Actualizado el domingo 3/OCT/21

MEDITACIÓN DE HOY

Rogar para recibir. 

Dice San León que Jesucristo, con su muerte, nos acarreó mayores bienes que males nos acarreara el Demonio con el pecado, con lo que declaraba lo que ya había dicho San Pablo: el don de la redención fue mayor que el pecado, y la gracia excedió al delito. Por eso nos animó el Salvador a esperar toda suerte de favores y gracias, fiados en sus merecimientos, enseñándonos, además, Él mismo la fórmula que habíamos de emplear para alcanzar cuanto quisiéramos de su Padre: En verdad, en verdad os digo: si alguna cosa pidiereis al Padre, os lo concederá en nombre mío. Pedid, dice, cuanto deseéis, pero pedidlo al Padre en mi nombre, y os prometo que seréis oídos. En efecto, ¿cómo podría el Padre negarnos gracia alguna después de habernos dado a su propio Hijo, a quien ama como a sí mismo? Quien a su propio Hijo no perdonó, sino que por nosotros todos lo entregó, ¿cómo no, juntamente con Él, nos dará de gracia todas las cosas? Dice al Apóstol todas las cosas, por lo que no exceptúa ninguna gracia, ni el perdón, ni la perseverancia, ni el santo amor, ni la perfección, ni el Paraíso; todo, todo nos lo ha dado. Pero es menester pedirlo, que Dios es generosísimo con quien le ruega.

“Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

Es necesario rogar a Dios si queremos recibir gracias y dones, porque si bien Dios nos provee de todo lo necesario, también es cierto que Él ha puesto la regla de concedernos las gracias cuando se las pedimos.

Dios tiene preparadas para nosotros, desde toda eternidad, innumerables gracias y dones para darnos; pero la condición es que nosotros se las pidamos a través de la oración, y así las recibiremos, de lo contrario el Señor no las concederá, y así habremos perdido estos invalorables auxilios que estaban destinados a nosotros.

Jesús, que no tenía necesidad de rezar, quiso rezar día y noche. La Virgen, que no tenía pecado original y era perfecta, quiso también rezar día y noche y se la llama la Omnipotencia Suplicante. Nosotros, que somos tan débiles y estamos tan expuestos a los ataques del demonio, tenemos la necesidad imperiosa de orar, también día y noche, porque día y noche nos combaten los tres enemigos del alma que son mundo, demonio y pasiones.

Si pudiéramos ver todas las gracias y auxilios que recibimos al rezar, nos pasaríamos horas y horas rezando.

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