La bondad de Jesús.
Debemos desear que las almas conozcan la bondad de Jesús. Pero para esto necesitamos primero experimentar nosotros dicha bondad, y para ello tenemos que rezar mucho y hacer visitas a Jesús en la Eucaristía, pues es desde allí donde el Señor Jesús se manifiesta a las almas con todo su amor y bondad. Recibámoslo frecuentemente en la Comunión y leamos y meditemos su Evangelio, donde están las enseñanzas que nos dejó el Señor y que, cada vez que lo leamos, encontraremos nuevos sentidos y tesoros ocultos en su divina Palabra. Hagamos caso al Padre eterno que en la transfiguración de Jesús, les dice a los apóstoles: “Escúchenlo”; y también obedezcamos a María que en las bodas de Caná dice a los sirvientes: “Hagan todo lo que Él les diga”. Como dice la Escritura: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. Para ello debemos hacer nosotros mismos la experiencia, para poder darla a conocer a los demás.
Jesús, en Vos confío.
Difunda este Mensaje de Misericordia, ya que Jesús ha prometido que:
“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.
“Las almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.
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