(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el domingo 1/AGO/21

Mensaje a los Amigos de la Cruz

“Nada tan necesario” 

Para los pecadores 

En realidad, queridos Amigos de la Cruz, todos sois pecadores. No hay nadie entre vosotros que no merezca el infierno –Y yo más que ninguno–. Nuestros pecados tienen que ser castigados en este mundo o en el otro. Si no lo son en éste, lo serán en el otro.

Si Dios los castiga en este mundo, de acuerdo con nosotros, el castigo será amoroso. En efecto, nos castigará su misericordia, que reina en este mundo, y no su rigurosa justicia; será un castigo ligero y pasajero, acompañado de dulzura y méritos y seguido de recompensas en el tiempo y en la eternidad.

Pero, si el castigo que merecen los pecados cometidos queda reservado para el otro mundo, la justicia inexorable de Dios –que todo lo lleva a sangre y fuego– ejecutará la condena...

Queridos hermanos y hermanas: ¿pensamos en esto cuando padecemos alguna pena en este mundo? ¡Qué suerte la que tenemos! Pues, al llevar esta cruz con paciencia, cambiamos una pena eterna e infructuosa por una pena pasajera y meritoria. ¡Cuántas deudas nos quedan por pagar! ¡Cuántos pecados cometidos! Para expiar por ellos, aún después de una amarga contrición y una confesión sincera, tendremos que padecer en el purgatorio por habernos conformado con unas penitencias bien ligeras durante esta vida. ¡Ah! Cancelemos, pues, amistosamente nuestras deudas en esta vida llevando bien nuestra cruz. En la otra vida, todo se paga hasta el último céntimo, hasta la menor palabra ociosa. Si lográramos arrancar de manos del demonio el libro de muerte, en el que lleva anotados todos nuestros pecados y el castigo que merecen, ¡qué debe tan enorme hallaríamos! ¡Y qué encantados quedaríamos de padecer durante años enteros en esta vida antes que sufrir un solo día en la otra! 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

Dicen los santos que en el Purgatorio los sufrimientos se multiplican por mil en intensidad y duración. Mientras que en la tierra podemos aprovechar cada contrariedad y padecer para descontar de la Justicia divina, y con un breve sufrimiento en la tierra pagamos muchos años y hasta siglos de Purgatorio.

¡Qué lástima que demos tan poco valor al sufrimiento en este mundo! Porque ya nadie quiere sufrir, ni siquiera los Sacerdotes y religiosos, que se han dejado seducir por el espíritu del mundo, por la comodidad y el placer, haciendo inútil y hasta nociva su vocación, porque de colaboradores en la redención, se han convertido en ayudantes del demonio.

Y justamente en estos tiempos en que el pecado aumenta sin cesar como ola desbordante que lo arrasa todo, y que necesita el dique de los sacrificios ofrecidos por amor, para contrarrestar el mal, es justo ahora que los cristianos no queremos sufrir.

Hay que reconocer que ésta es una gran astucia de Satanás, que no quiere que los hombres expiemos los pecados en este mundo, sino más bien que padezcamos horrores en el Infierno, para siempre y sin ningún mérito.

Por eso es meritorio sufrir aquí en la tierra, y los Santos lo entendieron bien y por eso pedían sufrimientos. Nosotros no pediremos sufrimientos, porque comparados con ellos somos nada, pero al menos trataremos de no huir de las cruces que el Señor, bondadosa y providencialmente nos pone en el camino.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

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