Actualizado el jueves 16/DIC/21

Mensaje a los Apóstoles de la Inmaculada

Inmaculada. 

Somos Apóstoles de la Inmaculada, es decir, de la que no tiene mancha de pecado y es Purísima. Entonces también nosotros debemos ser puros, muy puros, para ver las cosas de Dios con claridad y ser verdaderos apóstoles del Evangelio, no predicándonos a nosotros mismos ni la ciencia humana, sino la Verdad de Dios, que sólo comprenden los que son puros y castos.

La impureza, del tipo que sea, siempre nubla la razón y el pensamiento, y hace que la Sabiduría no arraigue en nosotros. En cambio si tratamos de guardar la pureza de pensamientos y de obras, la Sabiduría hará morada en nosotros y hablará a los hermanos a través nuestro.

Por eso aquí tenemos una clara señal para reconocer a una persona si es o no de Dios. Si guarda la pureza y sus obras son buenas, entonces viene de Dios. Si en cambio es lujurioso e impuro, Dios no hablará en ella y hay que huir de ella como de la peste.

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida!

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