Actualizado el martes 21/MAY/19

Mensaje de confianza

Es inquebrantable 

Las consideraciones precedentes habrán parecido, tal vez, demasiado abstractas. Sin embargo, era necesario que nos apoyásemos en ellas. De las mismas deduciremos las cualidades de la verdadera confianza.

La confianza, escribe el Padre Saint-Jure, es “firme, estable y constante en grado tan eminente, que nada en el mundo puede, no digo ya derrumbarla, sino perturbarla siquiera”.

Imaginen los extremos más angustiantes en el orden temporal, las dificultades más insuperables en el orden espiritual: no alterarán la paz del alma que confía. Catástrofes imprevistas podrán amontonar alrededor de ella las ruinas de su felicidad; esa alma, más dueña de sí que el sabio antiguo, continuará calma: “De pie, impasible en medio de ruinas”. (Horacio, oda 3 del libro III).

Se volverá sencillamente a Nuestro Señor: en Él se apoyará con certeza tanto mayor cuanto más privada se sienta de todo socorro humano. Rezará con ardor más vibrante y en las tinieblas de la probación continuará su camino, esperando en silencio la hora de Dios.

Una confianza así es poco frecuente, sin duda; pero si no alcanza ese mínimo de perfección, entonces, no merece el nombre de confianza. 

 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 

Comentario: 

Leyendo estas palabras y comparando con nuestra confianza, nos damos cuenta de ¡qué lejos estamos todavía de tener la confianza que nos pide el Señor y su Madre!

Si la confianza lo obtiene todo de Dios, y si quien más confía más obtiene, y quien confía sin medida, obtiene también sin medida; entonces nos damos cuenta que no hay negocio más rentable para nosotros y nuestros seres queridos, y para nuestros bienes espirituales y también materiales, que trabajar por obtener esta confianza.

A partir de hoy debemos dejar todo de lado y abocarnos a alcanzar esta confianza perfecta, porque con ella seremos todopoderosos, estaremos anclados en la seguridad, obtendremos todo de Dios y de la Virgen y les agradaremos, y seremos felices ya en este mundo.

Si nos proponemos comenzar a confiar cada vez más en Dios, entonces veremos lo que son milagros, porque a Dios no se le agotan los tesoros, y para los que confían en Él, tiene las más sorprendentes maravillas y riquezas increíbles.

Ya no pensemos en ser santos, no pensemos más que en confiar, porque el que confía lo tiene todo, porque tiene a Dios.

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