Actualizado el jueves 8/SEP/22

Mensaje de confianza

Dios provee. 

Sin duda, habrá siempre en la tierra ricos y pobres. Mientras unos viven en la abundancia, otros deben trabajar y practicar una sabia economía. El Padre celestial, sin embargo, suministra a todos los medios para vivir con cierto bienestar, según la condición en que los colocó.

Volvamos a la comparación que emplea Jesús. Dios vistió al lirio espléndidamente, pero esta vestidura blanca y perfumada era reclamada por la naturaleza del lirio. Más modestamente fue tratada la violeta; Dios le dio, sin embargo, lo que convenía a su naturaleza particular. Y esas dos flores se abren encantadoramente al sol, sin que nada les falte.

Así hace Dios con los hombres. Colocó a unos en las clases más altas de la sociedad; puso a otros en condiciones menos brillantes; sin embargo, a unos y a otros da lo necesario para mantener dignamente su posición.

Contra esto se podría levantar una objeción aludiendo a la inestabilidad de las condiciones sociales. En la presente crisis, ¿no será más fácil decaer que elevarse o incluso mantenerse en el mismo nivel?

Sin duda. Pero la Providencia proporciona exactamente el auxilio a las necesidades de cada uno: para los grandes males envía los grandes remedios. Lo que las catástrofes económicas nos quitan podemos readquirirlo con nuestra industria o trabajo. En los casos menos frecuentes en que la propia actividad se ve del todo reducida a la imposibilidad, tenemos, entonces, el derecho de esperar una intervención excepcional de lo alto.

Generalmente, por lo menos así lo creo, Dios no hace decaídos. Él quiere, por el contrario, que progresemos, que crezcamos, que nos elevemos con sabiduría. Si a veces permite una decadencia de nivel social, no la quiere por una voluntad anterior a la acción de nuestro libre albedrío.

Lo más frecuente es que tal decadencia social provenga de faltas nuestras, personales o hereditarias. Es generalmente consecuencia natural de la pereza, de la prodigalidad, de diversas pasiones. Aun así el hombre decaído puede levantarse y, con el auxilio de la Providencia, reconquistar, por sus esfuerzos, la situación perdida. 

 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent)

Comentario: 

Dios no quiere nuestra ruina, ni ruina eterna ni tampoco ruina temporal y material. ¿Acaso en el libro de Job no vemos que Dios quiere el bien y que es el demonio el que causa desgracias materiales y espirituales?

Por eso debemos tener una gran confianza en Dios y en su Providencia, sabiendo que Él quiere lo mejor para nosotros. Si hemos caído en situaciones graves, posiblemente haya sido por negligencia nuestra o por acción del demonio, que nos ha puesto una prueba. Está en nosotros tratar de levantarnos de esa situación con nuestra propia industria y con los dones que nos ha dado el Creador. Y también es cierto que si estamos imposibilitados de recuperarnos, es entonces cuando debemos esperar con más confianza la intervención divina en favor nuestro.

¿Acaso no creemos que existen milagros? ¿Dios no ha demostrado infinidad de veces que socorre a sus criaturas incluso en lo material? En las vidas de los santos vemos cotidianamente estas intervenciones de lo alto.

Tenemos que hacer lo que dice el dicho popular: “A Dios orando y con el mazo dando”, porque tenemos que actuar y esforzarnos como si el resultado final dependiera exclusivamente de nosotros, pero confiando en que es Dios quien nos concederá el bienestar.

Se podría hablar tanto de este tema y no lo agotaríamos jamás. Porque es a veces nuestra pereza la que nos lleva a la ruina material, nuestra falta de tino en las transacciones, nuestra imprudencia, que se suele dar porque no estamos en gracia de Dios, y el alma cuando no está iluminada por la gracia divina, obra erróneamente y comete imprudencias.

Entonces lo que debemos hacer si estamos en una situación mala, es ponernos lo antes posible en gracia y amistad de Dios, mediante una sincera y completa confesión con un sacerdote, y desde allí partir hacia la conquista de los bienes perdidos, contando con que Dios nos auxiliará oportunamente.

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