Actualizado el lunes 28/NOV/22

Mensaje a los Apóstoles de la Inmaculada

Misión de la Virgen. 

La misión de María no es otra que la de salvar almas, y para realizar su misión Ella necesita de nuestra ayuda, porque si bien la Virgen es omnipotente por gracia de Dios, y no necesita nada de nosotros, como Dios tampoco necesita nada nuestro, igualmente Ellos quieren necesitar de nosotros para que seamos sus instrumentos en la salvación del mundo.

Por eso nosotros, los Apóstoles de la Inmaculada, tenemos la misión también de salvar almas, ya sea con la oración, con la penitencia, con el apostolado o con el ejemplo.

Así como Jesús ha dicho que nos ocupemos de lo suyo, que Él se ocupará de lo nuestro; también María nos dice amorosamente: “Hijitos míos, ocúpense de mi honra y de mis cosas, que mi Corazón Inmaculado se ocupará de ustedes y de sus cosas”.

Y ésta es una promesa que no tiene desperdicio, porque el que María se ocupe de nosotros y de todas nuestras cosas es como contratar un seguro contra todo riesgo, pues la Virgen todo lo obtiene de Dios, y a sus hijos preferidos los colma de tantos favores que parece que fuera imposible, si no se considera el amor casi adorador de María para con sus fieles hijos.

Las “cosas” de María son las almas. Por eso tenemos que trabajar por la salvación de las almas, con todo nuestro ser, gastándonos y desgastándonos en esta misión, que Ella se ocupará de lo nuestro, y entonces sí que veremos lo que son milagros.

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida!

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