Actualizado el miércoles 28/JUL/21

MEDITACIÓN DE HOY

Milicia. 

Y si por razón de nuestra flaqueza tememos sucumbir a los asaltos de nuestros enemigos, contra los cuales es menester combatir, he aquí, según dice el Apóstol, lo que tenemos que hacer: Corramos, por medio de la paciencia, la carrera que tenemos delante, fijos los ojos en el jefe iniciador y consumador de la fe, Jesús, el cual en vez del gozo que se le ponía delante, sobrellevó la cruz, sin tener cuenta de la confusión. Corramos, pues, con ánimo esforzado a la pelea, mirando a Jesús crucificado, que desde la cruz nos brinda su auxilio y nos promete la victoria y la corona. Si en lo pasado caímos, fue por no haber mirado las llagas y las ignominias que nuestro Redentor padeció y por no haberle pedido su ayuda. En cuanto a lo porvenir, no dejemos de tener ante la vista cuanto por nosotros padeció y cuán presto se halla a socorrernos si acudimos a Él, y así a buen seguro que saldremos triunfantes de nuestros enemigos. Santa Teresa decía, con su intrépido espíritu: “Yo deseo servir a este Señor... No entiendo estos miedos: ¡Demonio!, ¡Demonio!, cuando podemos decir: ¡Dios!, ¡Dios!, y hacerlo temblar.” Por el contrario, decía la Santa que, si no ponemos en Dios toda nuestra confianza, de poco o ningún provecho será toda nuestra diligencia: “Buscaba remedio, hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si , quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios.”

“Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

Ya lo dice Job en la Escritura: “Es milicia la vida del hombre sobre la tierra”.

Sí, la vida en este mundo es milicia y, además, es prueba. Es una prueba de la que es necesario tener plena conciencia para no confundirnos y creernos que esta vida es lo definitivo y lo más importante.

No, lo más importante es la otra vida, lo que seremos después de la muerte. Y seremos según haya sido nuestro vivir en este mundo.

Porque esta vida es como una sala de espera para entrar a la vida verdadera.

Hay muchos que se aferran a esta vida como si fuera todo y tratan de gozar de los placeres y vivir cómodamente, y así pierden su alma para la eternidad.

Nosotros, en cambio, tengamos plena conciencia de que este tiempo de vida terrenal es tiempo de lucha contra los tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y las pasiones; y que de esta lucha depende nuestro destino eterno: Cielo o Infierno.

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