(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el jueves 20/ENE/22

Mensaje de Misericordia

Vivir para las almas. 

Vivimos una sola vez. Y esto podría significar para un mundano que ya que vivimos una sola vez hay que gozar y aprovechar esta vida al máximo, divirtiéndonos y haciendo todo lo que se nos dé la gana.

Pero un cristiano sabe que esta vida que tenemos, que Dios nos ha concedido, es irrepetible y única, y que no habrá una segunda chance, y que lo que hacemos en esta vida queda grabado para siempre en los libros eternos, y que al final seremos juzgados por lo que figure en esos libros.

Entonces, ¿por qué no aprovechar esta vida para hacer lo único que realmente tiene importancia: salvar almas? Porque un alma que se condena es mayor mal que todos los males y calamidades ocurridas en todos los mundos creados, porque un alma que sufre en el infierno, para siempre, es algo que no entra en nuestra pobre cabecita, y que es el mayor mal.

Y nosotros dejamos que se nos pasen los días como si nada, derrochando y perdiendo el tiempo ante el televisor en frivolidades y “matando el tiempo”.

Es hora de que despertemos y empuñemos las armas de la oración y del apostolado, ya sea activo o pasivo, con la predicación, el ejemplo o la aceptación de las cosas de todos los días que, si se hacen con amor a Dios, valen mucho y salvan almas.

Aprovechemos la vida que tenemos. Esto solo lo podrá entender bien quien haya pasado por una experiencia en que estuvo a punto de perder la vida, y se dio cuenta de qué cosa es lo que realmente importa: servir a Dios, salvar las almas.

Es tiempo de ser héroes, que en medio de la tormenta actual, lleven un poco de luz, amor y misericordia a los hermanos que se encuentran en tinieblas.

Jesús, en Vos confío.


Difunda este Mensaje de Misericordia, ya que Jesús ha prometido que:

“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.

“Las almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.

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