(Sección especialmente dedicada al Grupo Amigos de la Cruz)

Actualizado el viernes 14/DIC/18

Mensaje a los Amigos de la Cruz

Penitencia. 

Acordaos, queridos cofrades, de que el buen Jesús os está mirando y os dice a cada uno en particular: “Casi todos me abandonan en el camino real de la cruz. Los idólatras, enceguecidos, se burlan de mi cruz como si fuera una locura; los judíos, en su obstinación, se escandalizan de ella como si fuera un objeto de horror; los herejes la destrozan y derriban como cosa despreciable. Pero –y esto lo digo con los ojos arrasados en lágrimas y el corazón traspasado de dolor– mis hijos, criados a mis pechos e instruidos en mi escuela, mis propios miembros, vivificados por mi Espíritu, me han abandonado y despreciado, haciéndose enemigos de mi cruz. ¿También vosotros queréis marcharos? (Jn. 6, 67). ¿También vosotros queréis abandonarme, huyendo de mi cruz, igual que los mundanos, que en esto son otros tantos anticristos? ¿Queréis –para conformaros a este siglo– despreciar la pobreza de mi cruz para correr tras las riquezas; esquivar los dolores de mi cruz para buscar los placeres; odiar las humillaciones de mi cruz para codiciar los honores? Tengo aparentemente muchos amigos que aseguran amarme, pero en el fondo me aborrecen, porque no aman mi cruz. Tengo muchos amigos de mi mesa y muy pocos de mi cruz”. 

(De la “Carta a los Amigos de la Cruz”, de San Luis María Grignión de Montfort) 

Comentario: 

Cuando uno descubre que puede salvar almas con el padecer, entonces se anima a emprender una penitencia más constante, sabiendo que cada sufrimiento, por pequeño que sea, tiene un valor redentor muy grande, porque unido a los méritos de Cristo, obtiene de Dios gracias escogidas para los seres queridos que amamos.

Está bien que hagamos apostolado, que prediquemos el Evangelio. Pero muchas veces nos encontraremos que esta misión no hace mella en las almas, que están como aturdidas por muchas cosas. Entonces es necesario abrir esas almas a la Palabra de Dios, a la gracia, y lo hacemos por medio del sufrimiento, ofreciendo sacrificios por ellas, inmolándonos por su salvación.

Y no es necesario hacer grandes penitencias, sino con sólo soportar con serenidad y coraje las contrariedades de la vida, ya tenemos bastante materia para ejercitar nuestra paciencia y fortaleza, y recibir un caudal enorme de gracias que podemos aplicar a quienes queremos salvar.

Oración y penitencia es lo que debemos hacer para salvar almas, porque Dios concede innumerables gracias a quien ora y se ofrece por los hermanos.

– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

– Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

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