(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el miércoles 6/OCT/21

Mensaje a los Amigos de la Cruz

“Nada tan necesario” 

Para los discípulos de un Dios crucificado 

Amigos de la Cruz, discípulos de un Dios crucificado: el misterio de la cruz es un misterio ignorado por los gentiles, rechazado por los judíos, menospreciado por los herejes y malos cristianos. Pero es el gran misterio que tenéis que aprender en la práctica, en la escuela de Jesucristo. Solamente en su escuela lo podéis aprender. En vano buscaréis en todas las academias de la Antigüedad algún filósofo que lo haya enseñado. En vano consultaréis la luz de los sentidos y de la razón. Sólo Jesucristo puede enseñaros y haceros saborear ese misterio por su gracia triunfante.

Adiestraos, pues, en esta sobreeminente ciencia bajo la dirección de tan excelente Maestro, y poseeréis todas las demás ciencias, ya que ésta las encierra a todas en grado eminente. Ella es nuestra filosofía natural y sobrenatural, nuestra teología divina y misteriosa, nuestra piedra filosofal, que –por la paciencia– cambia los metales más toscos en preciosos; los dolores más agudos, en delicias; la pobreza, en riqueza; las humillaciones más profundas, en gloria. Aquél de vosotros que sepa llevar mejor su cruz –aunque, por otra parte, sea un analfabeto–, es más sabio que todos los demás.

Escuchad al gran San Pablo, que, al bajar del tercer cielo –donde aprendió misterios escondidos a los mismos ángeles–, exclama que no sabe ni quiere saber nada fuera de Jesucristo crucificado. ¡Alégrate, pues, tú, pobre ignorante; tú, humilde mujer sin talento ni letras; si sabes sufrir con alegría, sabes más que un doctor de la Sorbona que no sepa sufrir tan bien como tú! 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

Siendo las cosas así, tenemos que pensar y meditar qué opinión tenemos del dolor y del sufrimiento, cuál es la forma en que llevamos nuestras cruces, porque de ello depende no sólo nuestra santificación y salvación, sino la salvación y santificación de muchas almas.

Una persona que sabe sufrir con paciencia, resignación y hasta con alegría, ha alcanzado la Sabiduría, porque si vemos a Jesucristo, Él quiso elegir ese camino de la cruz, y nos lo ha indicado como el camino seguro para alcanzar el Cielo, y la Sabiduría.

Entonces es tiempo de que pensemos un poco a ver cómo estamos cargando nuestra cruz de cada día, si hacemos pequeños sacrificios y renuncias voluntarias, o al menos aceptamos con amor los dolores y contrariedades de la vida, porque de ello depende nuestro adelanto en la vida espiritual.

Es cierto que la naturaleza se resiste a esta verdad. También Cristo dijo en el colmo de su angustia: “Padre, que pase de Mí este cáliz”. Pero también añadió: “Que no se haga mi voluntad sino la tuya”.

También nosotros debemos pedir que se nos eviten los dolores y las cruces, y no pedirlas a Dios. Pero si nos vienen solas, pidamos a Dios la gracia de poder llevarlas con entereza y valentía, con mérito y paciencia, porque son tesoros de los que el Rey del Cielo no nos quiere privar, pues bien sabe su valor para salvar almas.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

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