(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el sábado 15/ENE/22

Mensaje a los Amigos de la Cruz

“Nada tan necesario” 

Para los templos del Espíritu Santo 

Sabéis que sois templos vivos del Espíritu Santo. Como otras tantas piedras vivas, tenéis que ser colocados por ese Dios de amor en el templo de la Jerusalén celestial. Disponeos, pues, para ser labrados, cercenados, cincelados por el martillo de la cruz. De lo contrario, quedaréis como piedras toscas, que no sirven para nada, se desprecian y arrojan lejos. ¡Cuidado con resistir al martillo que os golpea! ¡Cuidado con oponeros al cincel que os labra, a la mano que os pule! ¡Tal vez ese diestro y amoroso arquitecto desea convertiros en una de las piedras principales de su edificio eterno, en uno de los retablos más hermosos de su reino celestial! Dejadle actuar; os quiere, sabe lo que hace, tiene experiencia, cada uno de sus golpes es acertado y amoroso, no da ninguno en falso, a no ser que vuestra impaciencia lo inutilice. 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

¡Qué hermosas palabras! Y ojalá las tuviéramos en cuenta para cuando llega el tiempo de la tribulación, y de ese modo no echemos a perder las cruces que nos envía el Señor, y con las cuales nos hace piedras de su Templo eterno.

Dicen que si los Ángeles del cielo pudieran envidiar algo a los hombres, les envidiarían dos cosas: la Eucaristía y el poder padecer algo por Dios, por la salvación de las almas.

Y nosotros que tenemos estas dos cosas a nuestra disposición, en realidad muchas veces las desestimamos, porque no vamos a comulgar con frecuencia, o lo hacemos tan rutinariamente que la Comunión no da fruto en nosotros. Y cuando nos sobreviene una cruz, un sufrimiento, un dolor, nos rebelamos contra Dios y nos ponemos a dudar de su amor por nosotros y de su bondad infinita.

Recordemos esta verdad de lo que los Ángeles nos podrían envidiar, y ya que nosotros las tenemos a nuestra disposición, aprovechemos de las cruces de cada día, sin buscarlas, por su puesto, pero al menos aceptándolas cuando ellas sobrevienen, sabiendo y estando plenamente convencidos de que Dios nos ama con  predilección  justamente por estas cruces que nos da, ya que no de otra manera trató a su propio Hijo.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Si desea recibir estos mensajes por email, suscríbase al Grupo Amigos de la Cruz haciendo CLIC AQUÍ