Actualizado el domingo 9/DIC/18

MEDITACIÓN DE HOY

El amor es despreciado 

Más lejos va todavía San Bernardo al llamar a este sacramento amor de los amores, pues este don encierra todos los restantes dones que el Señor nos hizo, la creación, la redención, la predestinación a la gloria, porque como canta la Iglesia, la eucaristía no sólo es prenda del amor que Jesucristo nos tiene, sino también prenda del Paraíso que quiere darnos. Por eso San Felipe Neri llamaba a Jesucristo en el santísimo sacramento con el nombre de amor, y al cabo de su vida cuando le llevaron  el viático, exclamó: “He aquí el amor mío, dame a mi amor.”

 “Práctica de amor a Jesucristo” – San Alfonso María de Ligorio 

Comentario: 

Meditando estas palabras, causa un verdadero asombro cómo es que este augusto sacramento sea tan despreciado por los hombres, y no solo por los infieles y ateos, sino por los mismos fieles, que comulgan sin estar bien dispuestos, aumentando así los sacrilegios. Pero lo más asombroso es que muchos sacerdotes no le dan la debida importancia a la Eucaristía y celebran la Misa de cualquier forma, aumentando también los sacrilegios. Les sucede a ellos como aquel sacerdote del Templo de Jerusalén, al que le llevaron al Niño Jesús para presentarlo, y que no cayó en la cuenta de Quién era Aquél que tenía en sus manos. Ahora sucede lo mismo con muchos sacerdotes y hasta obispos, que celebran la Eucaristía, sin caer en la cuenta de a Quién tienen en sus manos luego de la consagración eucarística. ¿Hay mayor mal que ignorar que Jesús está realmente presente en la Eucaristía, y por ende tratarlo indecorosamente? No, no hay mayor mal, y por eso cuando le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta cuál era el mayor mal, y si era el aborto, ella contestó que no, que el mayor mal era la Comunión en la mano. Esto no se quiere decir y muchos se escandalizan, pero son los que no caen en la cuenta de que en la hostia consagrada está Jesús realmente presente, está Dios, y está todo entero en cada partícula, hasta en la más mínima. Es lógico que si cada vez se le da menos importancia a la Eucaristía, cada vez sucederán más desgracias en el mundo, porque el demonio tiene más fuerza y, como le sucedió al pueblo de Israel, al claudicar de Dios, los castigos se abatirán sobre nosotros. Volvamos entonces a dar un culto digno a Jesús Sacramentado y recibámoslo con adoración y delicadeza, porque la Comunión es el Amor que viene a nosotros.

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