Actualizado el martes 21/MAY/19

MEDITACIÓN DE HOY

Invitación al banquete. 

Para que nos resolviéramos a recibirlo en la sagrada comunión, no sólo nos exhorta a ello con repetidas invitaciones: Venid a comer de mi pan y bebed del vino que he mezclado. Comed, amigos; bebed y embriagaos, queridos, sino que también nos lo impone como precepto: Tomad y comed; éste es mi cuerpo. Y para inclinaros a recibirlo, nos alienta con la promesa del Paraíso: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna. El que come este pan vivirá eternamente. En suma, a quien no comulgare, lo amenaza con excluirlo del Paraíso y lanzarlo al Infierno: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Estas invitaciones, estas promesas y estas amenazas nacen todas del gran deseo que tiene de unirse a nosotros en este sacramento.

 “Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

No hay excusas para no comulgar. Solo no debemos hacerlo cuando estamos seguros de estar en pecado mortal, porque si comulgamos en ese estado, cometeríamos un sacrilegio. Pero si hay duda sobre pecado, hay que ir igual a comulgar, porque el demonio suele ponernos multitud de pretextos con tal de hacernos perder una o más comuniones. Él quisiera alejarnos completamente de Dios y sabe muy bien que quien comulga frecuentemente con las debidas disposiciones, es un alma que está perdida para él, porque en la Eucaristía esa alma recibe fuerzas, gracias y dones que la harán alcanzar el Paraíso y evitar el Infierno, porque la comunión va divinizando al alma y la va haciendo semejante a Dios mismo, y las astucias y maldades del demonio se estrellan contra esa alma. ¡Vayamos a comulgar todas las veces que podamos, eludiendo todas las dudas y sugerencias en contra que nos ponga el Maligno, que serán muchas y muy variadas!

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