(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el sábado 15/JUN/19

Mensaje a los Amigos de la Cruz

Quemar las naves.  

El que quiera. El que tenga voluntad sincera, voluntad firme y resuelta. Y esto no por instinto natural, rutina, egoísmo, interés o respeto humano, sino por la gracia triunfante del Espíritu Santo, que no se comunica a todos: No a todos ha sido dado conocer el misterio. El conocimiento práctica del misterio de la cruz se comunica a muy pocos. Para que alguien suba al Calvario y se deje crucificar con Jesucristo, en medio de los suyos, es necesario que sea un valiente, un héroe, un decidido, un amigo de Dios; que haga trizas al mundo y al infierno, a su cuerpo y a su propia voluntad; un hombre resuelto a sacrificarlo todo, emprenderlo y padecerlo todo por Jesucristo.

Sabed, queridos Amigos de la Cruz, que aquellos de entre vosotros que no tienen tal determinación andan sólo con un pie, vuelan sólo con un ala y no son dignos de estar entre vosotros, pues no merecen llamarse Amigos de la Cruz, a la que hay que amar, como Jesucristo, con corazón generoso y de buena gana. Una voluntad a medias –lo mismo que una oveja sarnosa– basta para contagiar todo el rebaño. Si una de éstas hubiera entrado en el redil por la falsa puerta de lo mundano, echadla fuera en nombre de Jesucristo, como al lobo de entre las ovejas. 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

Para seguir a Cristo hay que “quemar las naves”, es decir, hay que dejar el pasado de lado y lanzarse a la conquista del monte de la santidad, porque en la vida espiritual no hay términos medios, pues se está con Cristo o contra Cristo, y si no se avanza, se retrocede, pues uno nunca queda estancado.

En el Evangelio hay un hermoso ejemplo de esto que decimos, cuando el Señor comenta de ese rey que está a punto de entrar en combate con otro rey que viene contra él con mayor número de soldados. Y así es nuestra vida, puesto que deberemos enfrentar al demonio y a todo el Infierno, que es más poderoso que nosotros, y si no ponemos TODO lo nuestro y nosotros mismos enteramente, entonces no alcanzaremos la victoria, que será también en la cruz, como Cristo venció en el Calvario.

Recordemos a la mujer de Lot, que por mirar hacia atrás, quedó convertida en una estatua de sal. También nosotros, una vez decididos a seguir a Cristo, no debemos mirar hacia atrás, lo que dejamos, lo que “perdemos”, porque quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino de Dios.

No tengamos miedo, pero tampoco seamos imprudentes y volubles como veletas, sino trabajemos una voluntad decidida y firme, pidiendo esta gracia a Dios, y poniendo de nuestra parte todo lo mejor para que así sea.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

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