Actualizado el viernes 2/ABR/21

Mensaje a los Apóstoles de la Inmaculada

Madre nuestra. 

María es la Madre de Dios, pero también es Madre nuestra. Por lo tanto tenemos a Dios como Hermano, y nuestra común Madre cuida de ambos, de Dios y de nosotros. Y nunca agradaremos tanto a María como cuando ensalzamos a Dios y trabajamos por su gloria. Entonces Ella misma nos obtiene de Dios las gracias y dones necesarios para nuestra salvación y santificación.

Como Apóstoles de la Inmaculada debemos tener un gran amor a nuestra Madre, porque Ella es Madre de nuestra alma, porque junto con su Hijo nos ha obtenido la gracia santificante que es la vida del alma.

Propaguemos la devoción a María, digámosle a los hombres que están tristes y desesperados, que no se espanten del dolor, porque tienen una Madre que los ama y que está en el Cielo y también al lado de cada uno de ellos, para consolarlos y alentarlos, para enjugar su llanto y calmar su angustia. Muchos no saben que tienen esta Madre, y nosotros, sus Apóstoles, tenemos que darla a conocer a los prójimos necesitados.

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida!

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