Actualizado el miércoles 5/MAY/21

Matar el error, amar al que yerra

No juzguemos a nadie. 

Está muy bien condenar el pecado y el mal. Lo que no está bien es condenar al pecador, porque no sabemos por qué esa persona actúa de esa manera, y no todo lo que aparece a nuestra vista es lo verdadero, sino que hay resortes escondidos en la forma de actuar de las personas, que pueden incluso disminuir mucho su responsabilidad de pecar.

¡No juzguemos! Recordemos que la medida con que midamos, se usará para nosotros. Y entonces aprovechemos este secreto que nos ha dado Jesús en su Evangelio, para ser indulgentes con todos y misericordiosos, para que Dios lo sea también con nosotros.

¿Quién no necesita de la Misericordia de Dios? ¿Quién puede decir: Yo no soy pecador? Y aunque este tal pudiera decirlo, no tiene el derecho de juzgar y condenar a nadie.

Tomemos el ejemplo de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. Todos los presentes tenían pecados y la juzgaban y condenaban. Pero Jesús, que no tenía pecado ninguno, y que podía en justicia condenarla, no lo hizo.

Aprendamos esta lección del Señor, y si tenemos la gracia de no cometer pecados graves, agradezcamos a Dios porque sin su ayuda seríamos los pecadores más grandes del mundo; y si no caemos, se debe a su ayuda constante. Compadezcámonos entonces de quienes caen por debilidad o incluso por malicia, porque no saben lo que hacen.

Recemos por todos. Pasemos por este mundo haciendo el bien, a TODOS, y seremos dignos hijos del Altísimo.


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Esta sección se crea el 5 de Mayo de 2010, Nuestra Señora de la Gracia, a quien se la encomendamos, y a quien le pedimos que nos ilumine con la divina Sabiduría para anunciar la verdad y matar el error.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que brillarán como las estrellas del cielo por haber enseñado la justicia a los hombres.