a los hombres en un camino sin salida.

Al menos los que nos decimos cristianos, católicos, abramos los ojos, y no pongamos nuestro corazón en las “cosas”, sino en Dios. Porque pasa la figura de este mundo, y con ella pasan también las glorias humanas.


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Esta sección se crea el 5 de Mayo de 2010, Nuestra Señora de la Gracia, a quien se la encomendamos, y a quien le pedimos que nos ilumine con la divina Sabiduría para anunciar la verdad y matar el error.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que brillarán como las estrellas del cielo por haber enseñado la justicia a los hombres.